¿Por qué los políticos califican de tendenciosos a los periodistas independientes?

Foto de JSC.jpgPor Jorge Santa Cruz (*)

Foto ilustrativa: Pixabay.

En la tradición política, los gobiernos en turno —sean neoliberales o socialistas— suelen presentarse como mártires de la crítica periodística. Les disgustan las informaciones de lo que hacen mal y, también, las opiniones críticas que evidencian sus acciones equivocadas.

Los gobernantes, sus voceros y sus seguidores incondicionales tienen siempre a la mano el calificativo de «tendencioso».

Pero, ¿cuándo se hace periodismo tendencioso y cuándo no?

Las funciones del periodismo

El periodismo tiene dos funciones muy claras: informar y formar opinión.

La información debe ser neutra. Cuando el periodista informa, lo tiene que hacer de manera veraz, apegado a los hechos, con pluralidad, sin involucrar opiniones y sentimientos.

La información deja de serlo para volverse propaganda (tendenciosa, por lo tanto) cuando distorsiona la realidad, cuando la sesga, para beneficiar a intereses particulares en agravio del interés común.

Esto ocurre cuando en la pretendida información se deslizan opiniones, adjetivos calificativos y sentimientos.

La opinión periodística es subjetiva

Al periodismo también le es permitida la opinión, pero diferenciada con toda claridad de la información. (Líneas arriba dijimos que cuando la opinión del periodista se disfraza de información se incurre en manipulación).

La opinión periodística implica un juicio de valor, por lo tanto es parcial, subjetiva.

El artículo periodístico será válido cuando esté sustentado en hechos, axiomas e inferencias lógicas; cuando el por qué del tema propuesto se demuestre absolutamente y se plantee —al menos— una posible solución.

Si la crítica está perfectamente sustentada nunca podrá ser calificada de tendenciosa. La opinión periodística lo será cuando falsee los datos, cuando la información no se pueda verificar, cuando la exposición de las ideas sea ilógica.

Periodismo trascendente

El Maestro Salvador Borrego E. (1915-2018) apunta en Periodismo trascendente que la función informativa es inmanente, inmediata, y tiene como fin expresar los cambios diarios que le ocurren a la sociedad. La otra función, es la trascendente, cuyo propósito es «explicar cómo existe y se desenvuelve esa sociedad e inducirle cómo debe desenvolverse en lo material y en lo moral».¹

El autor, quien fue director de 37 periódicos de la Organización Periodística García Valseca en el México de los 60 y 70, amplía su explicación:

La función inmanente, que es la inmediata, se desarrolla por medio de la noticia. Requiere más objetividad que subjetividad.

En cambio, la función trascendente, que es la mediata, se realiza por medio del carácter y de la doctrina. En consecuencia, es más subjetiva que objetiva. Sin carácter y sin trascendencia, la publicación periodística es simple vehículo de las más heterogéneas y contradictorias noticias, amorfo e inconsciente intermediario entre hechos ininteligibles y lectores desorientados.²

Y para no dejar duda, Borrego agrega:

En la función trascendente el periodismo es un órgano sensorial sociológico al servicio de la colectividad. En un órgano que penetra en la realidad actual, a través de las apariencias a veces desconcertantes y contradictorias, y que percibe el porvenir que las mayorías no pueden ver aún; es el tacto a distancia en el tiempo, que hace conscientes para la sociedad los peligros y las promesas que se perfilan en el futuro.

Cuando el periodismo no llega a ser trascendente, cosa que ocurre a menudo, se acoge forzosamente a normas políticas, a normas económicas o a normas egocéntricas. Todas ellas son prostituciones del periodismo. Cuando mucho, juzgadas benévolamente, son manifestaciones circunstanciales e incompletas del periodismo.³

Conclusión

Es necesario aceptar que el periodismo ha sido y es prostituido. Es una realidad que está fuera de toda duda. También, que los sobornos y los abultados contratos de publicidad (que debiera ser definida mejor como propaganda) silencian conciencias de periodistas y medios de comunicación.

Sin embargo, no es puede generalizar. Existen y existirán periodistas y medios comprometidos con la ética profesional y el bien común.

Así como duele reconocer que la corrupción del poder (sea formal, sea fáctico) se ha infiltrado como un virus en el periodismo, así debe afirmarse también que existen informadores, articulistas y medios de comunicación que mantienen una línea vertical, de independencia y de servicio.

Es a ellos, precisamente, a los que se acusa de «tendenciosos», puesto que cumplen con aquello de penetrar la realidad actual para hacer visibles a la sociedad las promesas y los peligros que se avizoran en el futuro.

A los malos gobiernos les incomoda sobremanera que sus objetivos sean exhibidos a plena luz del día, pues están acostumbrados a maniobrar desde las sombras, en especial, las de las sociedades secretas.

Lo grave es que los periodistas y los medios que exhiben a los corruptos e ineptos —en países como México— corren un peligro mortal…

Bibliografía

1. Salvador Borrego. Periodismo trascendente. (México, Editorial Jus [8a. edición]), 5.
2. Ibid.
3. Ibid.

(*) Periodista mexicano
Contacto: jlsc.ua@gmail.com

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