Por Jorge Santa Cruz (*)
Foto ilustrativa: página oficial de Andrés Manuel López Obrador.
En nuestra anterior colaboración, titulada Falso que el pueblo sea sabio; López Obrador generaliza, demostramos que la «sapiencia popular» carece del rigor del conocimiento filosófico y científico.
Ahora, demostraremos que el presidente socialista de México también recurre a la falacia cuando dice que «el pueblo es bueno».
El adjetivo «bueno» sólo se puede entender a partir de la noción ética de «bien». A fin de entrar en material diremos, primero, que el bien tiene cuatro grados o niveles, como lo explica Ricardo Sada F. en su Curso de ética general y aplicada:
- Bien ontológico: la realidad es buena en cuanto a que es. El ser es mejor que la nada.
- Bien técnico o útil: tiene que ver con la utilidad de algo para un fin restringido.
- Bien agradable o placentero: gusto o placer derivados de una acción determinada.
- Bien moral: consecuencia de las acciones libres que conducen al ser humano a la consecución de su fin último, es decir, a su verdadera y absoluta felicidad. (1)
Cuando López Obrador dice que «el pueblo es bueno» da una verdad a medias. Sí, es bueno desde el punto de vista ontológico, porque existe. (La ontología es la parte de la filosofía que se encarga del estudio del ser; «no de éste o aquel ser concreto y determinado, sino del ser en general, del ser en la más vasta y amplia acepción de esta palabra»). (2)
Empero, la verdadera bondad, la bondad moral, es la que resulta de las acciones libres del ser humano que lo encaminan a su plenitud.
El mal
El «mal», en cambio, es «la privación de un bien debido», «la ausencia de algo que se debería poseer». (3)
El mal, por ende, es la ausencia de bien.
El bien ontológico no tienen un contrario. No existe un mal ontológico, porque lo que es, por el hecho de serlo, tiene este nivel básico de bondad.
Lo contrario al verdadero bien, es decir, al bien moral, es el mal moral, entendido éste como «la cualidad inherente a la libre decisión del individuo contraria a la perfección de su naturaleza en orden al fin último». (4)
El fin último del ser humano es el reencuentro con el único y verdadero Dios, para lo cual debe respetar y obedecer los designios eternos del Autor del orden natural.
La trampa
El mal moral se puede servir de bienes técnicos o útiles y de bienes agradables o placenteros para alejar a la persona de su perfección.
Un cirujano que realiza una operación perfecta de vesícula reporta un bien técnico y útil verificable; pero si esa intervención quirúrgica es innecesaria y la lleva a cabo con el único propósito de ganar dinero pierde su bondad moral.
Despenalizar el aborto será un bien técnico o útil para López Obrador y su gobierno, porque dará al régimen la aprobación de la comunidad feminista; sin embargo, privará de la vida a millones de inocentes que tienen el derecho a existir.
Por otro lado, López Obrador utiliza el halago como un bien agradable o placentero para manipular a las masas, ocultándoles sus verdaderos propósitos de control y dominio (mediante la lucha de clases, la dictadura de género, el control de la natalidad, la disolución de la familia natural, la despenalización del consumo de drogas y el retiro del dinero en efectivo, entre otras políticas igualmente perniciosas).
El principio de identidad enseña que un concepto sólo es igual a sí mismo. El bien es sólo es igual al bien; la mentira, por lo tanto, únicamente es igual a ella misma.
El pueblo en su conjunto desarrolla acciones buenas, pero, también, malas. En conclusión, no es bueno en términos absolutos. ¿Podrá probar lo contrario el gobierno de López Obrador? No.
Lo que sí se acaba de probar es que el nuevo régimen es mentiroso y que basa su discurso manipulador en las generalizaciones.
(*) Periodista mexicano. Contacto: jlsc.ua@gmail.com
Bibliografía y referencias electrónicas
- Ricardo Sada F. Curso de ética general y aplicada. (México: MiNos, 2008), 19.
- Manuel García Morente. Lecciones preliminares de filosofía. (México: Editorial Época, sin fecha), 50.
- Ricardo Sada F. Curso de ética general y aplicada. (México: MiNos, 2008), 20.
- Ibid.
