Felicitar a los buenos abogados, pero no a todos

Mario Rosales BetancourtPor Mario Rosales Betancourt (*)

Foto ilustrativa: Pixabay.

Hoy, felicito a todos los que cumplen su protesta de «tomar como norma suprema de conducta la justicia y la moral»; que con sus conocimientos y lealtad, hacen real a sus clientes el derecho a una debida defensa; a quienes con su trabajo en empresas privadas o en instituciones publicas, hacen y logran que se cumpla con las leyes; a quienes formamos futuros abogados integralmente, o sea en el conocimiento y la técnica jurídica, pero también en la ética profesional; a quienes con su ardua labor en los poderes públicos, en los despachos privado, en las agrupaciones sociales o en la sociedad en general, luchan porque exista un verdadero estado de derecho. En síntesis, recordando a Couture, a quienes hacen de nuestra profesión, la más bella de las artes y no el más vil de los oficios.

No hay que festejar a todos los abogados

Hoy que vemos que un prominente abogado como Juan Collado está en la cárcel, que hay un gobierno que repite en las palabras nada fuera o por encima de la ley, pero en la práctica pierde juicios por apartarse de ella. Donde la maldición «entre ahogados te veas» se hace más terrible y constante. Cuando vemos actos claramente ilegales, como el del congreso de Baja California, que aumentó de 2 a 5 años el periodo del gobernador. Que la impunidad continúa siendo la regla y la sanción establecida en la ley, la excepción. Que en los órganos de administración y procuración de justicia no se logra erradicar la corrupción… Pues definitivamente no hay que festejar a todos los abogados.

(*) Abogado, profesor universitario (con 44 años de trayectoria en la UNAM) y periodista.

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