Por Juan José Agustín Reyes Rodríguez (*)
Foto ilustrativa: Pixabay.
Norman E. Borlaug se ha considerado como el padre de la Revolución Verde o la agricultura moderna, Premio Nobel de la Paz (1970), forestal de profesión y especializado en Fitopatología y Genética; trabajó en el Valle del Yaqui de Sonora a mediados de la década de los 40´s trabajando en trigo y control de sus royas. Con la participación de agrónomos mexicanos como José Rodríguez Vallejo, Benjamín Ortega Cantero, Roberto Osoyo Alcalá y otros distinguidos agrónomos desarrollaron las primeras variedades de trigo resistentes a la roya, variedades enanas de trigo de alto rendimiento, amplia adaptación, resistentes a enfermedades y con alta calidad industrial; fueron sembradas por primera vez en 1962, con lo que México logró incrementar notablemente su producción (https://es.m.wikipedia.org Norman E. Borlaug).
Este fue el inicio de colaboraciones que se vinieron dando entre el gobierno de México, a través de la Secretaría de Agricultura y Ganadería y la Fundación Rockefeller, con las que se derivaron la creación del Plan Chapingo, que introdujo construcciones modernas en la entonces Escuela Nacional de Agricultura, desarrollo del Programa de Extensión Agrícola y la creación del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT) en el antiguo Rancho el Batán, en Texcoco, México, entre otro supuestos logros. Con las variedades obtenidas de trigo en México, se beneficiaron países como la India, Pakistán, Turquía, Túnez, España, Argentina y China. Es decir se consideró como una verdadera revolución en la forma de producir trigo y posteriormente otras especies como el maíz.
Hubo un gran desarrollo de los distritos de riego, principalmente en el Noroeste de México, con la construcción de grandes presas y el desarrollo de la agricultura “química” con el uso masivo y en ocasiones abusivo, de fertilizante y biocidas de todo tipo, que en muchos casos han sido prohibidos en Estados Unidos, pero nos los venden en México donde las leyes y regulaciones son muy laxas. El más comercial es el glifosato, componente principal en el RoundUp de Monsanto, ahora fusionado con Bayer, que también tiene control de semillas de cultivos básicos.

En la comercialización de esos biocidas (plaguicidas, fungicidas, herbicidas) sin regulaciones efectivas o prácticamente sin regulaciones sanitarias y de salud humana, animal y vegetal, han provocado la esterilidad de los suelos y daños a los propios campesinos, como cáncer, daños hepáticos, pulmonares y de la piel.
El Dr. Sebastián Pinheiro, (comunicación personal) señala que en el Valle del Yaqui los suelos están prácticamente estériles, ya que el uso de tantos biocidas y fertilizante químico han reducido o eliminado la vida bacteriana y orgánica de los suelos. Esas tierras se han hecho «adictivas» al sulfato de amonio, nitrógeno, fósforo y potasio. Si a ello se agregan las condicionantes de usar solamente semillas híbridas que deben comprarse con los distribuidores autorizados o no tienen derecho al agua.
Ha sido muy cuestionado el uso de semillas hibridas principalmente, así como otras especies transgénicas como la soya y algodón que se están utilizando, con el monopolio de algunas empresas comercializadoras que venden la semilla, el fertilizante y los biocidas desarrollados específicamente para que respondan a esas semillas hibridas. Por otro lado hay la pérdida de semillas nativas de maíz y otras especies.
“Se han perdido las semillas campesinas propias y esto significa perder o poner en manos de las empresas extranjeras la riqueza genética de nuestras especies agrícolas” (Sebastián Pinheiro).
Por muchos años ha habido voces que se han manifestado en contra de estas prácticas monopólicas, respaldada por los gobiernos neoliberales, como una red de corrupción o por lo menos de complicidad.
En días pasados hubo un manifiesto al presidente López Obrador para que intervenga en la restitución del Representante de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en México, Dr. Crispín Moreira, que fue trasladado a Jamaica. El manifiesto lo firman ecologistas, científicos, académicos y organizaciones rurales. De acuerdo con el mismo manifiesto señala que el gobierno de México, a través de un alto funcionario, solicitó al director saliente de la FAO que relevaran al Dr. Moreira, lo cual hizo antes de su salida el 30 de julio.
El fondo del asunto es que, de acuerdo al mismo manifiesto, el Dr. Moreira ha desarrollado una intensa labor con la sociedad para que México transite hacia una agricultura ecológica, libre de químicos e influenciada por intereses ajenos a la agroecología, en consonancia con la Agenda 2030.
En el mismo tenor, 81 científicos, académicos, representantes de campesinos, ecologistas y 12 organizaciones rurales solicitan mediante un comunicado, al nuevo Director General de la FAO, Dr. Qu Dongyu que ratifique como Representante de esa organización en México al Dr. Crispim Moreira.

Ha habido voces en sentido opuesto, que mencionan que ya era urgente que se cambiara a este representante por otro más adecuado a las nuevas condiciones.
Por lo que se puede estimar que sigue una gran lucha soterrada, con presiones de empresas comercializadoras de los biocidas, al gobierno de López Obrador para que no aplique las resoluciones adoptadas por la FAO en su 41 periodo de sesiones celebrado del 22 al 29 de junio de este año. Ahí se trataron asuntos de la Alimentación y la Agricultura; informes de las diferentes regiones; informes de los Comités Técnicos sobre Agricultura, problemas de Productos Básicos, de Pesca y Forestal; Seguridad Alimentaria Mundial; cuestiones de Género; Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y su Agenda para el 2030; Nutrición; Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura, Programa Nacional de Alimentos; y las Declaratorias de los Años Internacionales del Centeno, Mijo, Conciencia sobre la Pérdida y Desperdicio Mundial de Alimentos y el año del Té.
En cuanto a los avances logrados a nivel mundial para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se presentaron los informes sobre el tema (https://www.fao.org./3/my734es/my734es.pdf); en su numeral 5 señala con toda amplitud: “Si bien la comunidad internacional sigue realizando progresos en algunas esferas clave de los ODS, en términos generales, el ritmo y el nivel de consecución no son suficientes para cumplir la Agenda 2030. Se requiere una acción acelerada a fin que los sectores alimentario y agrícola puedan satisfacer las necesidades alimentarias de una población mundial cada vez mayor, y para salvaguardar la biodiversidad y la base de los recursos naturales de las que dependen los sistemas alimentarios y agrícolas inclusivos, sostenibles y resilientes”.
Salvaguardar la Biodiversidad y la base de los recursos naturales tiene un significado relevante en cuanto apoyar una política para mejorar la agricultura y la alimentación, así como prohibir de inmediato el uso de los biocidas que siguen esterilizando el suelo y provocando enfermedades en la humanidad, contaminando suelos, ríos y aire.
El Gobierno de México tiene un reto y una oportunidad para cumplir con estos compromisos con la FAO, pero sobre todo con la población, principalmente rural, para lograr un verdadero desarrollo y no solamente un crecimiento económico a costa de nuestros recursos naturales.
(*) Ingeniero Agrónomo Especialista en Bosques, por la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, Texcoco, Estado de México (hoy Universidad Autónoma de Chapingo); Maestro en Ciencias y candidato a Doctor en Recursos Naturales por The University of Michigan, en Ann Arbor, Michigan; Consultor en Recursos Naturales, Ambiente y Desarrollo.
