
Por Jorge Santa Cruz (*)
En la imagen ilustrativa aparecen el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su esposa Melania. Detrás de ellos, su yerno y asesor, Jared Kushner y su hija, Ivanka Trump. (Foto: Flickr | Shealah Craighead/La Casa Blanca).
En política, nada es casual. Todo tiene una causa.
Esto aplica a la «sana distancia» que toma el presidente López Obrador con respecto a los anárquicos, globalistas y estridentes personajes de Morena. Esa lejanía tiene una causa: la presión de Washington.
Demos casos concretos:
1. Porfirio Muñoz Ledo, como presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, criticó la militarización de la política migratoria de López Obrador. Hoy, es un diputado más de la bancada de Morena. Desde Palacio Nacional llegó la orden de que renunciara a la reelección.
2. Tonatiuh Guillén López, el operador de la globalista Olga Sánchez Cordero en el Instituto Nacional de Migración, está fuera. Su política de libre tránsito de migrantes —tan desagradable para Trump— le costó el puesto.
3. Martí Batres Guadarrama, impulsor de la migración abierta y de la agenda LBGTTTQ, tampoco se pudo reelegir como presidente de la mesa directiva del Senado de la República. Le pasó lo mismo que a Muñoz Ledo. Desde arriba le dieron el portazo..
4. John Ackerman, becario de Soros, promotor de la agitación radical dentro de la UNAM, se quedó con las ganas de reemplazar a Enrique Graue Wiechers como rector de la máxima casa de estudios del país.
5. Carlos Ímaz, el señor de las ligas, fue exhibido por los paristas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM como uno de los catedráticos corruptos de la FCPyS.
6. Claudia Sheinbaum Pardo, ex esposa de Carlos Ímaz, hoy jefa de gobierno de la Ciudad de México, dijo en un primer momento que el asesinato de dos mafiosos israelíes había sido un asunto pasional, pero el gobierno de Israel se encargó de desmentirla de manera inmediata. Detrás del doble crimen está el Cártel Jalisco Nueva Generación. ¡Ups! (Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, la puso en su lista negra por tratar de proteger la imagen de su archirrival, George Soros).
7. Citlali Ibáñez Camacho, ahora conocida como Yeidckol Polenvsky, perderá la dirección nacional de Morena por sus vínculos con Sheinbaum, Batres, Ackerman, etc. Su ideología radical tampoco gusta a Trump y a su yerno, Jared Kushner.
Como los anteriores, hay más casos.
Trump y Kushner tienen controlado a López Obrador con el tema de los aranceles. No en balde, la Casa Blanca anunció hace unos días que gravará cierto tipo de acero estructurado exportado por México.
Ante el abierto rechazo de la Casa Blanca a los morenistas delirantes, el presidente López Obrador, de origen tabasqueño, los está relegando —al menos de momento— y se está refugiando en el Grupo Tabasco.
El gobernador de esta entidad, Adán Augusto López Hernández, es —junto con la secretaria de Energía, Rocío Nahle— el principal promotor de la construcción de la refinería de Dos Bocas, obra emblemática del presente gobierno.
Por eso, López Hernández «destapó» al actual coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado, como aspirante a presidente nacional de Morena, es decir, como el reemplazo de Yeidckol Polevnsky. (Delgado es muy cercano al canciller Marcelo Ebrard, quien dice haber reducido en 56% el flujo migratorio hacia EE.UU.).
Por eso, la reconciliación de López Obrador con el magnate Carlos Slim. Y por eso, el hijo del dueño de Grupo Carso, Carlos Slim Domit, en su carácter de presidente del consejo de administración de América Móvil, anunció este 6 de septiembre que seguirá invirtiendo en el rubro de las telecomunicaciones.
En política nada es casual. Del olimpo de Washington le ordenan a López Obrador que se corra al centro del espectro político y, por el momento, no le queda más remedio que obedecer.
(*) Periodista mexicano
