
Por Jorge Santa Cruz
Imagen ilustrativa: Senado de la República.
El «gran tlatoani» ordenó el sacrificio. Nadie tiene derecho a discrepar de su política de muerte. Aunque sea mujer. Bastó con que la acusada rechazara el aborto, para exhibirla y sacrificarla políticamente por «traición».
Con la senadora Lilly Téllez no tuvo peso alguno la igualdad de género. Cometió el «sacrilegio» de oponerse al peor de los crímenes y pagó el precio.
En marzo del año que está por terminar, en el programa de radio que conduce Ciro Gómez Leyva, Téllez anunció su intención de proponer una iniciativa para proteger la vida humana desde el momento de la concepción:
Estoy pensando en presentar una reforma constitucional para que el Estado proteja a todo individuo desde la concepción. Si se cambia la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ciudad de México tendría que modificar su Constitución. Qué interesante sería que por primera vez se influenciara a la CDMX y tuvieran que cambiar por las ideas, las creencias y las decisiones de 31 estados del país.¹
El mensaje de la senadora Téllez disgustó tanto en Palacio Nacional, cuanto en el Gobierno de la Ciudad de México.
El «gran tlatoani» y la sacerdotisa que le asiste montaron en cólera. Cómo era posible que la ex conductora de televisión calificara de criminal a la mujer que aborta. Ambos la señalaron con dedo flamígero y rasgaron sus vestiduras. El ritual comenzó a prepararse.
La situación llegó al colmo cuando el Congreso del Estado de Hidalgo rechazó legalizar el aborto antes de las 12 semanas. Lo hizo el mismísimo 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, de la Morenita del Tepeyac. De los 15 votos en contra del aborto, 10 fueron de diputados locales de Morena.
En la zona del templo mayor mexica se ordenó, entonces, la represalia contra Téllez y contra los 10 legisladores locales de Morena que osaron defender la vida. (Los otros siete que se alinearon con el sumo sacerdote «están tan frescos como una lechuga»).
Aquí, en lo que fue la gran Tenochtitlan, la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena, envió este lunes la orden de separar a Lilly Téllez de la bancada senatorial. El sacrificio fue dirigido por Héctor Díaz Polanco, muy cercano a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.
Se disipó así el riesgo de que la política abortista del gobierno de la CDMX tenga que cambiar por las «ideas», las «creencias» y las «decisiones» de los 31 estados de la República.
En Pachuca, operaron los «tlatoanis» locales, encabezados por Andrés Caballero Cerón, presidente de Morena en el estado de Hidalgo.
La solicitud de expulsión de los 10 diputados antiabortistas se fundamentó en que «traicionaron el derecho de las mujeres a disponer sobre su cuerpo» y en que quisieron «chantajear» a los otro siete compañeros de grupo parlamentario.²
Son señales de los tiempos. Huitzilopochtli —colibrí azul de izquierda— tiene una sed desbordada de venganza.
Referencias electrónicas
1. Karla Rodríguez. «Interrumpir embarazo es asesinato: Lilly Téllez». El Universal. (Publicado el 9 de marzo de 2019). Consultado en https://www.eluniversal.com.mx/nacion/interrumpir-embarazo-es-asesinato-lilly-tellez
2. Juan Ricardo Montoya. «Morena Hidalgo pide expulsar a 10 diputados que votaron contra el aborto.» La Jornada. (Publicado el 16 de diciembre de 2019). Consultado en https://jornadabc.mx/tijuana/16-12-2019/morena-hidalgo-pide-expulsar-10-diputados-que-votaron-contra-el-aborto
