Empatía con las mujeres

Mario Rosales BetancourtPor Mario Rosales Betancourt (*)

Foto ilustrativa: Pixabay

Siempre hemos querido ver a los mujeres; pero solo ahora las estamos mirando. Veíamos lo que nos atrae, pero estábamos ciegos a lo que son, a lo que realmente valen, a lo que padecen en un mundo por mucho tiempo patriarcal, pero que ahora entra en crisis.

De niño escuchaba y cantaba canciones como Frenesí, con esta  letra “Quiero que vivas solo para mí, y que tú vayas por donde yo voy, para que tu alma sea lo más de mi, bésame con frenesí…”.

En la doctrina me enseñaban que la culpable de que expulsaran a Adan del paraíso fue Eva, y que el castigo bíblico a la mujer por comer el fruto prohibido era que el varón la tenia que dominar; el peor insulto que podíamos sufrir, es que nos dijeran “niña”.

Cierto, también me enseñaron, con terribles amenazas de castigo, que a una mujer no se le tocaba ni con el pétalo de una rosa, que no podíamos sentarnos en la mesa hasta que todas las mujeres lo hicieran, que teníamos que tolerar el que tardaran en arreglarse, que les teníamos que dar la parte de adentro de la acera, que sólo los hombres podíamos pagar cuentas y gastos.

El sistema patriarcal nos viene desde nuestras herencias culturales, judeo- cristiana y grecolatinas, y perduró hasta el siglo XX. Así, en nuestro país, hace 70 años las mujeres aún no podían votar, ni ser electas. Para dedicarse al comercio, las mujeres casadas legalmente tenían que pedir permiso al marido. Sólo hasta 1975 se estableció constitucionalmente la igual de derechos entre el hombre y la mujer.

Pero por ignorancia, costumbre, incluso cierto confort, las mujeres aceptaban generalmente el papel de “reinas del hogar”, que en realidad era el de siervas del marido, ya que generalmente no trabajaban fuera de su domicilio, para eso tenían marido que las mantuvieran; por ello su preocupación y preparación, era para conseguir “un buen partido”, dentro de los límites de su condición social. Pero en mundo cambio…

Cuando yo estudiaba la licenciatura en derecho, en un grupo de 60, éramos 58 hombres y sólo dos mujeres. Ahora como profesor en un grupos de 60, tengo 42 mujeres y sólo 18 hombres.

Cuando empecé a trabajar , las mujeres era sólo para la extinta función de taquimecanógrafas, ni a nivel obrero, ni mucho menos a nivel de técnicos, profesionales o mandos medios o superiores había generalmente mujeres. Así, mientras sólo sufrían una explotación, la del marido y los trabajos domésticos, la abnegación de la mujer, que tanto se alababa en la epístola de Melchor Ocampo, que se usaba para los matrimonios civiles, era una práctica.

La situación se complicó cuando las mujeres fueron sometidas a una doble explotación. Ya no era la época en que mi padre, con su salario, nos podía mantener bien, a mi madre y a sus cuatro hijos. Ya las mujeres, por razones socioeconómicas, tuvieron que trabajar y someterse a la doble explotación, tuvieron que incrementar su escolaridad antes sólo generalmente básica -en el mejor de los casos- y las que llegaban a estudios superiores, dejaron de estudiar sólo filosofía o historia del arte, y, por ejemplo, entraron a medicina, derecho, o aun ingeniería o química.  Entraron a realizar actividades vedadas en un mundo que antes les prohibía incluso entrar a las cantinas. Ahora hay futbolistas, luchadoras, toreras, altas ejecutivas, políticas, etc.

Aprendimos a usar un par de nuevas palabras: empoderamiento y empatía; hoy las mujeres se han empoderado y nos exigen empatía. Sus exigencias son legítimas, toda forma de violencia de género, de discriminación contra la mujer, de faltas de respeto y de protección a su dignidad, son inaceptables.

Su liberación también es la liberación del hombre. Al romperse las cadenas, ambos géneros quedamos libres. No es fácil romper con ideologías falsas, abdicar a privilegios machistas, destrozar prejuicios, paradigmas y tabúes, muchos ancestrales, pero es la lucha de nuestro tiempo.  Y tenemos que dejar que las mujeres ganen y logren la victoria en estas luchas. Al final, el género humano será mejor.

(*) Abogado, periodista y profesor universitario

Un comentario sobre “Empatía con las mujeres

  1. Vaya artículo tan más sesgado y completamente alejado de lo que es la realidad. Ya cuando empiezo a leer «violencia de género», «privilegios machistas», «patriarcado», «discriminación», etc… me voy tapando la nariz para no oler la peste demoliberal acompañada de su paranoia y sus sofismas. Las emociones del autor de este artículo no significan absolutamente nada en el espectro de la verdad y la realidad objetivas.

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