Fidel Castro: Mentir para triunfar

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Eros Raph

Por Eros Raph (*)

Imagen ilustrativa: Pinterest

La Revolución Cubana es un hecho de relevancia desde el punto de vista histórico. Para los «soñadores» de la izquierda, utópicos de buena fe y radicales que creen que la revuelta es una opción para resolver la desigualdad social, lo es más. Dos personajes vienen inmediatamente a la mente con dicha revolución: Fidel Alejandro Castro Ruz y Ernesto Che Guevara. Dichos individuos comparten el altar mayor de los templos construidos en las mentes confundidas de miles de fieles seguidores.

Centrémonos en Fidel Castro. El «camarada Fidel», en el año de 1959 triunfó su revolución, derrocando al entonces dictador Fulgencio Batista, la victoria castrista quedó sellada con la andanada de balas y mentiras que se dispararon al más puro estilo demagógico comunista. Quedan para la historia, algunas de las grandes mentiras vertidas por este personaje marxista:

1. «Tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano superior al de Estados Unidos y del de Rusia»: Fidel Castro (16 de febrero de 1959).

2. «Yo no estoy interesado en el poder, no lo ambiciono… Restableceremos todos los derechos y libertades, incluyendo la absoluta libertad de prensa». (Santiago de Cuba, 3 de enero de 1959).

3. «Habrá libertad para los que hablan a favor nuestro y para los que hablan en contra nuestro y nos critican». (1.° de enero de 1959 en Santiago de Cuba).

4. «Nosotros tenemos un país libre. No tenemos censura y el pueblo puede reunirse libremente. Nunca vamos a usar la fuerza y el día que el pueblo no me quiera, me iré». (La Habana, 9 de enero de 1959).

5. «Cuando se suprime un derecho se termina por suprimir todos los demás derechos, desoyendo la democracia. Las ideas se defienden con razones, no con armas. Soy un amante de la democracia». (Declaraciones a la prensa, La Habana, enero 7, 1959).

6. «Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas. Yo no soy Comunista ni tampoco el movimiento, pero no tenemos que decir que somos anti-comunistas por agradar al extranjero». (Declaraciones de prensa, La Habana, enero 13, 1959).

7. «Respecto al Comunismo, solo puedo decirles una cosa, NO SOY COMUNISTA, ni los comunistas tienen fuerza para ser factor determinante en mi país». (Discurso en la Sociedad Norteamericana de Editores de Periódicos de Washington, abril 17, 1959).

8. «Esta revolución no es comunista sino humanista». (Discurso ante la prensa, Washington, abril 17, 1959). (1)

Es de señalar que la promesa castrista de elevar estándar de vida de los cubanos, jamás se cumplió. Según el economista Carmelo Mesa Lago, Cuba recibió la más importante ayuda de la Unión Soviética: US $65 millones en 30 años. Tras la desaparición de la URSS, Cuba, como economía dependiente, tuvo un retroceso en su PIB de 35%. (2)

Castro declaró que no le interesaba el poder, pero su permanencia en el mismo, fue hasta el año de 2008 cuando lo dejó en manos de su hermano Raúl. Lo detento durante 49 años. El partido comunista de Cuba es el único legalmente aceptado. (3)

Cuba tuvo un cierto desarrollo de prensa y libertad de expresión; esto se acabó con la llegada al poder de parte de Castro. La revista Bohemia fue la más popular en la isla y apoyó la revolución castrista. El 26 de julio de 1958 publicó el “Manifiesto de la Sierra”. Miguel Ángel Quevedo, director de la revista citada, antes seguidor de la revolución, después arrepentido y exiliado en Venezuela, tuvo un desenlace fatal: se suicido en 1969, preso de los sentimientos de culpabilidad por haber apoyado a Castro. Antes de matarse, Quevedo escribió una carta de despedida para su mejor amigo:

Sr. Ernesto Montaner

Miami, Florida

Caracas, 12 de agosto de 1969

Querido Ernesto:

Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado — ¡al fin! — sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965.

Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como «el único culpable» de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera «el único culpable». Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gansteril en la Universidad de La Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía (la cual sacó a Castro de la prisión tras el ataque al Cuartel Moncada). Los comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.

Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó «los veinte mil muertos». Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotanas rojas que mandaban a los jóvenes para la Sierra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las fuerzas armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

Y fue culpable el State Department, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

Fueron culpables el Gobierno y su oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.

Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que como Bohemia, les hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más «virtuosos» y los más «honrados» eran los pobres.

Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa «Izquierda Democrática» que tan poco tiene de «democrática» y tanto de «izquierda». Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de Mao Tse Tung.

Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que puedan aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Núñez de Arce cuando dijo:

«Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano».

Adiós. Éste es mi último adiós. Y dile a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.

Miguel Ángel Quevedo (4)

Referencias electrónicas

1 https://bc.marfeel.com/maduradas.com/un-farsante-dictador-las-20-mentiras-mas-polemicas-de-fidel-castro-al-pueblo-cubano/?marfeeltn=amp

2 https://elcomercio.pe/economia/mundo/cuba-cumple-60-anos-revolucion-comunista-tasa-pobreza-90-economia-cubana-fidel-castro-noticia-592934-noticia/

3 https://www.diariolasamericas.com/opinion/cuba-ni-constitucion-ni-nueva-sencillamente-un-rancio-reglamento-comunista-n4169571

4 https://americanuestra.com/carta-de-despedida-de-miguel-angel-quevedo/amp/

(*) Analista mexicano

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