No existirá una nueva normalidad, sino una nueva realidad

Mario Rosales BetancourtPor Mario Rosales Betancourt (*)

Imagen ilustrativa: Pixabay

Normal es lo que está de acuerdo con una norma, o sea, a una regla de conducta. Es lo que se ajusta a una norma —que puede ser una costumbre—, es decir, algo que es habitual o común, y aceptado por el derecho, la moral o la sociedad. Lo normal, es algo propio del deber ser.

En cambio, son fenómenos del ser hechos como la pandemia del coronavirus; y también son hechos reales los que provoca en la salud, la economía, etc. Por eso es incorrecto hablar de regresar a una nueva normalidad, ya que a lo que poco a poco regresaremos será a una nueva realidad, la cual ciertamente exigirá la aparición de nuevas normas jurídicas, morales y sociales. Esto sí serían las nuevas reglas, o sea, la nueva normativa o normalidad, que tendríamos que crear a partir de la nueva realidad que inevitablemente viviremos.

Así, mucho de lo que hoy es normal debemos preservarlo y defenderlo, como todo lo que es ética y jurídicamente muy valioso y resultado del progreso humano, como por ejemplo los derechos humanos, en donde no se debe de retroceder, sino sólo avanzar. Y, por el contrario, las prácticas negativas, pero aceptadas y generalizadas —como el abuso, la corrupción, la falta de solidaridad— deben erradicarse, porque si bien son comunes, es decir, normales, obstaculizarán y frenarán, la reconstrucción del mundo y del país.

Hay motivos, principalmente socio-económicos, para desear el fin del confinamiento, pero el valor primordial es la vida y la salud; en lo anunciado sólo se nota que lo que sigue prevaleciendo es la incertidumbre, y sólo en algo tenemos certeza: que ni el mundo, ni nosotros, seremos los de antes.

Los viejos y enfermos, si sobrevivimos, sólo seremos más conscientes de nuestra vulnerabilidad. Los jóvenes verán que sus sueños se vuelven más inalcanzables. Muchos perderán el negocio que habían forjado con muchos años de esfuerzo; otros, el trabajo que les permitía vivir honestamente. Unos más, la vida o la vida de un ser querido. Habrá quienes pierdan su estabilidad emocional —por ejemplo- muchos matrimonios se disolverán—. En general nos tocó el «todos pierden», aunque sabemos que no todos vamos a perder igual.

No regresaremos a una nueva normalidad, sino habrá que evaluar qué normas tenemos que mantener, cuáles cambiar y qué otras erradicar por completo.

Será necesario superar la actitud del «sálvese quien pueda», romper con el egoísmo de los que con tal de no perder unos pesos, son capaces de arriesgar vidas; de igual manera, el divisionismo de los políticos que pelean por el timón sin importarles que se hunda el barco.

Ni el capitalismo salvaje, que hace y arriesga todo por obtener ganancias para pocos; ni los que predican la lucha de clases y los sistemas totalitarios, ni los que sólo manipulan al pueblo por medio de esperanza que logran con engaños, serán la solución.

La nueva normalidad implica nuevas reglas democráticas y solidarias, que permitan una reconstrucción de un nuevo mundo, y para nosotros de un nuevo México.

(*) Abogado, periodista y profesor universitario

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