Eres «luz ignota», el «incendio de todas las memorias»
Imagen ilustrativa: Geralt | Pixabay
Dedicamos estas líneas por completo a una niña que no llegó a nacer. Estuvo, quizás, a unas pocas horas de lograrlo, pero un desafortunado accidente en sus ansias de venir al mundo lo impidió. La tradición nos habla de poemas a los neonatos, a quienes en la modernidad se les conoce como «Bebes Estrella»
Tenemos, pues, qué llamar «estrella» a los bebés que no llegan a nacer; es una manera bella y llena de empatía, que viene a decir que esos bebés —aunque no llegaran a ver la luz— sí tuvieron vida dentro de sus mamás , y todo lo que esto ello conlleva: ilusión, esperanza y el amor más grande que existe desde que sabes que vais a ser uno más en la familia.
«Un bebé estrella es aquel que muere durante la etapa gestacional, o bien, poco tiempo después de nacer. Se le llama de esta forma porque son seres que estarán siempre presentes en la vida de sus padres, como las estrellas, que aunque en ocasiones no logran percibirse claramente en el cielo, siempre están en su mente». Fieles a nuestro estilo hemos invocado a los poetas al mas puro estilo de José Antonio: «A los pueblos no los han movido nunca mas que los poetas». Presentamos dos poemas hechos para una Bebé Estrella.
La primera es del Camarada René Téllez Lendech
Luz ignota
Los ángeles díscolos y enamorados
de tan hermosa y prístina criatura
impidieron que sus plantas pisaran
el suelo corrupto y envilecido de la tierra
mancillado por la usura de los hombres,
pues solo las edénicas y fértiles llanuras
tienen la pureza para ser holladas
por tan bellos y diminutos pies alados
que ahora corren en la tierna compañía
de dulces ovejas y de dóciles leones,
a la vez que en derredor se escucha
el discurrir del río que fluye a borbotones
y el trino armonioso de los pájaros.
Y ella, ya cansada de tan lúdicos denuedos,
con un dejo de nostalgia y de tristeza,
dirige a sus acongojados padres
un pensamiento que cruza todo el orbe,
el cual es bálsamo de paz y de consuelo
que relumbra con su desbordante luz
en los ámbitos áureos y celestes,
mientras ella, exultante de alegría,
voltea su límpido rostro bendecido
para tomar radiante la mano de Jesús.
El segundo poema es de Flavio Hugo Ruvalcaba
Querida Ana Carla Matilde:
De la infinita intranoche de no ser a nacer,
a fundirnos en el triduo que el arcano eligió
y que puso en el amor su sangre rediviva
cuando los dos ilusionamos mirándonos los ojos,
soñando en esos ojos que venían a mirarnos
mientras caminabas a la luz que nos circunda
como una brizna redonda que crecía
igual que el amor de nosotros hacia ti,
sólo faltó que la puerta se abriera
y que no tuviera cristales la ventana.
El sordo Sino no quiso que nacieras.
No es culpa de Nadie ni de Nada.
Pero esa luz que fuiste y nos buscó
será el incendio de todas las memorias,
el numen y el eclipse de los verbos,
la aurora boreal de las manzanas
y el ónix alegre de nuestros silencios
para buscarte aquí con un salvaje intento
o en el alto peñón donde nos miras
como dos luces pequeñas y redondas
que crecen hacia ti.
Tus papás.
