Inundaciones y sequías

Por Juan José Agustín Reyes Rodríguez (*)

Foto ilustrativa: Gobierno de Tabasco

La historia se repite. Con frecuencia hemos tenido fenómenos meteorológicos y tectónicos, que se presentan de acuerdo con las temporadas del año. Lluvias intensas, sequías prolongadas, terremotos y huracanes o ciclones. Prácticamente todos se reportan como «desastres naturales», en términos humanos.

Hemos conocido los terremotos que han afectado al país por siglos, los cuales no se pueden predecir, pero sí se tiene la seguridad de que se presentarán en cualquier momento. Estos fenómenos son los que han dejado una estela mayor de daños materiales y fallecimientos en los lugares donde se presentan, principalmente en el eje neovolcánico que es una continuación de la falla de San Andrés, y por el movimiento de las placas tectónicas que —cuando apenas se mueven un poco en el centro sur del país— han causado daños impresionantes.

Considero que la segunda causa de impactos sociales y económicos que afectan al país son los ciclones o huracanes, que, como podemos observar, están siendo más frecuentes e intensos y en mayor número, cada vez. En estos días vemos cómo estos fenómenos, que denominan su nombre con las letras iniciales del abecedario, ya se acabaron y que los nombres están iniciando ya con las letras del alfabeto griego. Ha habido huracanes que llegan a la categoría máxima de 5, en la escala Saffir-Simpson, que mide la velocidad de los vientos, hasta más de 300 km/hr en la escala mayor. Algunos con menor intensidad han estado golpeando al país, principalmente por el lado del Atlántico, en especial el Golfo de México y el Caribe. También por el Pacífico se presentan estos fenómenos.

Huracán Eta (NASA)

La categoría 1, que toma esta categoría al pasar de tormenta tropical, con vientos desde 118 a 153 km/hr, todo en referencia a la escala Saffir-Simpson; en la categoría 2 los vientos alcanzan velocidades de 145 a 177 km/hr; en la categoría 3 con vientos de 178 a 208 km/hr; en la categoría 4 con vientos de 209 a 251 km/hr y en la categoría 5 desde 252 km/hr en adelante. A menor presión en el «ojo» del huracán, mayor intensidad se va generando. Obviamente los daños materiales y humanos causados por estos fenómenos «NATURALES» son mayores a medida que aumenta la intensidad de los vientos y el agua que acarrean.

Los estados que históricamente han sido más afectados por los huracanes, de acuerdo con la información publicada por Bufete de Soluciones Integrales (BSI), son los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo. ¡Justamente en los estados que han sufrido la mayor devastación forestal! Obviamente les faltó Tabasco, que tiene inundaciones recurrentes prácticamente todos los años.

Los huracanes traen una cantidad inusual de agua, por lo que se vierte en las tierras continentales y en las islas por las que atraviesan, que normalmente inician como perturbación tropical, depresión y tormenta tropicales, para pasar a ser huracanes categoría 1 en adelante. Las lluvias asociadas a estos fenómenos provocan inundaciones cuya gravedad depende de la pendiente donde corren las aguas, los suelos (si se saturan rápidamente o son más permeables), la cubierta forestal (si está integra, fraccionada o inexistente), el área donde se descarga o donde pasa el huracán, y, sobre todo, los desarrollos urbanos e industriales y la infraestructura de comunicación que se establecen en las zonas que tradicionalmente son inundables. Las anteriores condiciones se presentan en el espacio físico-geográfico, que es la región hidrológica-forestal y las cuencas, subcuencas y microcuencas que la integran. Estas regiones son las que captan toda el agua de lluvia y son los espacios donde se infiltra el agua, se evapora o escurre a diversas velocidades, según la pendiente y la cobertura forestal que tengan. Esa agua es conducida por los arroyos, barrancas y ríos hacia los océanos.

En el caso del sur-sureste del país, las grandes presas hidroeléctricas, construidas en Chiapas, captan parte importante del caudal de los grandes ríos, el Grijalva y el Usumacinta, cuya región hidrológica-forestal, nace en Guatemala y Chiapas y llega a Tabasco, en donde vemos las graves inundaciones que se presentan año con año.

Inundaciones en Tabasco. (Sistema Nacional de Protección Civil del Gobierno de México)

En el caso de las «tradicionales» inundaciones en Villahermosa y otras ciudades y pueblos de Tabasco y Chiapas, vemos los daños que están causando a la población en sus vidas y pertenencias, así como la infraestructura urbana y de comunicaciones. Se han hecho grandes inversiones inútiles para tratar de resolver las inundaciones que se presentan cada año, con mayor o menor intensidad; sin embargo, son cafiaspirinas para el cáncer, que no tiene solución efectiva y permanente, mientras no se entienda que no debe seguirse destruyendo la cubierta forestal en toda la región hidrológica-forestal que cubre algunos millones de hectáreas.

Atención a damnificados por las recientes inundaciones en Tabasco. (Sistema Nacional de Protección Civil del Gobierno de México)

Se han levantado diques a las orillas del río, que es una solución parcial y temporal. Pero se sigue con un desarrollo urbano irracional en las partes bajas de Villahermosa y otras ciudades, dando preferencia al factor economicista y de negocios inmobiliarios, sin tomar nota de la historia de inundaciones que hay. No se tiene un programa de dragado de ríos y otros espejos de agua, lo cual no es solución, debido a que el azolve que se va acumulando es el resultado de la pérdida de suelo en las partes altas de las cuencas por la deforestación realizada.

Tabasco tiene los suelos más profundos y tenía las selvas altas perennifolias más importantes del país, inclusive más que la Lacandona en Chiapas; sin embargo, con los programas oficiales de desmontes para la expansión de la ganadería, se devastaron esas importantes selvas, dejándolas reducidas a unas cuantas hectáreas.

Recuerdo de un político tabasqueño, con el que tuve el gusto de colaborar cuando fue subsecretario forestal y después gobernador de Tabasco, que una empresa agropecuaria le llegó a proponer que en los pantanos de Centla se hiciera un magno desarrollo agrícola a costa de drenar esos pantanos, a lo cual mostró mucha emoción y posibilidades. Me llamó para consultarme al respecto, platicando con gran emoción de lo que sería uno de sus importantes proyectos en su futuro gobierno. Al respecto le contesté: «¿Qué prefiere que le diga, mi opinión profesional o lo que le gustaría oír, apoyando esa propuesta?». Me respondió que me tenía ahí para asesorarlo con un criterio profesional. Así que mi respuesta fue, arriesgándome a que me corriera, que sería la «pendejada» más grande que hiciera en su vida, por lo que se quedó atónito. Me pidió la información al respecto y obviamente le di mis argumentos, entre los que destaqué que los pantanos o humedales de Centla, son los de mayor riqueza productiva y biodiversa que hay, además de sus funciones reguladoras, filtrantes y más argumentos. El propio subsecretario consultó con otras fuentes y en días siguientes me llamó para agradecerme lo que le había dicho. La sensibilidad que tuvo este político para escuchar opiniones fundadas no ha sido la constante de muchos otros, que lejos de atender las muchas propuestas que se han hecho de realmente ir al fondo de las soluciones en cuanto a las inundaciones en Tabasco, Chiapas y muchos estados más en donde las condiciones son muy parecidas. LA DEVASTACIÓN DE LOS BOSQUES Y SELVAS ha contribuido a las inundaciones cada día más graves.

Selva tropical en Tabasco (Alfonso Bouchot-Wikipedia)

Las presas hidroeléctricas son las generadoras de las energías más limpias no intermitentes, pero obviamente requieren un manejo adecuado de los volúmenes de aguas que desfogan. Con la presencia de estos huracanes y la devastación que hay en toda la región hidrológica-forestal y sus cuencas de captación, necesariamente van a rebasar su capacidad de almacenamiento y deben desfogarse obligadamente, contribuyendo así a aumentar el caudal de agua que llega a inundar las ciudades aguas abajo. Las presas hidroeléctricas que se encuentran en el río Grijalva con Peñitas, Chicoasén, la Angostura y Malpaso (Netzahualcóyotl) que generan el 40% de la energía limpia y no intermitente del país.

Si se hubiera aplicado un 15 o 20% en la restauración hidrológica-forestal en esas cuencas mencionadas, de los miles de millones de pesos que se han gastado —no invertido— en obras inútiles para evitar inundaciones en las ciudades, otro gallo cantaría y no estarían pasando por esos desastres que NO SON NATURALES, sino son por la irresponsabilidad humana y la corrupción. Lo mismo aplica para otras de las muchas ciudades y pueblos del país, en donde hay desgajamiento de cerros, inundaciones, pérdida de cosechas, animales y vidas humanas, así como destrucción de la infraestructura. El Fondo Nacional de Desastres o como se vaya a llamar, debería aplicarse en gran medida a la restauración hidrológica forestal de las cuencas del país. Mientras se sigan los programas oficiales de los tres órdenes de gobierno o acciones privadas, para cambiar el uso del suelo forestal por agropecuario, urbano, industrial, turístico o de infraestructura, no esperemos que los daños anuales disminuyan. El presidente López Obrador anunció recientemente en Villahermosa que se anunciará un plan integral de rescate, con obras o acciones de desazolve de ríos, recuperación de la infraestructura urbana, bordos y represas y los apoyos sociales con los programas que tiene de Bienestar y becas diversas. Este programa es encomiable, sin embargo, sigue siendo más de lo mismo, porque se están atacando los efectos, mas no las causas. Los ríos se azolvan porque se ha destruido la vegetación forestal; las ciudades quedan bajo el agua porque se construyeron y se sigue haciendo en las zonas planas y bajas; los diques y bordos son rebasados y derribados por las fuertes corrientes porque no hay vegetación que disminuya la velocidad del agua y permita mayor infiltración a los suelos y así sucesivamente una cadena de atentados contra la naturaleza sin que se quiera ver la causa. Ahora bien, hay que señalar que cuando un monstruo de categoría 5 se presenta no hay poder humano y poca defensa de los bosques y selvas hay, aunque si aminoran los impactos. Este aspecto tan relevante, no ha estado ni está en la visión de los funcionarios y políticos que se «preocupan» por las inundaciones cada año.

Otros de los fenómenos naturales que tienen impacto en la sociedad es el de las sequías, que también responden a condiciones del clima y a los cambios que ha sufrido en las últimas décadas. Además de los cambios climáticos por la propia evolución del universo, la galaxia en donde estamos y nuestro sistema solar, hay una especie de catalizador por los impactos causados por los seres humanos. Anteriormente como que se podían conocer con cierta certeza los ciclos de años secos y años húmedos. Actualmente es un verdadero acertijo.

México, en el sur-sureste es donde tiene la mayor cantidad de agua, por los fenómenos hidrometereológicos. La menor cantidad de agua de lluvia está en las zonas semidesérticas y desérticas del centro hacia el norte y noroeste del país, con menores efectos de sequía en las sierras madres.

Estamos viendo los problemas sociales, económicos y políticos que se han desatado en algunos estados norteños, especialmente en Chihuahua, en donde la región hidrológica-forestal que capta el agua del río Conchos (que nace en Chihuahua y Sonora y abarca parte de Coahuila, pero que llega por el Río Bravo hasta Nuevo León y Tamaulipas, y a Texas por el lado americano) ha sido motivo de enfrentamientos entre el gobierno de Chihuahua y el federal.

Aquí también podemos ver el reflejo equivocado de muchas décadas, al menospreciar la importancia de los recursos forestales en estas zonas semi y desérticas del país, que han venido desarrollando programas agropecuarios destruyendo la vegetación forestal de estas regiones, para sustituirlas por cultivos, que si bien son más rentables, tienen una dependencia fundamental del agua de riego, que se obtiene de las diversas presas que se han construido por el gobierno federal, tanto para la producción de energía como para riego.

Ha existido una tradición equivocada en el uso del agua de riego. Se construyeron presas, bordos, distritos y unidades de riego, destruyendo la vegetación forestal, haciendo uso de agroquímicos que en muchos casos son biocidas y SIN PAGAR EL AGUA. Se han establecido cuotas para el mantenimiento y uso de la infraestructura hidroagrícola, pero realmente el costo del agua no lo han pagado por décadas. En muchos distritos o unidades de riego del norte y noroeste del país, en donde se ha hecho una «explotación» del suelo, para la producción masiva o industrial agrícola, ha habido ejidatarios o usuarios que al llegar a una edad avanzada y los hijos no quieren dedicarse al campo, se da un fenómeno de acaparamiento disfrazado, adquiriendo parcelas y comprando o transfiriendo concesiones de agua, por lo que se han formado latifundios simulados, que en muchos casos están en manos de políticos en activo o expolíticos y funcionarios de los tres órdenes de gobierno, así como de caciques locales. Obviamente que, al restringirse el uso de agua, muchos de estos neolatifundistas son los que más protestan y mueven a más gente.

¡El agua de las presas no es propiedad de los estados o sus habitantes! Es propiedad de la nación. ¿Se imaginan que cada estado proclamara como propios los recursos que están en sus territorios? Entonces si el agua es de Chihuahua; la electricidad sería de Chiapas, el petróleo de Tabasco, Campeche, Veracruz y Tamaulipas; la mariposa monarca de Michoacán y Estado de México; la plata y el oro de Guerrero, Zacatecas y Sonora, para mencionar algunos aspectos de esa posición irracional de algunos políticos y funcionarios públicos.

Es fundamental que México como nación, no siga con esas políticas públicas de poner al frente del supuesto desarrollo sólo la parte economicista, dejando de lado la parte ambiental y social. En los desiertos y semidesiertos no se puede seguir creciendo indefinidamente con cultivos de riego, que, si bien son de importantes ganancias, requieren y requerirán mayores volúmenes de aguja. Hay que voltear a los recursos forestales del semidesierto y darles manejo adecuado. Esos son los que la naturaleza puso ahí y además son de una gran relevancia económica y social, con la producción de ceras, aceites, fibras y como hábitat de la fauna silvestre mayor que es otra fuente de riqueza importante.

(*) Ingeniero Agrónomo Especialista en Bosques, por la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, Texcoco, Estado de México (hoy Universidad Autónoma de Chapingo); Maestro en Ciencias y candidato a Doctor en Recursos Naturales por The University of Michigan, en Ann Arbor, Michigan; Consultor en Recursos Naturales, Ambiente y Desarrollo.

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