AMLO y Slim: la Covid-19 los une

Por Jorge Esqueda (*)


El presente trabajo se publicó originalmente en Instantáneas Mexicanas

Imagen ilustrativa: Twitter

En medio de la polarización política e ideológica del país, coincidieron en contagiarse de Covid-19 el empresario emblema del país y el presidente de la República. El manejo informativo de su enfermedad también siguió caminos paralelos.

En el caso del magnate, el coronavirus venció barreras sanitarias severas. «Estaba súper guardado», dijo su yerno Arturo Elías Ayub. Con el jefe del Ejecutivo, según lo que se ha informado en meses pasados, esas medidas también fueron estrictas en Palacio Nacional, pero múltiples veces el mandatario apareció sin cubre bocas, ni sana distancia en reuniones uno a uno, pequeñas juntas y actos en giras de trabajo. Ha sido desconcertante que el coronavirus tardara tanto tiempo en alcanzarlo en esas circunstancias, y quizá motivo de estudio.

Carlos Sim hasta el último fin de semana de enero no ha aparecido ante la opinión pública aunque se reporta que ya está en su casa, días después de su cumpleaños 81.

Andrés Manuel López Obrador, quien el 13 de noviembre cumplió 67 años de edad, tardó una semana en aparecer ante la ciudadanía en un video divulgado el viernes 29, en el cual comentó que las ropas que portaba no eran las mismas de los anteriores días de la semana, posiblemente en referencia a ropas propias de una estancia en cama por enfermedad.

De ambos sigue sin haber un reporte médico. ¿Debería de haberlo, debería de haberse informado antes, debería de informarse de manera continua?

El debate sobre los límites de la privacidad de las figuras públicas, dónde empiezan y dónde terminan es permanente. La polémica es amplia en los deportistas y aún más en las estrellas del espectáculo, inclusive en aquellas que no son luminarias pero en busca de convertirse en soles, sacan a lo público lo que el pudor —palabra en desuso— obligaría a mantener en la sombra.

Pero en lo que pudiéramos llamar figuras públicas directivas o de mando público o privado, la situación parece aconsejar y hasta obligar a que exista más transparencia de la mostrada en estos dos casos.

En el caso de Slim se sabe de tiempo atrás que el conglomerado empresarial que formó descansa en sus herederos y por ello es el presidente honorario vitalicio de su corporativo. Pero don Carlos tiene un simbolismo que va más allá de sus empresas. Puede vérsele como el empresario emblema por excelencia en México.

Para algunos es ejemplo de cómo hacer las cosas y hacerlas bien. Otros dirán que es figura pionera y forjadora sin par del mundo empresarial neoliberal mexicano.

Posiblemente haya prevalecido no intranquilizar a los mercados. De seguro, el proverbial perfil bajo del empresario.

Andrés Manuel López Obrador representa ahora la cúspide del poder político institucional del país, y también del simbólico. Su sucesión está plasmada en la Constitución, pero más allá de esa situación, su simbolismo en el mundo político mexicano solo encuentra parangón con el de Slim en el empresarial, pues ha sido luchador incansable y sin igual contra el neoliberalismo.

Ambos son emblemas, uno del liberalismo y el otro del antineoliberalismo mexicanos.

Y por eso es que el manejo de informativo de su estado de salud debió de haber sido diferente y debe serlo.

Llama la atención que del magnate se haya tuiteado que «asistió de manera preventiva» al hospital y luego trascendiera que se había quedado internado por Covid-19, declaración no muy congruente.

Del mandatario fue apropiado y oportuno que él mismo avisara que había contraído la enfermedad pandémica y luego siguieran seis días de silencio muy extraño en quien ha vivido con exposición mediática constante por años y permanente desde la campaña electoral de 2018.

Ahora, en su primera semana de retiro —pues autoridades del sector salud señalaron que se encuentra a la mitad del proceso— solo ha habido menciones eufemísticas de su estado de salud pero por terceras personas, que parecen querer transmitir confianza pero no informar.

Por ahí, el vocero de la pandemia, Hugo López-Gatel, señaló que el presidente era «asintomático». ¿Tal nos permite adivinar que una de las pruebas rutinarias lo mostró contagiado del coronavirus pero con síntomas tan leves que pudo considerársele virtualmente asintomático?

En el caso del Presidente de la República el ciudadano no puede ni debe conjeturar o adivinar. El vacío de información de esos seis días se llenó con rumores que la mera imagen presidencial en video eliminó. Desde el principio eran versiones absurdas, pero en las redes sociales todo es real, hasta lo absurdo, sin embargo ¿por qué llegar al límite?

Nadie quería ver al mandatario mexicano como se exhibió el expresidente estadunidense Donald Trump cuando también estuvo enfermo de Covid-19, saliendo en una limusina a saludar a sus seguidores —otra imprudencia— pero sí una conferencia de prensa como las de los médicos del ex jefe de la Casa Blanca: 10 especialistas en bata blanca dado el reporte cotidiano, todos con cubre boca, excepto quien hablaba.

En México el silencio rodeó los malestares del presidente Adolfo López Mateos. De esa época han pasado más de 60 años y estos no son los mismos tiempos.

(*) Periodista mexicano

Contacto: j_esqueda8@hotmail.com

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