Mucho clima y… poco cambio

Por Juan José Agustín Reyes Rodríguez.

Imagen ilustrativa: Verde y Azul.

El clima de la tierra es un factor natural que va cambiando de acuerdo con su evolución, dentro de la misma, así como por los movimientos del sistema solar y del universo. Las condiciones de la atmósfera, geosfera, hidrosfera y otros campos terrestres, impactan y modifican la biósfera con todos sus componentes o elementos naturales y los artificiales.

Los grandes cambios de la tierra se deben, principalmente, al tectonismo, vulcanismo y las radicaciones de todo tipo del exterior. La actividad de los volcanes es una de las fuerzas relevantes que modifican el paisaje; los sismos y huracanes son otros factores importantes del cambio terrestre, los cuales han ocurrido por millones de años. Estos, quizá, sean los principales factores de las transformaciones que ha sufrido la tierra y seguirá sufriendo, en todos sus ecosistemas terrestres y acuáticos o marinos.

Sin embargo, un catalizador relevante de cambios de la biosfera, es decir donde se desarrolla la vida de todos los seres, es el hombre (me refiero como especie y no por su sexo), el cual (a partir de una concepción Judeo-Cristiana) es el dominador de la naturaleza y todos los seres vivos, que están a su servicio y a sus pies. Esta ha sido la “filosofía occidental” seguida por siglos, por lo cual los recursos naturales han sido objeto de destrucción y no de un uso que permita su permanencia y buenas condiciones. Contrario a lo anterior, también existe y aun permanecen concepciones de la vida diferentes en muchos de los pueblos y etnias nativas de países, en donde el hombre no es el conquistador de la naturaleza, sino es parte íntima de la misma.

Llevamos décadas en el tema del calentamiento de la tierra; como un efecto tangible del cambio climático, ha estado en la palestra de algunos países, organizaciones internacionales, grupos de la sociedad, académicos, científicos y personas preocupadas por el deterioro cada vez más visible de la tierra. Se ha comprobado el derretimiento de los polos y aumento del nivel del mar en algunas partes; huracanes, ciclones, tifones y tornados más intensos y más frecuentes; sequias más prolongadas y en mayores espacios; grandes incendios forestales como los ocurridos en Canadá, Estados Unidos, Australia y ocasionalmente en México (es importante aclarar que salvo algunas ocasiones los incendios forestales son causados por los rayos, la mayor parte, me atrevería a decir hasta el 95%, son causados por la mano del hombre, al quitar la vegetación forestal para ampliar sus áreas para cultivos agropecuarios, fraccionamientos de lujo, minería e infraestructura entre otras acciones).

En el seno de las Naciones Unidas, así como de sus organismos especializados como la FAO, PNUD, PNUMA,OMM y muchas más, así como instituciones privadas, se han venido realizando acuerdos, convenios, manifiestos y otros instrumentos legales, que la mayoría de países han firmado y se han comprometido a ejecutar. Entre otros, podemos mencionar el que tiene como objetivo reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Otros, son los que luchan contra la desertificación, buscan la protección de los océanos, el rescate de los humedales, y los que tienen que ver con todos los temas relacionados con la tierra y sus recursos naturales. Prácticamente se abarcan todos los temas habidos y por haber que tocan la naturaleza y las acciones del hombre sobre la misma.

Son innumerables los compromisos internacionales, las reuniones de Alto nivel, grupos de trabajo especializado, paneles de expertos internacionales, convenciones frecuentes en todos los temas, miles de toneladas de papel empleadas en esos convenios, millones de dólares, pesos o euros gastados en las reuniones internacionales y así podríamos seguir señalando los “esfuerzos” que se han realizado para atender los problemas de la tierra.

Se ha formulado legislación en todos los temas, dentro de numerosos países, para intentar aplicar legalmente los instrumentos que permitan cumplir con esos compromisos adquiridos. Lo que se ha visto muy claro es la falta de presupuestos adecuados a los compromisos internacionales y disposiciones legales para el cumplimiento de estos. Se habla mucho, se hacen discursos muy emotivos en favor de los recursos naturales, del ambiente, de contribuir a las soluciones para reducir el calentamiento, la desertificación, la devastación y los incendios forestales, controlar y eliminar la basura, llamada pomposamente residuos, en la tierra y en los océanos, y en general mejorar las condiciones ambientales. Desafortunadamente, estos temas no están en las prioridades de los gobiernos, solamente en los discursos políticos. DISCURSOS SIN RECURSOS SON DEMAGOGIA. Esto ocurre, no sólo en México, sino también en la gran mayoría de países, en donde siguen prevaleciendo los intereses desarrollistas y económicos a costa de la naturaleza.

Lo que debe estar en el centro de este contexto de deterioro de la tierra y sus recursos naturales son los seres que habitan la biosfera: el hombre, los animales y la vegetación. Por siglos, la explotación de los recursos naturales, el nacimiento de la revolución industrial, así como la revolución verde en décadas recientes, han sido factores relevantes de devastación de la naturaleza, justificándose con la necesidad de alimentar y otorgar bienes y servicios a la humanidad, cuya población está en expansión, llegando prácticamente a los siete mil millones de habitantes.

Es en esas condiciones de producción de alimentos y otros bienes y servicios, en donde encontramos las contradicciones más importantes. Mientras en los países ricos la producción es superavitaria, con grandes desperdicios; en los países pobres la producción es mínima o nula, asociada a condiciones climáticas y económicas severamente adversas, por lo cual la pobreza y la miseria es mayor.

En ese concepto del hombre dominador de la naturaleza, es como se ha propagado la llamada agricultura industrial, misma que acapara las principales fuentes de agua y las mejores tierras. Asimismo, su crecimiento en tierras agrícolas y ganaderas es una de las más importantes causas de la devastación forestal en México y en el mundo. Las políticas agropecuarias impuestas desde la llamada revolución verde establecieron programas oficiales de desmontes de bosques, selvas, humedales, semidesiertos, matorrales, chaparrales y otra vegetación forestal, lejos de haber impuesto una política forestal real de manejo técnico de esa vegetación. La Silvicultura es la ÚNICA CIENCIA que desde su origen es SUSTENTABLE o SOSTENIBLE, que sin ser una moda lo es en su manejo. Al haber devastado millones de hectáreas forestales, sin mejorar o superar su capacidad de uso sustentable, se propició la creación de eriales, la desertificación, desaparición de manglares, mayor erosión, pérdida de la biodiversidad; se crearon más áreas de calor, menos captación de lluvias, alteración de microclimas con su contribución al calentamiento global y mayor pobreza y marginación a los pobladores de esas regiones.

El caso de la minería es también uno de los principales elementos de devastación no sólo forestal, sino también del suelo, desaparición de manantiales, contaminación de arroyos y ríos y la expulsión de pueblos completos. Estos son otros elementos que contribuyen al calentamiento global y la reducción de la resiliencia de la naturaleza para compensar los impactos causados por el hombre en su papel de conquistador de la naturaleza.

En días pasados se hizo público el informe 2020, “El cambio climático y la tierra. Informe especial del IPCC sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestre”, a cargo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), bajo el patrocinio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con la participación de otras organizaciones de la ONU.

Del informe general de los expertos, que son de diferentes países del mundo, se preparó un extracto que es el «Resumen para Responsables de Políticas (RRP)» que, de manera bastante clara y resumida, hace una descripción de las condiciones de la tierra, en algunos casos desde 1961 con información de la FAO, hasta 2017 en algunos temas. Lo que está claro que la información disponible es la que permite hacer los comentarios sobre las situaciones descritas y las propuestas para los responsables de aplicar las políticas publicas en los diferentes países.

Para claridad de los tomadores de decisiones, se definen con mucha precisión los conceptos que se tratan en el texto; asimismo, establecen los criterios de confiabilidad de los datos presentados, desde muy alta confianza hasta poco confiable, lo que permite valorar la información vertida en el informe.

Se presentan gráficas interesantes sobre los gases de efecto invernadero, el uso de la tierra y su ad ministración sostenible, adaptación y mitigación al cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras y la seguridad alimentaria. Señala el informe lo siguiente:

  • El uso humano afecta directamente a más del 70 % (probabilidad del 69 % al 76 % de la superficie terrestre global libre de hielo.
  • Las personas utilizan entre un cuarto y un tercio de la producción primaria neta potencial de la tierra para alimentos, piensos, fibra, madera y energía.
  • Los ecosistemas terrestres y la biodiversidad son vulnerables al cambio climático en curso y a los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, en diferentes grados.
  • La agricultura representa actualmente alrededor del 70 % del uso mundial de agua dulce.
  • La expansión de zonas destinadas a la agricultura y la silvicultura, incluida la producción comercial, y la mejora de la productividad agrícola y forestal han respaldado el consumo y la disponibilidad de alimentos para una población.
  • Estos cambios han contribuido a aumentar las emisiones netas de GEI (nivel de confianza muy alto), la pérdida de ecosistemas naturales (p. ej., bosques, sabanas, praderas naturales y humedales) y la disminución de la biodiversidad”.
  • El cambio climático exacerba la degradación de la tierra, particularmente en áreas costeras bajas, deltas fluviales, zonas áridas y en áreas de permafrost.
  • Se estima que el 23 % del total de emisiones antropógenos de gases de efecto invernadero (2007 a 2016) proviene de la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra (AFOLU, por sus siglas en inglés).
  • El cambio climático, incluidos los aumentos en la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos, ha afectado negativamente a la seguridad alimentaria y a los ecosistemas terrestres, además de contribuir a la desertificación y a la degradación de las tierras en muchas regiones.

Estas aseveraciones que se plasman en el RRP dan una idea muy clara de los temas que se abordan y para mayor detalle podrán consultarlos en la fuente que se detalla al final del presente trabajo.1

Con respecto al 23 % del total de emisiones que se mencionan, atribuibles a la agricultura y la silvicultura, considero que no es adecuado utilizar el término Silvicultura en este contexto. La silvicultura (del latín silva, selva, bosque y cultura, cultivo) es una actividad del sector primario que consiste en aprovechar los recursos naturales maderables y no maderables de la superficie forestal de un país que incluye bosques, selvas, matorrales y otra vegetación forestal. Es la única ciencia que desde su creación tiene el principio de sostenibilidad o sustentabilidad. Por ello los incendios forestales no son parte de la silvicultura, sino son acciones humanas contra la silvicultura; lo mismo ocurre con las matarrasas o desmontes de vegetación forestal para usos agropecuarios que queman esos sitios.

En México necesitamos una política forestal que le apueste al manejo de los recursos forestales, con mayor énfasis en el aprovechamiento, industrialización y comercialización de sus productos. Los esfuerzos que se hacen con el programa Sembrando Vida, tienen su importancia; sin embargo, tendría mucho mayor efecto el destinar importantes recursos, personal profesional y apoyos a los productores forestales, para fortalecer la silvicultura comunitaria y comercial. Contrario a lo que está en la mente de muchos habitantes que el aprovechamiento forestal es perjudicial, lo real es que al manejar la vegetación forestal estamos facilitando la regeneración natural que sería mucho más barata que la reforestación, cuyos márgenes de sobrevivencia son muy relativos. El manejo forestal permite que al haber regeneración natural la fijación de carbono es mucho mayor, porque se está formando madera, que es carbón, al mismo tiempo se está generando más oxígeno. Hay que recordar la maravillosa función de la naturaleza que es la fotosíntesis. Después de los océanos, los bosques, selvas, semidesiertos, manglares y otros tipos de vegetación forestal son las que fijan la mayor cantidad de bióxido de carbono y liberan más oxígeno.

Los beneficios de la silvicultura y el manejo forestal son no sólo ambientales, sino también sociales y económicos son relevantes, por eso es el carácter se sustentable o sostenible que es el manejo forestal, así como su gran contribución a paliar el calentamiento global y mejorar los microclimas en cada región y así contribuir a mejorar el clima global.

El cambio reciente que se dio del director general de la Comisión Nacional Forestal, al quitar a un reconocido profesional forestal, con gran compromiso social y con visión de país a largo plazo, fue muy lamentable; se designó a otro director con un amplio currículo en la grilla, pero no sé que tanto conocimiento tenga del ámbito forestal y socio económico. Este es un salto para atrás que esperemos se pueda superar.

Referencias

Fuente: IPCC, 2019: Resumen para responsables de políticas. El cambio climático y la tierra: Informe especial del IPCC sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres [P. R. Shukla, J. Skea, E. Calvo Buendia, V. Masson-Delmotte, H.-O. Pörtner, D. C. Roberts, P. Zhai, R. Slade, S. Connors, R. van Diemen, M. Ferrat, E. Haughey, S. Luz, S. Neogi, M. Pathak, J. Petzold, J. Portugal Pereira, P. Vyas, E. Huntley, K. Kissick, M. Belkacemi, J. Malley (eds.)].)

(*) Ingeniero Agrónomo Especialista en Bosques. por la Escuela Nacional de Agricultura, de Chapingo, Texcoco, Estado de México (hoy, Universidad Autónoma Chapingo); Maestro en Ciencias y Candidato a Doctor en Recursos Naturales por The University of Michigan, en Ann Arbor, Michigan; Consultor en Recursos Naturales, Ambiente y Desarrollo.

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