Es homicida, corrupto y degrada a la sociedad

Por Jorge Santa Cruz
Imagen ilustrativa: Shutterstock | Aleteia
Entiendo perfectamente las reacciones de desconcierto y desacuerdo que provocó mi anterior artículo titulado «¡Aguafiestas!». Las puedo calificar de lógicas.
La población que está consciente de la gravedad de la crisis provocada por el presidente Andrés Manuel López Obrador y su pandilla quiere evitar a toda costa -y con absoluta razón- que este gobierno consolide la dictadura socialista antes del cambio de poder, el 1 de octubre de este año.
Por ejemplo, recibí un mensaje que decía lo siguiente:
Xóchitl Gálvez tal vez no represente el 100 % de lo que quiero; pero Sheinbaun sí representa el 100 % de lo que no quiero.
Otra persona de bien me pidió que propusiera algunas líneas de acción; que no me quedara solamente en el señalamiento de que unos y otros son parte del mismo sistema partidocrático corrupto.
Trataré de responder con claridad y lógica. Mi propuesta contempla tres acciones inmediatas:
- Evitar que la 4T obtenga las 2/3 partes de las diputaciones y senadurías para que la oposición frene las reformas constitucionales que anunciará AMLO el 5 de febrero.
- Tratar de obligar a la oposición a que incluya al mayor número de legítimos representantes ciudadanos en sus listas de candidatos a puestos de elección popular. Y que estos sean defensores de la vida.
- Organizar a la llamada sociedad civil y convencerla de que asuma una postura activa, valiente y combativa para que vigile a unos y a otros.
Primera propuesta
«Jorge, te contradices», me pueden decir. Y en estricto sentido, parecería que sí, pero no. Permítanme hacer una aclaración al respecto: la actual “oposición”, cuando estuvo en el poder, luchó encarnizadamente contra la vida desde el momento de la concepción y empujó veladamente la aplicación de la eutanasia. Además, se plegó servilmente a la dictadura de género articulada por George Soros. Esta oposición -ideológicamente paralela a la Cuarta Transformación- no merece ni un voto.
Sin embargo, si la oposición propusiera candidaturas ciudadanas favorables a la vida rompería, de facto, con un sistema político homicida y se constituiría en verdadera defensora de la democracia.
Democracia significa el gobierno del pueblo; al pueblo lo constituyen familias. Destruir a la institución humana por excelencia (la familia) implica atentar contra el pueblo.
Segunda propuesta
Mi segunda propuesta deriva de la anterior y va en el sentido de que los mexicanos conscientes y patriotas presionen a los partidos “opositores” para que propongan candidatos surgidos de rancherías, poblados, comunidades, suburbios, colonias, municipios, alcaldías, ciudades, estados y regiones.
¿Cómo hacerlo? Levantando la voz en sus mítines y exhibiendo las anomalías de la oposición en redes sociales; proponiéndole al frente opositor a personas honestas, preparadas y valientes.
La valentía es muy necesaria porque las inercias son propiciadas también por la delincuencia organizada.
Es necesario que les digamos a los partidos que no queremos gorras, camisetas, bolsas, bolígrafos, lápices, cuadernos, calendarios, bultos de cemento, botes de pintura, láminas acanaladas, tarjetas con dinero… Todos estos objetos alimentan el ego, pero no resuelven las carencias reales de millones de mexicanos.
Urge que les digamos también a los partidos políticos y a sus dirigentes -a todos- que deben postular a candidatas y candidatos comprometidos con la vida y con las familias; con los agricultores y los productores pecuarios; con los obreros y con los micro, pequeños y medianos empresarios; con los docentes de vocación y probado espíritu de servicio; con nuestra niñez y juventud (el modelo de la Nueva Escuela Mexicana confiesa públicamente que los quiere controlar desde que nacen); con un proyecto de nación que concilie los usos y costumbres de los llamados pueblos originarios con los más elevados valores de la cultura mexicana (mestiza y occidental).
Tercera propuesta
Urge, insisto, impedir que el 2 de junio el oficialismo se haga con las mayorías calificadas en el Congreso de Unión y el Senado de la República, pero no a cualquier precio.
Después, vendría la movilización social abrumadora a favor de la vida y de la construcción de un nuevo sistema político.
La familia verdadera protege a la prole; sin familia, la niñez y juventud quedan inermes ante las mafias políticas, económicas, criminales, mediáticas…
La defensa del orden social comienza en la familia. Por eso, la familia es combatida desde todos los frentes posibles.
La verdadera riqueza de un pueblo es su gente. Miremos a China comunista donde ya no saben qué hacer para que las parejas tengan más de dos hijos.
La llamada «salud reproductiva» no es más que la legalización del aborto y del control demográfico que envejece a los pueblos. Sin jóvenes, la productividad cae y la dependencia del exterior aumenta. Por supuesto que esto representa jugosas ganancias para las empresas globales.
Conclusión
Los mexicanos podemos sacar al país del abismo en que se encuentra por culpa de la partidocracia; pero los resultados se comenzarían a ver a mediano plazo, siempre y cuando unamos nuestras voluntades.
Permitamos que afloren los liderazgos sociales auténticos. Reconozcamos cuando nosotros tengamos liderazgo y tratemos de ejercerlo; en caso contrario, apoyemos a los líderes genuinos, aportando lo que esté a nuestro alcance.
Echemos a la basura de la historia el síndrome del cangrejo. Hoy, todavía estamos a tiempo de intentarlo. Los buenos resultados no serán inmediatos, pero se darán. Seamos pacientes.
El «destino» ya nos alcanzó. Entrecomillé la palabra «destino» porque no la veo como una fuerza ciega e invencible. El «destino» que nos alcanzó se ha diseñado durante décadas en círculos cerrados que obedecen a un mando cupular que la mayoría de las veces permanece en el anonimato.
Somos más que esos que se agrupan en la punta del compás. Nuestro emblema nacional nos recuerda que el águila (la reina de los cielos) devora a la serpiente (la cual simboliza al mal desde hace miles de años). Emprendamos el vuelo, pero juntos -a pesar de los fracasos y de las traiciones previsibles-. Hagámoslo por los mexicanos que aún no nacen, por los que están en prescolar, en primaria, en secundaria, en preparatoria… Hagámoslo por nosotros mismos.
