Traidores viles los que se venden y los que compran

Esa pequeña traición a la voluntad popular tiene graves consecuencias. La principal es que el poder legislativo se convierte en un órgano inútil que aprobará lo que quiera el ejecutivo, y que rechazará lo que disponga la Presidencia de la República

Por Mario Rosales Betancourt

Imagen ilustrativa: Mario Jasso 1 Cuartoscuro

Con la misma fuerza que MORENA exige que se respeten los resultados electorales que dice que obtuvo, también se debe exigir que se respete lo que obtuvo la oposición.

Esto es: si de acuerdo con el Tribunal Electoral, MORENA y filiales obtuvieron mayoría calificada, esto debe respetarse.

En la Cámara de Diputados, MORENA y filiales obtuvieron mayoría calificada, esto debe de respetarse. Pero si en la Cámara de Senadores no la obtuvieron, también esto debe de respetarse, y no alterarlo por medio de la traición y la corrupción que implica comprar senadores que llegaron por el voto opositor.

No se puede alegar que los senadores son libres porque la triste realidad de nuestra práctica política nos enseña lo contrario: carecen de libertad y tienen que votar y actuar como les ordena su partido.

Por lo anterior, desde antes de una votación se sabe que votarán como les ordena su partido. Por lo tanto, los legisladores dejan de ser representantes del pueblo y se convierten en representantes del partido y peor aún, del ejecutivo.

Esa pequeña traición a la voluntad popular tiene graves consecuencias. La principal es que el poder legislativo se convierte en un órgano inútil que aprobará lo que quiera el ejecutivo, y que rechazará lo que disponga la Presidencia de la República.

Cómo dice Sor Juana: tan malo el que peca por la paga como el que paga por pecar. Así tendremos un sólo poder: el ejecutivo que es Supremo, unipersonal, y que no tendrá frenos y contrapesos. Con un legislativo inútil, sujeto a la dictadura de una mayoría calificada, sumisa y obediente al ejecutivo. Y un poder judicial que será parcial, dependiente y que ─en lugar de aplicar la ley, bajo el principio pro homine (lo que más favorezca al ser humano)─, aplicará el principio pro imperum (lo que más favorezca al gobierno).

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