Leyes de Indias abolían la esclavitud y garantizaban a los indios recién descubiertos sus derechos como súbditos de la Corona española, colocándolos al mismo nivel que los españoles de la península; las Leyes de Burgos reconocían a los indios sus derechos a la igualdad y libertad

Por Toribio
Imagen ilustrativa: Museo Nacional del Virreinato
El presente artículo se publicó el 2 de octubre de 2024 en El Español Digital
Ya que repitiendo mil veces una mentira se la hace parecer verdad, debemos repetir más de mil veces la verdad para hacer que prevalezca sobre la mentira.
No vamos a descubrir nada nuevo, pero conforme a lo dicho bien vale y es necesario traer a colación cuatro verdades incuestionables que dinamitan buena parte de la Leyenda Negra que pesa sobre el quehacer de España en su mejor y más grande historia.

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1.- Fue ya en fecha tan temprana como 1492 cuando la reina Isabel la Católica promulgó las Leyes de Indias que abolían la esclavitud y garantizaban a los indios recién descubiertos sus derechos como súbditos de la Corona española, colocándolos al mismo nivel que los españoles de la península. Entre otras muchas cosas, aquellas leyes decían: «Se debe observar con escrupuloso respeto la libertad de conciencia de los indios, así como la prohibición expresa de cristianizar en contra de su voluntad. Prohibición de injuriarles o maltratarles. Pagarles salarios justos. Descanso dominical y jornada de trabajo de ocho horas. Establecer normas para la protección de su salud y especialmente para las mujeres y los niños…».

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2.- En 1540, el emperador Carlos I de España, tras amplio, libre, «democrático» y profundo debate por lo más granado de nuestra intelectualidad de entonces, con Francisco de Vitoria y la denominada Escuela de Salamanca a la cabeza, promulgó las Leyes de Burgos, compendio de varias anteriores y otras nuevas reconociendo a los indios, entre otras cosas, sus derechos de igualdad y libertad; a la propiedad de sus tierras; el de rechazar la conversión por la fuerza, ya que ello iría en contra de su libertad de conciencia; a ser tratados como libres que eran; la obligación de trabajar de modo que fuera de provecho para ellos y para la «república»; al trabajo conforme a su constitución de modo que lo puedan soportar; a sus horas de distracción y descanso; a poseer casas y haciendas propias; a tener tiempo para dedicarlas a su cultivo y mantenimiento; a tener contacto y comunicación con los cristianos; a recibir un salario justo por su trabajo; a no ser explotados, quedándoles prohibida la aplicación de todo castigo; y a las mujeres embarazadas de más de cuatro meses quedar eximidas de trabajar.
Las Leyes de Burgos fueron, por ello, un compendió que puede considerarse sin temor al error ni a la exageración, no sólo la primera declaración de los «derechos del hombre» sin distinción, pues aunque para los indios recogía los de los demás ya existentes, sino la más perfecta y mejor pues la segunda, la de la ONU en 1948, siglos después, fue inspirada y redactada por masones, motivo por el cual carece, en realidad, del alma de aquella primera española que estaba inspirada y empapada por la doctrina social y moral de la Iglesia.
Y para que no se diga, nada mejor que dos testimonios de sendos extranjeros:

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3.- El inglés Erasmus Darwin (1731 – 1802), masón, y abuelo del evolucionista Charles Darwin, nos legó el siguiente: «En mis viajes por el inabarcable Imperio español he quedado admirado (…) han creado para las familias indígenas y mestizas hospitales y universidades (…) lo que redunda en la paz social, bienestar y felicidad general, que ya quisiéramos para nosotros en los territorios que con tanto esfuerzo les hemos ido arrebatando (…) la fe y la inteligencia española están construyendo no como nosotros un Imperio de muerte, sino una sociedad civilizada que finalmente terminará por imponerse como por mandato divino. España es la sabia Grecia, la imperial Roma; Inglaterra, el corsario turco».

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4.- El prusiano Alexander Von Humboldt (1769 -1859), gran humanista y científico, nos legó este otro: «No veo pueblos más felices que los gobernados por el Imperio español (…). Los indios están protegidos por las leyes españolas que son por lo general sabias y humanas (…). El agricultor es libre, su situación es mejor que la de los del norte de Europa, Rusia y Alemania. El número de esclavos es prácticamente cero (…). Los mineros mejicanos están bien pagados al punto que reciben seis veces más que los alemanes (…). Ninguna ciudad de Europa puede exhibir tan grandes instituciones científicas como la ciudad de Méjico».
No olviden repetir lo anterior mil veces para que la verdad prevalezca.
