Intrascendente, la participación de México en el G20

Dedicar miles de millones de dólares a la siembra de arbolitos es arar en el desierto. El mundo es como es. Las potencias, que lo han sido por siglos, son como son y lo seguirán siendo; ninguna propuesta ilusoria las va a cambiar. Menos se dejarán influir por regímenes que les hablan de humanismo cuando han permitido 200 mil muertes violentas en seis años

Por el Gral. de División DEM retirado, Roberto Badillo Martínez

Muy poco pesó la presencia de México en la reunión del G20 que se llevó a cabo en Río de Janeiro, Brasil.

Muchos medios de comunicación mexicanos han exaltado la actuación de la presidente de México en ese foro. Algunos dicen que demostró que es una estadista. Ello demuestra lo que siempre he asentado: los medios de comunicación mexicanos (prensa, radio, televisión, internet y todos los demás) están maiceados o controlados por las concesiones del gobierno que pueden ser canceladas.

Estos medios están espantados por las agresiones a periodistas que hubo en el sexenio pasado contra distinguidos informadores y medios de comunicación nacionales. Es muy simple: si un presidente de la República se lanza desde el poder contra periodistas y medios de comunicación, lo seguirán decenas de incondicionales en las redes sociales. Hay cuentas de internet dedicadas a ello. Las denominan “granjas”. Considero que esto debería terminarse.

La actuación de la presidente en el G20 fue discreta. Cumplió con hacer acto de presencia en este grupo que suma el 85 % del Producto Interno Bruto de todo el mundo. México estuvo ausente en los seis años recientes por el muy visible complejo de inferioridad del anterior mandatario.

En esta ocasión sí participó la presidente de México en los trabajos del G20, pero los temas que llevó a la reunión fueron intrascendentes. Irreales. Con ellos, evidenció la continuidad del anterior gobierno. Llevar el tema de sembrar vida denota falta de imaginación y ─lo reitero─ el propósito de querer desenvolverse conforme a los dictados del anterior gobierno.

Seguir hablando de “humanismo mexicano” cuando hubo 200 mil muertos en el sexenio anterior es, por decir lo menos, un despropósito y una incongruencia; es no tomar en cuenta la realidad mexicana que suma la desaparición de miles de personas y, cuando menos, el 95 % de delitos no investigados. Con ese “humanismo mexicano”, el país se despoblará.

Relaciones Exteriores demostró ineficacia e ignorancia de lo que pasa en el país. También, falta de decisión para abandonar los temas fracasados de la anterior administración. Con seguridad, Biden, Xi Jinping, Macron y otros líderes mundiales se abstendrán de enviar especialistas a México porque ya saben sembrar arbolitos.

Relaciones Exteriores tiene una historia extraordinaria; un registro de iniciativas de carácter regional y mundial que fueron atendidas, en su momento, por la comunidad internacional. En la SRE estuvieron diplomáticos de la talla de Ezequiel Padilla, quien tuvo a su cargo la diplomacia mexicana en tiempos de la Segunda Guerra Mundial; Alfonso García Robles, premio nobel de la paz; Antonio Carrillo Flores, gran negociador ante Estados Unidos; don Manuel Tello, negociador que expandió las relaciones de México hacia todo el mundo, y Bernardo Sepúlveda Amor, artífice de la paz en Centroamérica.

Por eso fue decepcionante que la presidente de la República fuera al G20 a repetir los fracasados programas del gobierno anterior. “Sembrando vida” no solo resultó un fiasco en México; también lo fue en Guatemala, Honduras y El Salvador.

Dedicar miles de millones de dólares a la siembra de arbolitos es arar en el desierto. El mundo es como es. Las potencias, que lo han sido por siglos, son como son y lo seguirán siendo; ninguna propuesta ilusoria las va a cambiar. Menos se dejarán influir por regímenes que les hablan de humanismo cuando han permitido 200 mil muertes violentas en seis años.

Menos, si el gobierno anterior (al que el actual le da dócil seguimiento) endeudó al país como ningún otro en la historia de México. El pago de intereses de esa deuda y el déficit fiscal del 5.9 % paralizarán el desarrollo del país durante cuando menos los próximos dos años, aunque las actuales autoridades lo nieguen una y otra vez.

Ojalá que la inversión extranjera promovida por los tratados comerciales de México y por su situación geopolítica no se detengan. Y continúen demostrando que México es imparable en la economía mundial por las ventajas que son de todos conocidas.

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