Propuesta geopolítica para el México del 2050

Por el General de División DEM retirado Roberto Badillo Martínez
Imagen ilustrativa: Gobierno de México
Sin tomar en cuenta el tipo de gobierno que tenga México en los próximos 25 años, nuestro país debe ubicarse, con acciones y no con palabras, en el ámbito continental y mundial.
Propongo, para tal efecto, las siguientes acciones:
- Dejar en claro que pertenecemos a la civilización occidental.
- Reconocer el mestizaje del pueblo mexicano.
- Rechazar las ideologías extranjeras porque dividen al pueblo de México
- Admitir la ingobernabilidad de América Latina.
- Aceptar que nuestro ámbito geopolítico es América del Norte.
- Consolidar a América del Norte como un bloque poderoso.
- Promover la reincorporación de Centroamérica a la patria mexicana.
Con la venia del amigo lector, procedo a explicar cada uno de los siete puntos que integran mi visión de México para los próximos 25 años.
I. México pertenece a la cultura occidental
Es preciso dejar en claro que pertenecemos a la civilización occidental creada por Grecia y la Roma cristiana. No somos chinos, rusos, indios o africanos.
Las cosmovisiones de esos pueblos son diferentes a la nuestra; nosotros las respetamos y pedimos el mismo respeto para la mexicana.
La masonería enquistada en México es la principal responsable de que se propaguen en nuestro suelo cosmovisiones contrarias al pensamiento occidental cristiano. Las logias saben que las crisis de identidad debilitan a los pueblos y los hacen manipulables. También, a los gobiernos impuestos por ellos (corruptos, materialistas, ateos, herejes, socialistas, comunistas, anarquistas y/o nihilistas) que aplican sus postulados ideológicos antipatrióticos, toda vez que los mantienen mientras les sirven y luego, los tiran a la basura de la historia como quien tira las cáscaras del limón al que se le exprimió todo el jugo.
II. El pueblo mexicano es mestizo
Es absolutamente necesario que se reconozca que los mexicanos somos herederos, por un lado, de los pueblos originarios de Mesoamérica y, por el otro, de los celtas e iberos.
Nuestro ADN tiene, en mínima parte, herencias de otros países europeos, asiáticos y africanos. En lo esencial, repito, venimos de los pueblos mesoamericanos, de los celtas y de los ibéricos. Debemos estar orgullosos de ello y proclamarlo.
Un gobierno que niega esta verdad no representa al pueblo de México; puede, eso sí, representar a otro pueblo, a otra sangre, a otro ADN; pero no a los mexicanos.
III. Las ideologías extranjeras dividen al pueblo de México
Los gobernantes deben comprender que la identidad es inherente al ser humano. Soslayarlo equivale a validar tantas injusticias como se han cometido a lo largo de los siglos y los milenios.
¿Existe algún otro pueblo que tenga los mismos orígenes del mexicano? ¿Los olmecas, los toltecas, los tarascos, los mayas, los mexicas llevaron sus culturas a América del Sur, a Europa, Asia o África? ¡Por supuesto que no! El encuentro de culturas y el virreinato tuvieron aquí características únicas. Nadie en su sano juicio lo puede negar.
Las ideologías extranjeras que buscan la opresión de las personas (fomentando la lucha de clases y el odio entre los distintos estratos sociales) terminan por derrumbarse tarde o temprano. Lo vimos, por ejemplo, con la URSS. Y lo veremos con los regímenes comunistas que oprimen a los cubanos, los nicaragüenses y los venezolanos. Tal vez no le toque a mi generación, ni a la que le sigue, pero árbol malo no da frutos buenos.
A partir de 2025, debemos terminar con las utopías. Las plataformas de gobierno deben ser realistas y constructivas. Ya basta de ocurrencias y de egoísmos; de querer cambiar al mundo y a otros países.
La Constitución mexicana lo prohíbe expresamente, amén de que jamás se logrará. Nuestra experiencia nos dice que la integración con algunos países latinoamericanos es muy difícil, casi imposible. Dejemos que cada país forje su destino, de acuerdo con sus posibilidades y argumentos históricos.
IV. La ingobernabilidad de América Latina
La integración latinoamericana fue visualizada por Agustín de Iturbide y por Simón Bolívar, quienes exploraron la posibilidad de consolidar una alianza entre el Imperio Mexicano y la Gran Colombia. El proyecto no cristalizó porque ─entre otros factores─ Iturbide fue derrocado por las logias.

Imagen: Getty vía BBC Mundo
De entonces para acá, la integración latinoamericana ha dado pie a discursos inflamados de demagogia o de ingenuo idealismo, pero nada más. La región lleva en su pecado la penitencia. Se dejó embaucar por los masones y renunció a la unidad monolítica estratégica que le había heredado España.
Hoy, las naciones latinoamericanas están en poder de políticos y de partidos que actúan al más puro estilo de los delincuentes organizados.
Latinoamérica es ingobernable porque se dejó arrebatar su esencia cristiana y fue convertida en una cueva de ladrones. La unidad latinoamericana es imposible en estas condiciones.
V. Nuestro ámbito es América del Norte
Es fundamental que los gobiernos mexicanos ─sin diferencia de ideologías─ reconozcan que pertenecemos a Norteamérica. Cualquier tipo de gobierno, lo subrayo, debe esforzarse porque esta circunstancia beneficie al pueblo mexicano en todos los sentidos: históricos, culturales, sociales, económicos, financieros, bancarios, comerciales, educativos, turísticos, gubernamentales y militares.
Nuestro ámbito geopolítico no está en Cuba, en Centroamérica o en América del Sur. Está en Norteamérica. Es hora de que ─insisto─ calibremos bien nuestras fuerzas y que desterremos los complejos.
México tiene actualmente 130 millones de habitantes y otros 42 millones de mexicanos o descendientes de mexicanos que viven en Estados Unidos.
No somos, ciertamente, el gigante que le va a competir a los EE.UU. No. Ese rol lo quiere jugar Brasil, al que le deseamos que le vaya bien.
Tenemos en suelo estadounidense a 42 millones de mexicanos que nos facilitan esa integración. Nuestras familias, nuestra religión y costumbres ya están allá. Nuestra trágica historia la conocen esos millones de mexicanos que viven allá.
Nuestra cercanía territorial es otra ventaja que nadie tiene para la integración con Estados Unidos y Canadá. Solo México. Vale ciertamente el dicho de que “la frontera no nos separa; nos une”.
Tenemos una cultura históricamente fuerte, como nación y como pueblo, que se expresa todos los días en ambos países. Somos, además, el pueblo más trabajador del mundo; no lo digo yo, lo dicen los organismos correspondientes.
VI. El poder de América del Norte
Hoy, el mundo busca lenta pero irremediablemente la unión de continentes, más que de países. Por ello, México, Estados Unidos y Canadá deben trabajar juntos, día con día, en pro de una mayor integración.
La competencia del futuro será entre bloques de países o entre continentes. Por ello, Norteamérica debe estar cada día más integrada en todos los ámbitos. Eso implica la integración de sus gobiernos y de sus pueblos.
Las guerras de bloques de naciones podrán llevarse a cabo en cualquier parte del mundo. Ninguna región ni ningún país estarán exentos de ese peligro.
Por eso, México debe buscar en forma ascendente una integración militar con Norteamérica. Debemos, adicionalmente, buscar la integración a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a Europa occidental. Hacerlo sin complejos. De manera paulatina; determinando en cada paso nuestros alcances de acuerdo con nuestros recursos.
Solo así seremos respetados.
Propósitos de la OTAN

En caso de un conflicto global, no nos va a defender China. Tampoco Rusia o la India. Nos vamos a defender como norteamericanos (como parte de México, Estados Unidos y Canadá).
Este paso debe darse con extrema inteligencia y con extremo patriotismo para no pisar en falso. Solo así seremos respetados.
Por ello, antes de que esto ocurra, debemos adquirir nuestros materiales militares en América del Norte y en Europa. Personalmente ─repito, personalmente─ nunca estuve de acuerdo en que se compraran materiales militares fuera de Norteamérica y de Europa occidental. Nuestros mayores intereses no están fuera de América del Norte ni de Europa occidental. Seré enfático: están en el norte de América y en el occidente de Europa. Además, la tecnología de estas áreas continentales es la mejor.
Resumo, pues, mi propuesta militar: debe propiciarse una mayor integración de México con América del Norte y con Europa occidental.
Seré aún más específico: mayor integración “con”, no mayor integración “a”.
Debemos formar la economía y la industria más exitosas del mundo. Hacerlo los tres países. Primero, Norteamérica; luego, Norteamérica, y después, Norteamérica.
Solo así seremos fuertes en todos los ámbitos y proyectar confianza a nuestros aliados. Trabajaremos, entonces, con la tecnología occidental. Sumaremos a Australia, a Japón, a Corea del Sur, a Nueva Zelanda y a algunos países asiáticos como Filipinas y ─tal vez─ Vietnam, que tiene severos problemas con China. Incluso, con algunos africanos como Sudáfrica y Egipto.
Sin embargo, nuestra fuerza (económica, manufacturera, industrial, comercial, bancaria, universitaria, científica, tecnológica y aun deportiva) debe ser, sin duda, la de Norteamérica.
Esa es nuestra área. A Norteamérica la tenemos cerca, formamos parte de ella. Nuestras principales relaciones territoriales se dan dentro de ella; también, las históricas, políticas y humanas.
Si despreciamos a Norteamérica como nuestra casa, seremos un fracaso continental. Un fracaso gubernamental y humano.
VII. El regreso de Centroamérica
He dejado al final de mi propuesta ─que bien pudo titularse “México 2050”─ la cuestión histórica e irredenta de la desmembración de México y la atomización de Iberoamérica.
En la cumbre del virreinato, llegamos a tener más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde Norteamérica hasta América del Sur, pasando por el Caribe y América Central.
Las posesiones de España en América iban desde la isla de Vancouver (hoy Canadá) y la península de Valdés, en Alaska (hoy de Estados Unidos) hasta la Tierra del Fuego. La corona española se extendía hasta Filipinas (que tiene hoy más de 100 millones de habitantes), las islas Marianas (la más grande de las cuales es Guam) y… ¡hasta el norte de Taiwán!
La Nueva España se extendía hasta la frontera con Oregón (hoy un estado de EE.UU.) y comprendía la Alta California, Arizona, Nuevo México, Texas, Utah, Nevada y parte de Colorado). Todo esto nos quitaron los gringos durante el siglo XIX.
Todo eso era de la Nueva España y, por la independencia, se perdió todo. Nos quedamos solo con lo que tenemos.
Fuimos potencia mundial durante casi 250 años, fuimos el eje esencial de la segunda globalización, después de la romana, pero ─lo reitero─ todo se perdió con la dizque “primera transformación”. No hubo transformación. Hubo tragedia. Se perdieron alrededor de 5 millones de kilómetros cuadrados. Empero, aquí estamos en 2025.
Por nuestra ubicación geográfica, estamos en posibilidades de ofrecerle a Centroamérica su reincorporación a la patria mexicana. El nombre de Nicaragua significa “nic-anahuac”, o sea, “hasta aquí llega el Anáhuac” o “hasta aquí llegaron los nahuas”. Sí: hablo de las siete tribus que salieron de Aztlán al que, por cierto, hay que localizarlo.
Centroamérica es mexicana, tiene antecedentes nahuatlacas. Los centroamericanos no perderían nada. Absolutamente nada. Y lo ganarían todo, máxime si se consolida el bloque de América del Norte con la participación sólida de México.
En un escrito especial me referiré ampliamente a este asunto.
