Veracruz en la Historia

  • Veracruz, primer Municipio de América continental
  • Veracruz, primera Región Militar de México y de América Continental
  • Veracruz, primera Región Naval de México y de América Continental
  • Veracruz, punto de encuentro entre civilizaciones mesoamericanas y los españoles constructores del Virreinato de la Nueva España
  • El Virreinato de la Nueva España se expandió en todas direcciones hasta abarcar más de siete millones de kilómetros cuadrados

El siguiente trabajo proyectará a Veracruz hacia el futuro, a partir de su glorioso pasado.

Por el Gral. de División DEM retirado, Roberto Badillo Martínez

Imagen ilustrativa: Imagen del Golfo

Importancia fundacional y fundamental

La primera etapa, la del encuentro del mundo europeo con lo que después se llamó América, es fundacional y fundamental. Aquí, en lo que ahora es la ciudad y puerto de Veracruz, se inició el cambio histórico de las civilizaciones mesoamericanas y del europeo que llegaba en plan de búsqueda de nuevos territorios; cambio que finalmente favoreció el surgimiento de una nueva civilización: la mexicana (que transita el siglo XXI orgullosa de lo que ha sido, de lo que es y de lo que la historia le reserva para el futuro).

Esto es así, pues lo esencial de cualquier obra humana es el principio, el inicio. Sin esto no hay un camino. No hay un desplazamiento. No hay creaciones humanas de ninguna naturaleza.

Esto se ha olvidado deliberadamente en el México actual por lo que más adelante explicaré.

La primera etapa fundacional, fundamental, sangrienta, humanística, religiosa, de luchas militares que incluyeron hazañas inconmensurables que aún no han sido contadas, termina administrativa y gubernamentalmente con la creación ─el 8 de marzo de 1535─ del Virreinato de la Nueva España, con sede en la antigua capital de los aztecas, México-Tenochtitlan (solamente unos catorce años después de la caída de Tenochtitlan).

A partir de la creación del Virreinato de la Nueva España, el crecimiento territorial de esta entidad política fue exponencial, tanto que llegó a contar en 1794, con más de siete millones de kilómetros cuadrados. Abarcaba parte de Sudamérica, el Caribe (Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, así como decenas de islas menores), Centroamérica ─con todo y el territorio de Belice que nos arrebató el reino de Gran Bretaña e Irlanda del Norte─, el territorio que actualmente forma parte de nuestro país y lo que se perdió por la invasión estadounidense de 1846-1848, facilitada por los gobiernos promotores de la independencia que desestabilizaron absolutamente a México entre 1821 y 1876, en que llegó el primer gobierno de Porfirio Díaz a la República Mexicana.

Virreinato de la Nueva España
Mapa: Wikipedia

La pérdida territorial ante los Estados Unidos ─de más de tres millones de kilómetros cuadrados─ es la más grande que cualquier país haya sufrido en centenares de años. También se perdieron el puerto de Vancouver, en lo que hoy es Canadá, y tres posesiones en Alaska: la península y la ciudad de Valdés, así como el puerto de Córdoba.

La mutilación del Virreinato de la Nueva España llegó hasta Asia, donde le arrebataron lo que es hoy la República de Filipinas ─que tiene más cien millones de habitantes y más de siete mil islas en el Pacífico occidental─ y las Islas Marianas. Incluso en la isla de Taiwán, tuvo presencia el Virreinato de la Nueva España durante un corto lapso.

Todo ese territorio formaba parte del Virreinato de la Nueva España. Y así debió conservarse cuando se consumó la independencia de México. El problema fue que la promovieron intereses estadounidenses, británicos, franceses e incluso, de traidores españoles que supuestamente servían al reino católico de España.

Esos intereses fueron promovidos a través de la secta masónica universal que estaba bien incrustada en lo más alto de esos gobiernos, incluido el del Virreinato de la Nueva España, cuyos últimos virreyes habían traído en sus alforjas a masones españoles infiltrados en la administración civil del reino, así como en sus fuerzas militares, tanto del Ejército como de la Armada española.

Su pecado original consiste en que no fueron intereses mexicanos los que la promovieron, sino que fueron los intereses imperialistas europeos, como los de Inglaterra y Francia, y los del nuevo país que iniciaba su recorrido hacia el imperialismo: el de los Estados Unidos de América.

Todos ellos estaban sometidos a la masonería universal, la cual los sigue gobernando. Por eso, continúan atacando al reino católico español, el cual ha sido penetrado por las logias hasta los niveles más elevados, incluido el trono.

La infiltración masónica al reino español llegó a través del territorio de Gibraltar, mismo que Inglaterra le arrebató formalmente a España en 1713.

Estrecho de Gibraltar
Mapa: Instituto Cartográfico de Cataluña, vía National Geographic

A Gibraltar, llegó la masonería inglesa en las primeras décadas de 1700, y de ahí penetró al gobierno del reino español, principalmente a sus fuerzas armadas (ejército y marina), y también al propio gobierno civil español.

No le llevó más de un siglo a la masonería universal derrumbar al gobierno católico español en todo el mundo que ocupaba. Por cierto: en ninguna escuela de América se enseñan estas verdades.

Ese es el pecado original de la guerra de independencia, mismo que ha provocado la división política de la nación y del pueblo de México, división que perdura hasta nuestros días; y que ha costado millones de muertes inocentes en el territorio mexicano. Bien lo dijo Jesucristo: todo reino dividido va a la ruina.

El último virrey, de nombre completo Juan Rafael Teodomiro de O’Donojú y O’Ryan, descendiente de irlandeses británicos, representaba fielmente los intereses de la masonería británica, y no los intereses del reino de España. Por esa razón, propició la firma de los Tratados de Córdoba, aun cuando se duda de que tuviera genuina representación legal para rubricarlos.

Juan de O’Donojú
Foto: Wikipedia

Quien llame “transformación” a la Independencia de México, o sea, un cambio para bien de México, es un ignorante o un maiceado (por más grados universitarios, académicos y masónicos que tenga).

Nadie transforma a un país para perder más de tres millones de kilómetros cuadrados. Nadie transforma a un país para hundirlo en una lucha violenta interminable a través de más de dos siglos.

Nadie transforma a un país, como era en su tiempo el Virreinato de la Nueva España ─el más poderoso y desarrollado de América y con influencia en tres continentes (Europa, América y Asia)─ para convertirlo en un país dependiente del imperialismo norteamericano.

Nadie transforma a un país, para propiciar la expulsión, en su propio territorio, de millones de mexicanos en las condiciones más miserables y terribles que muy bien se conocen. Han sido expulsados hacia los Estados Unidos porque aquí se les niegan oportunidades de vida.

Nadie transforma a un país independizándolo de una metrópoli que está a 9 mil kilómetros de distancia y lo hace dependiente ─hasta nuestros días─ de un país que inicia su carrera imperialista y que está a unos centímetros de su territorio.

Es la mayor tragedia que ha sufrido nuestro país en su historia. Y la segunda mayor tragedia es la criminal Revolución Mexicana, que asesinó a más de un millón de mexicanos, en su mayoría inocentes, cuando México sólo tenía 14 millones de habitantes. Ahora, ya se sabe que fue promovida por Estados Unidos.

Consigné al iniciar este escrito que la etapa fundacional del primer municipio de América Continental, llamado Veracruz. está olvidada hasta nuestros días. En efecto, cuando se cumplieron 500 años de su fundación, el 22 de abril de 1519, el presidente de México estaba en la Ciudad de Veracruz. Lo reitero: estaba en Veracruz exactamente el 22 de abril del 2019. Sin embargo, no participó en ninguna actividad relacionada con la fundación del primer municipio de América Continental.

La ignorancia de este acontecimiento por parte del más alto representante político de la nación es verdaderamente vergonzosa e increíble. No conoce los hechos que constituyen un hito en la historia de un país. Y es peor aún cuando ese acontecimiento es el inicial, el que llegó a formar y a conformar lo que ahora es México.

Hernán Cortés funda la Villa Rica de la Vera Cruz el 22 de abril de 1519
Foto: Gobierno de México

Esta ignorancia tiene varias explicaciones:

Primero: quiere decir que después de 200 años, la ideología de los que lograron la independencia es la misma. Y esa ideología proviene de la secta masónica que ha gobernado al país desde entonces. Todo México sabe el carácter masónico de López Obrador. Sus brazos cruzados hacia el frente para saludar a sus acarreados, que en muchas ocasiones se accidentan y producen muertes de humildes mexicanos. Sus hermanos masones han confirmado la pertenencia de AMLO a la secta.

Segundo: a esa ideología masónica se le ha agregado ─sin saber─ lo que representa negativamente en la historia de la humanidad la ideología comunista, nacida del Manifiesto del Partido Comunista de Carlos Marx y Federico Engels, publicado en 1848. Y esta idea comunista, seguramente conocida por los liberales ilustrados del siglo XIX que estuvieron todos alrededor de Benito Juárez y sus innumerables traiciones a México, fue impulsada grandemente durante la Revolución Mexicana, por personajes que participaron en ella, que imitaban todas las ideas políticas supuestamente sociales que llegaban del continente europeo.

Se tiene perfecto conocimiento de todos esos personajes, que enarbolaron banderas socialistas, comunistas, revolucionarias e izquierdistas. Su participación en la Revolución Mexicana detuvo el desarrollo del país durante 30 años, de 1910 a 1940, para beneficio del imperialismo estadounidense. Hubo incluso tratados entre México y Estados Unidos, tan secretos por traidores al país, que solo se fueron conociendo después de los años cincuenta del siglo pasado.

Esto no puede ser negado por los masones y comunistas que han gobernado a México desde la Revolución Mexicana. Mejor se agachan, se esconden o no discuten estos temas. Tampoco, por los intelectuales maiceados, a los que ya me he referido.

Incluso participó un general masón neozelandés que estuvo con Pancho Villa en la Revolución Mexicana y que ─después en la Segunda Guerra Mundial─ apareció como comandante de las fuerzas militares neozelandesas que acompañaron a los estadounidenses en la destrucción y arrasamiento del monasterio católico de Monte Casino, Italia. Todo está perfectamente documentado.

Desde la Revolución Mexicana, todos los gobiernos ─hasta nuestros días─ han estado motivados por el socialismo, el comunismo internacional y por los intereses de la masonería que son comunes en esas ideologías, sin que la mayoría de los masones estén enterados. En más de cien años, solo ha habido tres presidentes católicos que se sepa:

  • Manuel Ávila Camacho, quien dijo “soy creyente” para terminar la lucha comunista de Lázaro Cárdenas yPluraco Elías Calles contra el pueblo de México; que tuvo su máxima expresión, en la criminal guerra cristera contra el pueblo y en la imitación del reparto de la tierra en ejidos, copia del reparto soviético de la Revolución Rusa.
  • Gustavo Díaz Ordaz, quien detuvo a los comunistas en el año 68 del siglo pasado, en su asalto al poder político, mismos que quisieron izar en la plaza de la constitución de la ciudad de México su trapo rojo comunista. Y quien dejó una frase para la historia, que desde luego no se enseña en las escuelas de México: “En México existen todas las libertades, menos una: la libertad para terminar con las libertades».
    Si los comunistas hubieran tomado el poder en el año 68 del siglo pasado, seguramente una de las mejores olimpiadas que se han desarrollado en el mundo, la hubieran cancelado. Y México estaría convertido en un país miserable y pedigüeño como Cuba.
    No seríamos como el México de ahora: desarrollado, integrado al mundo occidental, de pujante economía, con una niñez y una juventud que aún tienen futuro (que tienen como límite sus propios sueños y ambiciones).
  • Enrique Peña Nieto, a quien vi por televisión, comulgar. ¿Lo hizo sinceramente? Solo Dios y él lo saben.

Probablemente, Miguel de la Madrid Hurtado también fue católico. Los dos panistas, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, seguramente por miedo a la masonería mexicana no manifestaron públicamente sus creencias.

Todos los demás presidentes, la mayoría universitarios, fueron conocidos por sus ideas socialistas. Y también los generales de la revolución ─muchos de los cuales apenas terminaron la primaria─ enarbolaron banderas socialistas, sin saber lo que es el comunismo. Los más de ellos eran representantes de la masonería.

Por ello, debemos reconocer con todas sus consecuencias que la secta masónica es la que gobierna a México desde la mal llamada independencia hasta nuestros días, y que además ha reforzado su ideología con las ideas comunistas. Ideas que se encuentran en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Y en los libros de texto gratuitos distribuidos por el gobierno mexicano, escritos, revisados y actualizados por comunistas.

Un gobierno así planteado ─ateo y perseguidor del verdadero cristianismo─ solo lo han tenido en el transcurso del siglo XX los países comunistas encabezados por la Unión Soviética (que sometió a países de Asia, Europa Central y Oriental; de Europa Balcánica y los países Bálticos del norte de Europa) y la China comunista en Asia. Todas esas más de veinticinco naciones fueron derrumbadas en 1989 por su corrupción, su falta de libertades y su sanguinario sistema político que asesinó conservadoramente a más de 150 millones de personas. La China roja, para preservar su régimen sanguinario, cambió desde los años noventa su régimen económico, pero su sistema político sigue siendo sangriento, sin oposición y de partido único: el comunista.

De ese calibre es el sistema político que ha regido a nuestro país desde la independencia hasta nuestros días. No se ha ido a los extremos de la Unión Soviética y de la China comunista por la fuerte presencia del pueblo mexicano que se manifestó en la guerra cristera, en la que demostró su valentía y religiosidad, con las que puso en jaque al ejército de la revolución, el cual fue salvado paradójicamente por buena parte del clero católico.

Guerra cristera
Foto: Concepto

Pues bien, al fundar Hernán Cortés, el primer municipio de la América Continental, sin duda también instituyó ante la historia ─aunque sin materializarlas─ otras instituciones como son:

– La Primera Región Militar de la América Continental. Por ello propongo, que, a más de 500 años del suceso, la organización militar mexicana tenga su Primera Región Militar en la Ciudad y Puerto de Veracruz.
– Es el caso también de la Primera Región Naval de la América Continental. Por ello propongo, que, a más de 500 años del suceso, la organización naval mexicana tenga su Primera Región Naval en la Ciudad y Puerto de Veracruz.
– Y que ambas regiones de comando regional tengan instalaciones dignas y no como las militares que actualmente se encuentran en ese puerto (Boca del Río, Ver.), que son instalaciones indignas y vergonzosas de lo que representan ante la historia. Esas instalaciones militares parecen las de un país bananero. Deben destruirse las actuales, y construirse nuevas y dignas, tanto militares como hospitalarias. El municipio fundacional y fundamental de México que es Veracruz, lo merece.

Eso se llama organización histórica, la que todo país con la importancia de México debe asumir.

No dudo que otros tipos de instituciones nacionales, se derivan del hecho fundacional del primer municipio de América Continental. Me refiero a esto en carácter de militar retirado, que ─por cierto─ aclaro que no tengo la representación de ningún militar en activo o retirado; y tampoco la de ningún civil, al escribir de estos asuntos. Son mis opiniones. De nadie más.

Sin el principio histórico del primer municipio fundado en la América Continental en el que hoy tenemos el Puerto y Ciudad de Veracruz, que se hizo el 22 de abril de 1519, diversa sería la historia de México. Nadie puede decir cómo hubiera sido. Solo puede haber suposiciones. Solo puede haber imaginaciones al respecto.

Villa Rica de la Vera Cruz.
Autor: Joannes Vingboost (tinta y acuarela sobre papel [1661])
Fuente: Gobierno de México

Lo que sí sabemos es que después de la creación del primer municipio, llamado Villa Rica de la Vera Cruz, se formaron miles de municipios en México. E incluso, en todo el territorio que se perdió ante el gobierno estadounidense y también, por cierto, esta organización ─la del municipio─ llegó a lo que hoy es la República de Filipinas, a Centro América y la región del Caribe. De ese calibre es la creación del primer municipio en el territorio continental mexicano.

Por ello, insisto, se soslaya la importancia del municipio de Veracruz en nuestra historia nacional, debido al carácter masónico y comunista del poder público.

Sin ese hecho fundacional histórico, el Virreinato de la Nueva España creado en 1535 (que llegó a tener más de 7 millones de kilómetros cuadrados en 1794 y que estuvo gobernando casi 300 años por la corona española), jamás hubiera logrado el mestizaje de los pueblos mesoamericanos y de los europeos. Esa grandeza territorial fue lograda por esos dos grupos humanos. No es más importante ni uno ni otro.

Por ello asiento, que los llegados a Veracruz y los pueblos mesoamericanos fueron los creadores del Virreinato de la Nueva España. Este aspecto no se enseña en la historia de México, que, por no ser verdadera, es confusa, mentirosa y tergiversada. Es nuestra penitencia histórica como nación.

Y de esa etapa grandiosa territorialmente, extraordinaria por el mestizaje, unida por la religión, nació nuestro México actual. Mutilado, robado, agredido al independizarse con ideas ajenas, que representaban a los imperios de la época y no a los intereses del pueblo de México.

Por ello, estoy seguro de que esas ideas extranjeras ─que iniciaron la independencia de México─ han ocasionado que la ciudad y puerto de Veracruz, y también el estado de Veracruz hayan sufrido abandono gubernamental en diferentes etapas de su historia.

Durante todo el virreinato, el Puerto de Veracruz fue el más importante de México. Clave en la segunda globalización mundial, que se estableció por el reino de España, mediante la creación del comercio y el tráfico de ideas entre Europa, América y Asia. La llamada Nao de la China traía los productos de Asia, desde Manila, Filipinas, en aquel tiempo parte del Virreinato de la Nueva España y del reino español hasta el Puerto de Acapulco (en cuyo Fuerte San Diego existe un museo dedicado a esa gloriosa etapa de la historia universal, en la que Veracruz y Acapulco fueron parte esencial).

Monumento a la Nao de China ubicado en la Plaza México de la ciudad de Manila, Filipinas. Foto: Ramón F. Velasquez, vía Wikipedia

Del puerto de Acapulco llegaban las mercancías hasta la capital de la Nueva España y de ahí, al puerto de Veracruz, desde donde se enviaban a los puertos españoles de Europa. Fue la época más importante del Virreinato de la Nueva España, porque ese comercio incluía partes de Asia como la India y la China. Las monedas españolas y del Virreinato de la Nueva España eran utilizadas en esos países y otras partes de Asia porque provenían de un estado fuerte llamado Virreinato de la Nueva España.

En toda esa etapa, Veracruz fue crucial para el Virreinato de la Nueva España y las construcciones que así lo demuestran prevalecen hasta nuestros días en el centro histórico del puerto, el cual está totalmente abandonado en la actualidad. Están en los fuertes de San Juan de Ulúa y Perote, que fueron de las obras más importantes de España en todos sus dominios. Están en las ciudades fundadas por los europeos en varias partes del territorio veracruzano, como Coatzacoalcos y Pánuco, solo por mencionar los extremos del estado y cuya fundación normalmente no se celebra. Están en el hospital militar novohispano, que se encuentra totalmente abandonado. Están en los caminos reales por todo el estado de Veracruz, algunos de ellos abandonados y otros convertidos en carreteras. Están en haciendas productoras de animales y de bienes para el ser humano, por todo el estado de Veracruz, la mayoría en total abandono. Están en catedrales, iglesias, conventos, templos católicos e incluso capillas en las sierras y montañas del estado de Veracruz. No hay historiadores para relatar esas historias de nuestro estado. Están en las construcciones religiosas quitadas a la iglesia por el gobierno de Benito Juárez, muchas de ellas abandonadas o incluso, convertidas en estacionamientos.

He leído en algún libro referente al Estado de Veracruz cómo las conductas subían hasta la capital de la Nueva España llevando las mercancías que en el intercambio de la globalización llegaban al puerto desde Europa. Muchas tenían como destino la capital de la Nueva España; pero otras eran destinadas a Manila, Filipinas, pasando por el puerto de Acapulco.

Así fue la segunda gran globalización de la historia de la humanidad. Y esa historia no la tenemos en México por escrito, porque fue grandiosa, porque fue protagonizada por el Virreinato de la Nueva España y todo eso causa envidia a los gobiernos de la masonería que iniciaron la independencia. (Estos gobiernos han mandado a dormir a toda esa historia).

Las conductas trasladaban de un lugar a otro las mercancías de todo tipo, conducidas por mulas mexicanas y sé también que llegaron a existir conductas que tenían hasta 250 mulas cargadas de mercancías. Todo ello a través de selvas, montañas, ríos y pantanos, que tenían paraderos para descanso en varias partes de los recorridos. Xalapa y Perote fueron paraderos de esos viajes. Imaginemos cómo serían esos viajes de mercancías, bien organizados, porque también he leído que un solo hombre controlaba unas diez mulas para toda su atención durante el viaje. Nunca he visto ninguna película mexicana al respecto.

«Centinela permanente e insustituible de la Patria»

Ya se ha dicho que por el Puerto de Veracruz entró y salió todo lo bueno y todo lo negativo que tuvo el Virreinato de la Nueva España. No solo personajes que hicieron la historia de esos casi 300 años, sino las ideas políticas y religiosas que conformaron el pensamiento del México actual.

A partir de la independencia, Veracruz siguió siendo importante en su puerto, pero al mismo tiempo recibió las agresiones de los imperios que con sus ideas masónicas supuestamente libertarias iniciaron la Independencia de México. El pueblo veracruzano supo defender dignamente ─en varios casos con las armas en la mano─ al resto del país, donando generosamente la sangre de sus hijos para lograr ese propósito. También la de algunos militares del ejército, oficiales y cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar. Gloria eterna a esos defensores.

Por ello, aquí recuerdo una frase del único presidente mexicano reconocido como honrado, que se llamó Adolfo Ruiz Cortines, que por cierto tuvo como lugar de nacimiento el Puerto de Veracruz: “Veracruz, centinela permanente e insustituible de la Patria».

Adolfo Ruiz Cortines en 1952.
Foto: Wikipedia

Como todo el país, Veracruz, la ciudad y el estado, cayeron en desgracia desde el inicio de la independencia hasta el año de 1876. Luchas internas entre hermanos, facciosas, partidistas, de masones yorkinos y de masones escoceses, desgarraron toda la república. En esa etapa, muchas partes de la república fueron invadidas por el imperio del norte y solo los pueblos de esas regiones defendieron a México y a su territorio. (Hubo extremos increíbles como es el caso de Nuevo Laredo, Tamaulipas, cuyos ancestros, al quedar en el lado de Laredo, Texas, perdida por nuestro país, pasaron el Río Bravo hacia el sur y fundaron la hoy próspera ciudad de Nuevo Laredo, en el Estado de Tamaulipas).

México tiene el territorio actual por esos defensores anónimos, también olvidados. No sé cómo llamar a esa etapa que conservó a la parte del territorio nacional que tenemos hasta ahora. No sé si existen los milagros para proteger a un país. O si es la suerte es la que lo protege. Sin embargo, de toda la grandeza territorial del Virreinato de la Nueva España de más de siete millones de kilómetros cuadrados, nos quedamos hasta la actualidad con casi dos millones de kilómetros cuadrados. En un territorio maravilloso, reconocido así por propios y extraños. Lo dijo el cantante Juan Gabriel con absoluta razón: “En la faz de la tierra, como México no hay dos”.

Somos territorialmente el décimo cuarto país más grande del mundo. Y con 135 millones de personas en la actualidad, seguiremos hacia adelante, hasta obtener más logros, que honren a la nación y al pueblo de México. Nuestra historia ha sido triste y a la vez luminosa. Ha sido trágica y a la vez gloriosa. Triste y trágica porque desde la independencia, la han escrito masones y comunistas traidores a la patria. Serviciales con el imperialismo estadounidense, al que supuestamente se oponen con gritos y manifestaciones, pero al que en realidad han servido históricamente y sirven con sus acciones.

La etapa del gobierno de Porfirio Díaz fue gloriosa para el Puerto y Estado de Veracruz. Se construyó el más importante puerto de América Latina en la Ciudad de Veracruz. Llegó por primera vez en México la luz a esta ciudad. Veracruz fue un gran estado productor de materias primas, electricidad y petróleo. El auge petrolero comenzó en las tierras veracruzanas. Se terminó también el Puerto de Coatzacoalcos en el sur del estado y el de Salina Cruz en Oaxaca para unir a los dos océanos más importantes del mundo, el Atlántico y el Pacífico.

Pero no solo eso: se construyó un ferrocarril transístmico para trasladar mercancías de un océano a otro. Estas dos obras fundamentales de Porfirio Díaz, sin duda, fueron una de las tantas consecuencias de que Estados Unidos haya promovido la mal llamada Revolución Mexicana, que provocó un estancamiento de 30 años en nuestro país. Los estadounidenses trabajaban en la construcción del Canal de Panamá y no querían competencia de ninguna naturaleza para el traslado de mercancías en los dos océanos. Esto no lo enseñan en universidades ni en escuelas mexicanas. La intervención estadounidense para provocar la tragedia de la Revolución Mexicana ya está completamente demostrada.

Durante los gobiernos de don Porfirio Díaz, todo el Estado de Veracruz tuvo primicias. Estaciones hidroeléctricas para producir electricidad que todavía están en operación. Plantas de aguas residuales, las primeras de América Latina que todavía están en operación. Si quieren conocer una, visítenla en el municipio de Medellín de Bravo, Veracruz. Puentes espectaculares por todo el Estado de Veracruz que todavía están en operación. Escuelas, pueblos espectaculares que ahora son pueblos mágicos como los de Orizaba, Córdoba, Coatepec, Xico, Naolinco y otros más que tienen ─para los siguientes siglos─ plazas, avenidas, iglesias y edificios novohispanos que visitar. La creación de la Heroica Escuela Naval Militar. Hubo orden y organización gubernamental en todo el estado de Veracruz.

Ese fue, sin buscarle mucho, el periodo de Porfirio Díaz para el Estado de Veracruz.

Terminó el régimen de Porfirio Díaz para lo cual el imperio yanqui promovió la Revolución Mexicana. Desde entonces en las escuelas, universidades y desde el gobierno mexicano, no se enseña el desastre monumental que significó la revolución para México. Paralizó la estructura económica y social del país durante 30 años. Asesinó impunemente a más de un millón de mexicanos y expulsó a más de un millón de los más pobres del país, en las condiciones más miserables que puedan existir. Los revolucionarios son los héroes ante el pueblo de México. Es la historia de México escrita por sus traidores. Esto es irrefutable. No se puede esconder. Y cada día más mexicanos lo saben.

Esa paralización de 30 años, de 1910 a 1940, provocó la miseria en todas las ciudades y pueblos del territorio nacional.

Veracruz pasó de ser un estado de vanguardia, a ser la sexta economía del país. Y en unos años más, será difícil encontrarlo entre las diez primeras economías de la república. El norte del estado de Veracruz, a pesar de tener un puerto, el de Tuxpan en esa área, que lo hace el más cercano a la costa este de Estados Unidos, con sus casi 200 millones de habitantes que son los más compradores del mundo, no tiene líneas directas y permanentes de navegación hacia los puertos estadounidenses que se encuentran en esas áreas.

Políticamente, la situación anterior puede explicarse porque al estabilizarse el régimen revolucionario en la década de 1940, dos presidentes de la república en forma sucesiva, Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines, salieron de ser gobernantes de Veracruz a la Secretaría de Gobernación y después a la Presidencia de la República. La atención de esos personajes al gobierno del estado fue parcial, pues pretendían ser secretarios de Gobernación. Lo lograron y después llegaron a la Presidencia de la República.

Pero ello creo la ilusión entre la clase gobernante de Veracruz de que otros personajes podrían subir por las mismas escaleras a la titularidad del Poder Ejecutivo Federal. Todo ello llevó a un descuido en todos los aspectos para el desarrollo e industrialización del estado. Los recursos de gas y petróleo que salieron de Veracruz hacia todo el país sirvieron para la industrialización del Estado de México, del Estado de Nuevo León, de Jalisco y de otras varias regiones del país. El petróleo y gas puntuales y baratos, extraídos del generoso suelo veracruzano, desarrollaron a otros estados; pero al estado de Veracruz, los gobiernos de la revolución le quedaron a deber en todos los aspectos de la vida nacional.

Las entidades federativas que aprovecharon esa situación deben felicitarse; no son responsables del atraso de Veracruz en todos sus órdenes.

Testimonio de un militar

Militarmente, estuve destacado como subteniente de Infantería en Minatitlán, Veracruz, municipio donde se estableció por el Presidente Porfirio Díaz, la Primera Refinería Petrolera de México, que ahora se llama desde luego Refinería Lázaro Cárdenas (masón y comunista, cuya familia ha vivido del presupuesto nacional desde que el Tata quedó como único superviviente de los crímenes revolucionarios).

Estuve posteriormente destacado en el Puerto de Veracruz, en la Boticaria, Ver., como oficial de Estado Mayor. En esta etapa de mi vida, conocí muchos pozos petroleros en la cuenca del Papaloapan que fueron clausurados por Pemex cuando estimó que no eran redituables. Sin embargo, como ya se sabe, hay mucho gas y petróleo en la cuenca del Papaloapan, ya que en la actualidad el pozo Ixachi es el mayor productor de gas para México y uno de los más grandes del mundo. O sea, el sistema empleado por Pemex: es muy simple: hace una instalación pequeña para extraer gas o petróleo en cualquier parte del estado o del país, y de ahí, por ductos subterráneos salen el gas o el petróleo hacia otras entidades de la república. La explotación del territorio en donde se encuentran los yacimientos de gas y petróleo, que deberían de beneficiar en primer lugar a sus habitantes y al estado donde se establecen, así, sucumben a una explotación brutal e imperialista.

Como soy originario de la zona petrolera del norte del estado de Veracruz, desde pequeño identifiqué a los trabajadores petroleros de Poza Rica. Eran, como obreros, privilegiados. Esto hizo que ya como oficial del Ejército, me interesara todo lo relacionado con Pemex, su historia y sus actividades. Primero lo conocí como lo presenta la historia oficial, casi como una empresa heroica para el pueblo de México. Su nacionalización por Lázaro Cárdenas la vi como una etapa épica del país. Desgraciadamente, estas impresiones fueron borrándose de mi mente mientras conocía más la historia de México, de Veracruz y de Pemex. Ahora no tengo duda de que la Revolución Mexicana fue muy bien aprovechada por el imperialismo norteamericano para apoderarse del petróleo de la faja de oro de Veracruz. No tengo duda de que la nacionalización benefició al imperialismo norteamericano, que no estaba de acuerdo en que su hermano mayor, el imperialismo británico, se llevara el petróleo mexicano y veracruzano.

Cuando fui comandante de la 8/a. Zona Militar en Tampico, Tamaulipas, conocí toda la parte norte de Veracruz, la colindante con San Luis Potosí y desde luego el Estado de Tamaulipas. La faja de oro, llamada así por los miles de millones de barriles de petróleo que contenía, comienza en los límites de San Luis Potosí y Veracruz; y desde esa parte norte baja hacia el sur, hasta el municipio de Papantla en Veracruz, uno de los más grandes territorialmente del estado y uno sin duda, de los más grandes productores de petróleo y gas de la república mexicana. Algo que desgraciadamente no ha aportado beneficios a Papantla.

Poza Rica, municipio de la Zona norte del estado, no existió como tal hasta el año de 1950. Se formó quitándole espacios territoriales a los municipios de Papantla, Tihuatlán, Cazones de Herrera y Coatzintla. El auge petrolero producido por la faja de oro, la llevó a constituirse en municipio. Pero hay que recalcar que fue en los territorios de Papantla, desde su inicio, en que ha escrito su historia. Así de injusta ha sido la historia que ha escrito Pemex en todo México.

En Tampico, Tamaulipas, y su conurbación, hay muchísimas calles que llevan nombres de pueblos de la huasteca veracruzana, muchos de ellos petroleros, que lo beneficiaron grandemente porque la exportación petrolera se hacía por el puerto de Tampico. En mínima, parte considero que se hizo también por el puerto de Tuxpan, a medida que los descubrimientos de la faja de oro avanzaban hacia el sur de Veracruz. Esta historia desde luego que no está escrita porque la revolución todo lo escondió, todo lo calló, todo lo tergiversó y más tratándose de sus relaciones con el imperialismo norteamericano. Miles de millones de barriles de petróleo fueron extraídos por las compañías extranjeras. Esto dejó de interesar a los mexicanos y a sus historiadores y escritores, desde el momento mismo de la expropiación. Como se puede comprender también, para esto sirvió la expropiación petrolera.

Esta es parte de la historia todavía no contada, la que viví como militar en activo, de cómo el municipio de Papantla y el estado de Veracruz han sido explotados brutalmente en sus recursos petroleros y gasíferos por el gobierno federal.

En resumen, todas las entidades federativas de México fueron beneficiadas por el petróleo y gas de Veracruz, durante prácticamente todo el siglo XX y aun en lo que va del siglo XXI. Todos los pozos petroleros que incluyeron la faja de oro de Veracruz quedaron en cascarones o en pozos cubiertos por Pemex, cuando se agotaron o no eran redituables para la explotación de sus hidrocarburos.

Por todo ello, el Estado de Veracruz en el 2025 tiene más pobres que los estados de Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Puebla. Siendo un territorio que pudiera albergar a 25 millones de habitantes cómodamente asentados, actualmente su población es de poco más de 8 millones de habitantes y con sus 5 millones de pobres, es el estado con más pobreza poblacional. Incluso es uno de los estados que empieza a despoblarse porque sus habitantes salen a otras entidades de la república, e incluso hacia el extranjero.

Injustificable, a todas luces, la pobreza en el estado de Veracruz
Foto: Imagen del Golfo

¿Cómo puede ser esto posible, siendo Veracruz el estado físicamente con más atributos materiales para la vida humana? ¿Cómo puede faltar agua en los hogares veracruzanos, cuando el 30 por ciento del agua que se desplaza por el suelo del país lo hace en territorio veracruzano? ¿Cómo puede ser posible que 12 o 15 estados de la república están industrialmente más avanzados que Veracruz, cuando no tienen petróleo ni gas, ni elementos naturales para la vida, como son los alimentos; y que además tienen grandes problemas para proporcionar agua a los habitantes y empresas que se han establecido en sus territorios? ¿Cómo puede ser esto posible en el estado en que floreció la primera civilización mesoamericana, la olmeca? ¿Cómo puede ser esto posible en el estado en que hubo además dos grandes civilizaciones mesoamericanas, la totonaca y la huasteca?

Mención especial merecen las carreteras, las supercarreteras y las autopistas del estado de Veracruz que se encuentran en un porcentaje muy alto en desastrosas condiciones para transitarlas. En una ocasión, un político de Veracruz, hablando de estos temas, me dijo que las carreteras de Veracruz se deterioran por la gran cantidad de lluvia que cae anualmente en su suelo. Le dije que en los estados de la Península de Yucatán llovía tanto o más que en Veracruz; que los ciclones afectaban mucho más a estos estados, a pesar de lo cual sus carreteras carecían de baches, hundimientos y otros desperfectos. Y que además estaban siempre limpias. Y así pudieran alargarse por varias páginas las carencias de nuestro estado, que explican la pobreza de millones de veracruzanos.

Como militar, recorrí casi toda la república en misiones castrenses (solo me faltó el estado de Sonora), y encontré a veracruzanos en casi todas las partes en que estuve destacado. Me sentí orgulloso cuando los contacté en empresas o en gobiernos municipales y estatales desempeñando cargos distinguidos. Pero fueron los menos, me sentí triste cuando los encontré en lugares que lógicamente los llevaron ahí por necesidades de trabajo o de pobreza.

Así está Veracruz en el año 2025, con más pobreza en sus habitantes, que cualquier estado de la república. Para avanzar, hay que reconocer esta situación. El autoengaño es fatal para remediar situaciones de esta naturaleza.

Las grandes etapas de desarrollo del Estado de Veracruz, (salvo pequeños periodos) sin duda fueron el Virreinato de la Nueva España y los gobiernos de Porfirio Díaz. Eso dice la historia real. No la que cuentan los masones y comunistas. La revolución fue una desgracia para el estado y para la Ciudad y Puerto de Veracruz. Municipios que fueron creados decenas o centenares de años después, hoy superan en todos los ambientes al primer municipio de la América Continental: el municipio de la ciudad de Veracruz.

Pero la historia gloriosa de este municipio permanece en sueños como dicen los masones. Su población ─mediante el estudio y el trabajo─ podrá terminar con ese estancamiento llevándola al lugar que merece.

Este ensayo se publica el 16 de abril de 2025, tres días antes del 106.° aniversario de la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz. No hace falta decir más.

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