Más que un acto aislado, la decisión se interpreta como una señal preventiva: el recordatorio de que toda relación comercial depende no solo de los acuerdos firmados, sino de su cumplimiento integral y de la confianza mutua entre los Estados

Por Oscar Méndez Oceguera
Imagen ilustrativa: Gage Skidmore | Flickr
I. SEÑALES DESDE WASHINGTON: UN NUEVO CICLO DE TENSIÓN COMERCIAL
Las declaraciones recientes del presidente estadounidense Donald Trump, al sugerir la posible revisión o incluso la clausura del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), han introducido un elemento de incertidumbre en la relación económica más importante del continente.
La medida anunciada —un arancel del 25 % a los camiones medianos y pesados importados, vigente a partir del 1 de noviembre de 2025— se inscribe en una estrategia comercial más amplia, que busca reordenar las cadenas de suministro de Norteamérica conforme a criterios de seguridad, autosuficiencia y control de origen.
Más que un acto aislado, la decisión se interpreta como una señal preventiva: el recordatorio de que toda relación comercial depende no solo de los acuerdos firmados, sino de su cumplimiento integral y de la confianza mutua entre los Estados.
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II. EL CONTEXTO: CUMPLIMIENTO, CERTIDUMBRE Y CONFIANZA
El T-MEC no solo regula flujos de bienes, sino que exige estándares de gobernanza, transparencia y certidumbre jurídica que dan estabilidad a la inversión.
En este marco, diversos temas se mantienen bajo observación:
• La necesidad de fortalecer la independencia regulatoria y judicial, como garantía para la aplicación imparcial de la ley.
• La importancia de ofrecer acceso confiable a la energía, factor crítico para la competitividad industrial.
• Los retos en seguridad y eficiencia administrativa, que inciden en los costos y en la percepción de riesgo.
• Los tiempos de devolución del IVA y la celeridad en autorizaciones sanitarias y técnicas, que son parte esencial de la fluidez comercial.
Estas cuestiones no implican ruptura, pero sí definen el nivel de confianza estructural que los socios comerciales depositan en la operación del acuerdo.
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III. EL FACTOR GEOPOLÍTICO: NORTEAMÉRICA EN LA ERA DE LA DESVINCULACIÓN
La coyuntura actual no puede entenderse al margen del contexto global.
El arancel a camiones forma parte de una estrategia estadounidense de relocalización y control de cadenas productivas, cuyo propósito es reducir dependencias externas —especialmente con Asia— y consolidar la producción dentro del hemisferio.
En este sentido, el T-MEC se ha convertido en la herramienta principal de la integración estratégica norteamericana, orientada a garantizar estabilidad, trazabilidad y autosuficiencia frente a los desafíos del comercio global.
El reto para México consiste en mantener su posición como socio confiable dentro de esta nueva arquitectura, demostrando cumplimiento técnico, previsibilidad regulatoria y estabilidad institucional.
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IV. CANADÁ Y LA TRILATERALIDAD: UN EQUILIBRIO NECESARIO
El modelo trilateral del T-MEC ha sido uno de sus mayores logros.
En momentos de tensión, la coordinación con Canadá adquiere especial relevancia para sostener la visión de un bloque económico regido por reglas claras y no por decisiones unilaterales.
La unidad institucional entre los tres países no es una cuestión retórica, sino la base del multilateralismo comercial que da previsibilidad a los mercados.
México y Canadá comparten el interés de preservar la vigencia del tratado como marco jurídico estable, capaz de resistir los cambios políticos en cualquiera de sus miembros.
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V. LATINOAMÉRICA: DIVERSIFICAR PARA FORTALECER
La región latinoamericana ofrece, en paralelo, espacios complementarios de cooperación en energía, agroindustria e infraestructura.
No se trata de sustituir el vínculo norteamericano, sino de diversificar riesgos y consolidar redes regionales que amplíen la capacidad de negociación externa.
Una diplomacia latinoamericana moderna, técnica y económica, puede actuar como pilar de equilibrio, fortaleciendo el papel de México en el sistema hemisférico.
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VI. MEDIDAS CONCRETAS PARA FORTALECER LA POSICIÓN MEXICANA
1. Agilizar procesos administrativos: reducir tiempos de devolución de IVA y autorizaciones regulatorias, con metas verificables.
2. Asegurar transparencia energética: definir criterios públicos y previsibles para permisos y contratos.
3. Auditar contenido regional: verificar el cumplimiento de reglas de origen antes de la revisión 2026.
4. Consolidar diálogo institucional con Estados Unidos y Canadá para anticipar ajustes normativos o técnicos.
5. Mantener comunicación diplomática continua, que combine firmeza con cooperación técnica.
Estas medidas no solo reducen riesgos de fricción, sino que refuerzan la imagen de México como Estado confiable, predecible y estable.
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VII. CONCLUSIÓN: CREDIBILIDAD, NO CONFRONTACIÓN
El escenario actual no apunta a una ruptura, sino a una revisión estratégica del orden comercial norteamericano.
La presión es evidente, pero también lo es la oportunidad: la de reafirmar la solidez institucional mexicana y demostrar que el cumplimiento técnico y jurídico es, por sí mismo, una forma de soberanía.
En la relación entre naciones, la fortaleza no se mide por la retórica, sino por la confianza que inspira el cumplimiento de la palabra empeñada.
El futuro del T-MEC dependerá menos de los discursos políticos que de la capacidad de cada país para sostener el orden, la legalidad y la previsibilidad sobre los que descansa toda cooperación duradera.
México no necesita confrontar: necesita cumplir con excelencia.
En eso reside su fuerza verdadera.
