La Suprema Corte, el poder arancelario y el futuro de México

Las señales recientes ya configuran una advertencia. Ante un anuncio canadiense crítico con los aranceles, la reacción estadounidense fue inmediata: acusaciones, ruptura de negociaciones, amenaza de tarifas

Por Oscar Méndez Oceguera

Imagen ilustrativa: Commons Wikimedia

En la Suprema Corte de Estados Unidos se está decidiendo si el Presidente conservará la facultad de modificar el comercio internacional mediante aranceles y restricciones inmediatas en nombre de la seguridad nacional o de una emergencia económica. Ese fallo puede redefinir la frontera entre política y economía en toda América del Norte. Un solo poder podría alterar, de un día a otro, el entorno en que millones de personas fundamentan su estabilidad.

Si la Corte avala esa amplitud, Washington mantendrá la herramienta de presión más veloz de su arsenal. Si la limita y devuelve facultades al Congreso, la presión no desaparecerá: existen otras vías legales capaces de cerrar el acceso al mercado sin tocar un arancel. El proteccionismo ha demostrado que puede mutar con facilidad. ¿Qué significa para México moverse en un tablero donde el adversario nunca queda desarmado?

Las señales recientes ya configuran una advertencia. Ante un anuncio canadiense crítico con los aranceles, la reacción estadounidense fue inmediata: acusaciones, ruptura de negociaciones, amenaza de tarifas. El fallo aún no existe y la fuerza ya se ejerció. La sentencia será importante, pero la voluntad política para presionar ya está desplegada.

México lo ha experimentado con crudeza. La suspensión repentina de inspecciones a productos agroindustriales ha paralizado exportaciones completas. No hubo decretos espectaculares ni aranceles en portada. Solo un protocolo postergado que traduce una orden técnica en pérdidas millonarias. En una economía de perecederos, la logística es supervivencia. Allí se entiende con claridad que el precio no se discute si el acceso está cerrado. ¿Podemos seguir creyendo que la disputa se limita a tarifas cuando la realidad es que la llave del mercado puede girar sin previo aviso?

Detrás de estos hechos opera una transformación más profunda: la expansión del concepto de seguridad nacional estadounidense. Lo que antes era estrictamente militar hoy abarca baterías y minerales, centros de datos, telecomunicaciones, manufactura avanzada y ciertos alimentos esenciales. Cuando un sector entra en esa categoría, la lógica comercial cede ante la lógica de la defensa. Si México participa en todos esos sectores, ¿es posible permanecer en la zona cómoda del comercio ordinario?

México es parte esencial de las cadenas críticas norteamericanas; depende de nosotros la continuidad de procesos que no pueden detenerse sin consecuencias sistémicas. Esa posición puede ser fortaleza o vulnerabilidad. Los países estratégicos son protegidos; los eslabones débiles, reemplazados. La pregunta, esta vez, no viene de fuera: ¿qué imagen estamos proyectando?

La defensa futura exige más que litigios. Requiere trazabilidad incuestionable en reglas de origen, protocolos de inspección que garanticen continuidad aun en contingencias, capacidad logística de reacción en horas. La certidumbre comercial ya no se preserva solo en los tratados, sino en sistemas capaces de demostrar que México no compromete la estabilidad regional.

Pero la mayor amenaza proviene de una falla interna: la fragmentación institucional. El reto estadounidense atraviesa comercio, sanidad, tecnología, energía y seguridad. Cuando la presión opera unificada, la respuesta no puede mantener compartimentos estancos. México necesita un centro de inteligencia económico-comercial que anticipe riesgos y coordine decisiones. La época de esperar el golpe y reagruparse después ha terminado.

La decisión de la Suprema Corte determinará si el martillo será rápido o más lento. Estados Unidos ya decidió que lo usará. La seguridad económica es ahora política de Estado. La integración norteamericana permanece, pero bajo una nueva lógica: quien fortalece la cadena, permanece; quien la debilita, estorba.

México se encuentra ante una definición histórica. La estabilidad ya no se presume, debe defenderse. El comercio dejó de ser rutina; es territorio estratégico. La Corte configurará el instrumento. Lo decisivo es si México tendrá la estatura institucional para estar del lado correcto del golpe.

¿Fortaleza que sostiene a América del Norte, o punto donde comienza su fractura?

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