El Mencho y la aceleración de la cuenta regresiva

Un operativo como el que detalla la Secretaría de la Defensa Nacional hubiera sido imposible durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador

Por Jorge Santa Cruz

Imagen ilustrativa: Especial

La muerte del jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio «N», alias El Mencho, provocará —lamentablemente— mucho más que actos de narcoterrorismo como los que se viven en distintos puntos del país.

De entrada, generará dudas razonables, toda vez que murió cuando era trasladado herido —en una aeronave gubernamental—hacia la Ciudad de México.

El comunicado oficial de la Secretaría de la Defensa Nacional inició con los siguientes párrafos:

Lomas de Sotelo, Cd. Méx. a 22 de febrero de 2026.- se hace del conocimiento a la opinión pública que, con trabajos de inteligencia militar central, del Centro Nacional de Inteligencia y de la Fiscalía General de República (FEMDO), Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano planearon y ejecutaron una operación en Tapalpa, Jal., en la que intervinieron diversas aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional para lograr la detención de Ruben “N” (a) Mencho.

Durante esta operación, personal militar fue atacado, por lo que en defensa de su integridad repelieron la agresión, resultando cuatro integrantes del grupo delictivo “CJNG” fallecidos en el lugar y tres heridos de gravedad, quienes perdieron la vida durante su traslado vía aérea a la Ciudad de México; entre estos últimos se encuentra Ruben “N” (a) Mencho, sin embargo, serán las autoridades correspondientes las que se encargarán de las actividades periciales para su identificación.

Es válido formular al menos dos preguntas: ¿en qué circunstancias murió El Mencho? ¿A quiénes beneficia su silencio perpetuo?

Por lo demás, la muerte de El Mencho permite inferior que la política de seguridad del Estado mexicano se alineó absolutamente con la del gobierno de los Estados Unidos, encabezado por Donald Trump.

Un operativo como el que detalla la Secretaría de la Defensa Nacional hubiera sido imposible durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Recuérdese que el Ejército mexicano capturó el 17 de octubre de octubre de 2017 a Ovidio Guzmán, uno de los Chapitos, en Culiacán, Sinaloa; y que el entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, dio la orden de dejarlo en libertad con el pretexto de evitar que la facción del cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, atentara contra la población civil.

Ahora sí se procedió contra El Mencho, a pesar de la violencia previsible del CJNG. ¿Por qué?

La lógica indica que este operativo fue ordenado por Washington, ya que El Mencho era uno de los objetivos prioritarios de la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Pentágono, el Departamento de Justicia, el Departamento de Seguridad Interior, la agencia antidrogas de los Estados Unidos (la DEA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y otras agencias.

La muerte de El Mencho dista mucho de marcar el final de la amenaza del CJNG. Oscar Méndez lo explica claramente en un artículo publicado hoy mismo por Periodismo Sin Compromisos:

La caída de un vértice —si se confirma plenamente— no elimina una estructura. La reordena. Un liderazgo vertical no solo dirige: contiene. Contiene ambiciones regionales, frena brazos armados, muerde a los mandos menores cuando se adelantan. Si ese vértice desaparece, lo que puede aparecer no es paz: es una hidra administrativa.

No una hidra poética: una hidra de mandos locales, cajas autónomas, alianzas de plaza, operadores que ya no obedecen por temor al centro. Cuando el centro se va, el territorio entra en subasta. Y la subasta del vacío rara vez se paga con épica: se paga con impuesto diario.

Por otro lado, el gobierno mexicano se atribuye la autoría del operativo contra El Mencho. Habrá que esperar la versión del gobierno de los Estados Unidos.

En términos prácticos, la muerte de El Mencho no detendrá mágicamente el envío de fentanilo al vecino país del norte.

Tampoco significará el fin de la tiranía de la narcopolítica que tiene a México sumido en el terror y la incertidumbre. El doctor Edgardo Buscaglia, profesor senior en la Universidad de Columbia, posteó hoy en la red social X que —como lo ha sostenido en los 19 años recientes— si la mafiocracia política no se desmantela, México continuará cada vez más en llamas:

El gobierno mexicano proclamará que nadie, ni El Mencho, está por encima de la ley. En los conciliábulos de Washington, en cambio, se jactarán de que ellos pueden acabar con los que les dé la gana. Y dirán que los disturbios registrados en distintos puntos del país confirman sus dichos de que la delincuencia organizada controla amplias regiones del territorio nacional.

La muerte de El Mencho, sea como fuere, acelerará la cuenta regresiva: sea para que el narcorégimen que oprime a México se desintegre, o para que se consolide (y exponga al país a una intervención abierta de EE.UU.).

Lo único seguro, por lo pronto, es que El Mencho ya no podrá testificar. Habrá quienes respiren aquí con cierta tranquilidad; habrá otros que pretendan, en EE.UU., reconstruir las relaciones del capo fallecido con funcionarios y empresarios mexicanos de todos los niveles.

Esto apenas comienza.

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