Fuego amigo o venganza política

La crisis interna de Morena revela una lucha por el poder, reforma electoral y tensiones en seguridad

El dato político

Por Guillermo Torres Quiroz

La presente columa se publicó originalmente en Saber Votar

Morena se desgasta desde adentro: el libro

Mientras la presión externa aprieta, el bloque interno se rompe. El arranque de año expuso una guerra que ya se venía cocinando: claudistas vs. obradoristas. No se trata de una ruptura total, sino de una disputa por el mando. Para unos, el bastón se entregó y la Presidenta debe gobernar; para otros, el líder sigue siendo López Obrador y el proyecto debe radicalizarse.

En esa lógica se entiende la caída de Adán Augusto como coordinador: no pidió licencia, no se fue a una embajada, no desapareció. Se “replegó” con la narrativa de una operación política, que es la forma elegante de decir: lo bajaron para no incendiar más el tablero. La llegada de Nacho Mier promete menos rudeza, pero el problema no es el estilo del operador: es el tamaño del incendio.

Y mientras tanto, la Corte —ya alineada— también se exhibe: el tema de las camionetas y el show público no son anécdota, son síntoma. Una Corte subordinada pierde autoridad incluso dentro de sí misma. Hoy se están uniendo quienes se odiaban para contener a un presidente sin oficio. Cuando el máximo tribunal parece una oficina más del Ejecutivo, el Estado de Derecho deja de ser garantía y se vuelve decoración.

A esto se suma la aparición del libro Ni venganza ni perdón, donde Jorge Fernández Menéndez entrevista a quien fuera el primer consejero jurídico de la Presidencia de López Obrador: Julio Scherer Ibarra, un hombre que durante más de veinte años acompañó al expresidente.

El libro ha sido una verdadera bomba porque evidencia situaciones que siempre se especularon: que el expresidente tomaba decisiones pragmáticas y sin sentido, incluso denigrando a quienes fueron sus incondicionales durante años, como César Yáñez o Luis Mandoki. Se revelan también episodios de corrupción en distintas áreas del gobierno, la defensa sospechosa de Manuel Bartlett, la manipulación operada por funcionarios como Jesús Ramírez Cuevas, su vocero presidencial, y una lógica de selección de cuadros resumida en la fórmula: 90% lealtad, 10% conocimiento.

La lucha por el poder tiene varias estaciones: primero, la reforma electoral que debe aprobarse este año; después, las elecciones de 2027; más adelante, la elección del Estado de México en 2029; y finalmente, la gran batalla sucesoria de 2030. Sheinbaum busca ser la gran electora de su sucesión presidencial, pero el lopezobradorismo duro también.

Seguridad: bajan «dolosos»; suben los entierros

El gobierno presume una baja en homicidios dolosos. Pero la discusión dura no es esa: es la forma en que se empuja el delito hacia otras categorías y se abre la puerta al maquillaje.

Si los homicidios culposos y otros delitos que pueden terminar en muerte suben, y si además crecen los desaparecidos, el relato de mejora se vuelve frágil. La comparación entre cifras de fiscalías y registros del INEGI —como el caso del Estado de México— alimenta sospechas: no es que la violencia desaparezca, es que cambia de casilla. México no reduce el crimen: reduce la estadística.

Y el otro gran hueco del discurso es el de los desaparecidos. Desde hace años se habla de crisis humanitaria. Si los desaparecidos crecen, la “baja” en homicidios se parece demasiado a una simple reetiquetación. En México, muchas veces la paz no es ausencia de muerte: es ausencia de registro.

Reforma electoral: el titular popular y el control real

La reforma electoral está estancada no por falta de voluntad, sino por exceso de intereses. PT y Verde negocian caro porque saben que sin ellos no hay mayoría calificada. Y, aun así, el gobierno insiste porque la reforma no es solo electoral: es de control.

El anzuelo es perfecto: eliminar pluris, quitar dinero a partidos, “achicar” al INE. Eso vende. Lo que no se grita es lo que importa: regular redes, inteligencia artificial, monitoreo de medios y devolverle al gobierno funciones que antes se sacaron para evitar que el árbitro fuera jugador. Si el INE se vuelve una ventanilla de Gobernación, el voto se mantiene… pero la democracia se reduce.

La oposición, mientras tanto, cae en la trampa: defiende pluris y financiamiento como si ese fuera el corazón del asunto. El verdadero corazón es la libertad y el árbitro. Pero en política, cuando te obligan a discutir lo impopular, ya te ganaron medio debate.

Educación: cuando el radicalismo pierde sillas

La salida de Max Arriaga no es un chisme administrativo: es un ajuste de temperatura. Un funcionario que acusa “pérdida del lopezobradorismo” dentro de la SEP se convierte en un problema para un gobierno que necesita verse menos radical frente a Estados Unidos y frente a la presión económica.

Que más de la mitad del magisterio no use los nuevos libros de texto es un dato devastador: no solo hay conflicto ideológico, hay fracaso operativo. Si el aula rechaza el producto, el discurso se queda sin realidad. Y cuando un proyecto se queda sin realidad, el poder intenta imponerlo… o lo abandona.

La oposición: ausente, pero no vacía

La pregunta final es demoledora: ¿dónde está la oposición? PAN y PRI patinan entre contradicciones; MC crece por marketing y por recoger “cascajo” funcional. Y, ante el vacío, aparecen figuras extrapardistas.

Ricardo Salinas Pliego no se vuelve líder por virtud democrática: se vuelve referente porque hay silla vacía. Cuando la oposición institucional no patea el balón a gol, alguien más entra a cobrar el penal.

El datillo

Llama la atención que en el libro de Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez solo se mencione en tres ocasiones al “Tío Richie”, y en ninguna para señalar algún tema controvertido, sino únicamente para recordar cuando festejó el triunfo de AMLO en 2018.

También existen otras ausencias interesantes: los exgobernadores finados de Puebla, Miguel Barbosa, Rafael Moreno Valle y Martha Érika Alonso. Tampoco se habla de gobernadores como Rubén Rocha o Marina del Pilar Ávila. Ni de políticos polémicos como Pedro Haces Barba, Alfonso Ramírez Cuéllar, Félix Salgado Macedonio o los hermanos Andy y José Ramón López Beltrán.

Y en el mundo empresarial no se menciona a Miguel Rincón Arredondo, presidente de BioPappel y compadre del expresidente; a José Antonio Fernández, de FEMSA; ni a dirigentes del CCE como Carlos Salazar o Francisco Cervantes.

¿Coincidencia… o intereses particulares del autor?

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