La CURP fue propuesta por el gobierno foxista y la eliminación del dinero físico, por el de Peña Nieto; la 4T se encargará de endurecer los controles digitales

Por Jorge Santa Cruz
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial
El 10 de septiembre de 2019 aseguré en este espacio que los gobiernos aplican controles digitales cada vez más sofisticados sobre la población, en consonancia con el Nuevo Orden Mundial:
El NOM se vale de los gobiernos que coloca en los diversos países (sean de «izquierda», «derecha» o «centro») para dar continuidad a sus programas dictatoriales, mediante la imposición de la cédula única de identidad y de la eliminación del dinero en efectivo vía el cobro digital.
En esa ocasión, hice notar que la Cédula Única de Identidad fue propuesta durante la administración de Vicente Fox, quien gobernó al país entre 2000 y 20006. Y que la eliminación del efectivo fue propuesta por el gobierno priista de Enrique Peña Nieto (quien estuvo al frente del Ejecutivo federal entre 2012 y 2018):
En 2014, se creó en México la figura de la «discrepancia fiscal», con el objetivo de corroborar que los recursos manejados por los contribuyentes a través de las tarjetas de crédito coincidieran con sus declaraciones anuales de impuestos.
Andrés Manuel López Obrador, ya como presidente de México (de 2018 a 2024), avaló y dio continuidad a ambos mecanismos de control.
El 3 de septiembre de 2019, el Banco de México (Banxico) anunció la aplicación del cobro digital, por medio de una aplicación denominada CoDi. Y seis días después, esto es, el 9 de septiembre de aquel año, la entonces secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, confirmó que la Cédula Única de Identificación contendría los datos biométricos.
Se ve a las claras que las políticas de control son aplicadas sin distingo de colores partidistas.
Han pasado seis años y medio, y el actual gobierno, el de Claudia Sheinbaum (que es una mera continuación del de López Obrador), se apresta a aplicar de manera gradual la desaparición del dinero en efectivo (último reducto de libertad de los ciudadanos) y a condicionar la entrega de sus programas sociales.
En otras palabras: en breve, las gasolineras y las casetas de peaje solo podrán recibir pagos electrónicos, y los beneficiarios de los programas sociales electoreros no podrán disponer de dinero en efectivo.
Como bien lo apunta Guillermo Barba en el artículo «Adiós al efectivo, adiós a tu libertad», poblicado por El Horizonte el pasado 23 de marzo de 2006, el riesgo no es la tecnología, sino como esta es utilizada.
No se trata de caer en alarmismos, sino de entender la lógica del sistema. Un sistema completamente digitalizado permite saber, en tiempo real, cuánto ganas, en qué gastas y con quién transaccionas. Y, en escenarios extremos, también permite limitar o bloquear ese acceso. El dinero deja de ser un activo bajo tu control absoluto y se convierte en un permiso condicionado.
Llegará el momento en que los gobiernos y sus cómplices, los bancos, sabrán todo de nosotros. Y con la utilización de los programas de inteligencia artificial y de los algoritmos, predecirán nuestras acciones o más aún, las conducirán.
Así, en aras de combatir a los grupos criminales y de garantizar nuestra seguridad, nos robarán nuestra libertad y nos convertirán en simples entes que votan, consumen, se endeudan, pagan intereses mas no capital, y obedecen consignas de los amos del mundo.
Porque el interés por nosotros, nuestro dinero y nuestras transacciones rebasa, con mucho, la soberanía nacional.
Frida Gómez, especialista en economía, alertó el mismo 23 de marzo que la digitalización absoluta de los pagos colocaría al país en una situación de dependencia de redes internacionales como VISA y MasterCard.
En su artítulo títulado «En defensa del dinero en efectivo», publicado por SDP Noticias, advirtió lo siguiente:
Si un país depende totalmente de pagos electrónicos, depende indirectamente de estas redes y cualquier falla, sanción o decisión corporativa puede afectar transacciones a gran escala. A menos que esta decisión sea parte de las exigencias de Estados Unidos para mantener con vida al T-MEC, no se explica que México decida por algo así, ni siquiera por quedar bien con la industria banquera. Se vuelve un tema de soberanía financiera, no solo de tecnología.
El T-MEC es, efecto, un tema de coyuntura; no lo es, en cambio, la ambición de las llamadas superestructuras (así las denomina el doctor en Derecho Luis Zapater Espí) de controlarlo todo. Y cuando digo todo, es todo, desde los patrones de consumo hasta la libertad.
Lo penoso del caso es que la gran mayoría de los mexicanos no se interesa en el tema, aunque vaya su dignidad de por medio. Y el futuro de los mexicanos que son niños o aún no nacen.
