La dialéctica de los amos del poder (2)

En esta entrega, el autor sostiene que los que gobiernan desde las sombras tienen como fundamento las enseñanzas de Nicolás Maquiavelo

Por Jorge Santa Cruz (*)

Imagen ilustrativa: Pixabay

Los amos del poder tienen como principio fundamental el uso de la fuerza, de la astucia y de la hipocresía.

Tienen muy claro aquello que escribió el diplomático y tratadista político florentino, Nicolás Maquiavelo, en 1513:

Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre, la segunda, de la bestia. Pero, como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber comportarse como bestia y como hombre.1

Para no dejar dudas, Maquiavelo agregó:

De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforme en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león, demuestran poca experiencia.2

Con base en el planteamiento anterior, un príncipe —es decir, un gobernante— puede y debe ser hipócrita:

Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos.3

Los amos actuales del poder, los que se consideran los príncipes predestinados, tienen, pues, esas tres divisas maquiavélicas: fuerza, astucia e hipocresía.

Cuando surgen gobernantes que se les insubordinan, los quitan por medio de mentiras, intrigas o revoluciones. Y cuando surgen naciones con legítimos ideales de independencia, soberanía y unidad, las debilitan utilizando la corrupción, la mentira y la traición. Les inoculan el liberalismo democrático y las convierten en estados fallidos o en dictaduras sanguinarias. (Los rusos, los cubanos, los chinos y los venezolanos lo han vivido y lo viven en carne propia).

Al grito de «libertad, igualdad y fraternidad» han implantado decenas de gobiernos ineficientes y/o cómplices que duran lo que los amos del poder quieren. Se priva así a las naciones de su verdadera libertad.

El saqueo constante de las riquezas de las naciones —amparado por una «democracia» que provoca un continuo cambio de gobiernos ineficientes y corruptos— deja a dichas naciones a merced de los amos del poder.

Son éstos los que les prestan, les venden armas o se las restringen y les venden tecnologías o se las niegan; los que se apropian de sus aparatos productivos mediante privatizaciones o por medio de los fondos buitre, y los que les imponen políticas de control natal y homosexualismo.

Los talentos genuinos de cada patria se desgastan y desdibujan en la medida en que son puestos al mismo nivel de los impreparados y apáticos. La «igualdad» sancionada por la masonería neutraliza de esta manera a la intelectualidad nacionalista y patriota de cada país.

Utilizando la fuerza cuando les es necesario, así como la astucia y la hipocresía, los amos del poder han avanzado de manera acelerada en el sometimiento de continentes enteros. En unos países impulsan el empobrecimiento de las personas mediante la dictadura neoliberal; en otros, por medio de la dictadura comunista. Así es como aplican la «fraternidad» masónica. En todos, vale decirlo, impulsan un relativismo religioso que pretende «hermanar» a la humanidad.

Nación que se resiste, que persevera en la conservación de sus valores patrios, es arrasada más temprano que tarde. La fuerza del león acabará con ella. Para los amos del poder el león es sinónimo de guerra.

(Continuará)

Bibliografía

  1. Nicolás Maquiavelo. El príncipe. (México: Porrúa, 1969), 30.
  2. Íbid.
  3. Íbid.

2 comentarios sobre “La dialéctica de los amos del poder (2)

  1. El conocimiento es fundamental para el raciocinio, y es el instrumento de supervivencia para desencriptar la inforrmación vital en la ocomunicación, relación y desarrollo con la realidad natural.
    Desde el principio de los tiempos el ejemplo fue el modo de transferencia de padres a hijos, de las síntesis de las virtudes, esencias de lo que hoy denominaríamos síntesis filosóficas en movimiento, nuestra verdadera educación básica. Es decir, que la expresión es solo el vehículo de la sustancia que es la base de la comunicación humana. Aquí puede distinguirse la confución cuando se intenta descifrar entre estructura lógica del vehículo con la sustancia que contiene y que transfiere el impulso, intención, el deso, la necesidad, la historia, el origen y por lo tanto el fin. Sin dudas una nueva percepción de la información vital reduciría lso tiempos y desnudaría al ser de tal manera que algunas palabras dejarían de tener sentido, lo cual es evidencia de que la complejidad del mundo mental obedece a una patología que intenta compensar infructuosamente para conectarse con la verdad. Sin embargo, esta materia prima aprovechada por la creatividad es la que alimenta a la patología preservando su sentido.

    Es por eso que el conocimiento es el verdadero capital acumulado por el poder de una minoría privilegiada, que ha infectado las formas naturales de comunicación y relación mediantes artificios condicionantes que presuponen ser mas naturaleza que la misma naturaleza.
    El conjunto de condicionamientos, normas y leyes para la autoregulación del comportamiento se configuró en el Juicio particular como fractal de una concepción colectiva basado en la idea de Dios. El objetivo fundamental de la institución religiosa es obstaculizar el camino espiritual que es el estado de consciencia superior del hombre. Este estado vence a la ilusión provocada por el miedo a la muerte como el factor de dominación del poder. La efectividad de la inoculación de este Juicio observador e inmanente de naturaleza externa e ilusoria, es tal, que funciona como prótesis indispensable asociado al ego. El miedo a la muerte se ve revestido por el miedo a liberarse de ese Juicio que lo llevaría a la desaparición de una identidad de ilusoria.

    El contrato social, en la mayoría de los pueblos de la tierra, se corresponde con un poder entregado a la minoría poseedora del capital acumulado del conocimiento para equilibrar fuerzas con la masa. En la medida que la masa transforma su concepción en pueblo y da cuenta de su verdadero poder, es decir, alcanza un grado de consciencia e inteligencia venciendo el miedo a la muerte, el poder decide reducir los números de la masa y reprogramar la mente colectiva mediane los traumas y el miedo sobre las nuevas generaciones de esclavos. Las crisis económicas, guerras, epidemias, migraciones, genocidios, anticoncepción, hambrunas, siempre fueron las formas de ajuste y dominación de las mentes y cuerpos. Cuando la minoría desquilibra la balanza en su favor, el cuerpo como propiedad del individuo pasa a ser propiedad del Estado, y consecuentemente de la minoría dominante.
    La distorsión mental de estas minorías se evidencia en su característica mesiánica bajo el arquetipo del Dios ajusticiador o castigador en la tierra, es por eso que han inoculado su estigma en las escrituras de referencias éticas de los pueblos, y dejar asentada su forma corrupta para preparar el mapa mental con la porgramación religiosa. Esta mente distorsionada impregna la superveniencia de la estructura de poder, en donde sus efectos llegan a la masa mediante las intituciones de formación mental, es así que la masa se ve obligada a adaptarse a diferentes psicopatías desde temprana edad como una normalidad cotidiana, que provocan una notable disonancia cognitiva, en donde luego logran que no puedan ditinguir el bien del mal, la verdad de la mentira, y por lo tanto no pueden distinguir lo que es virtud de la corrupción, ni justicia, ni libertad. Sin embargo, pueden distinguir el premio del castigo, y la estructura brinda reconocimiento para los que procuren una labor favorable al sistema. Es decir, que las bases terminan sosteniendo con su propio ego, esfuerzo y creatividad, este sistema de esclavitud, mientras que su vacío espiritual busca infructuosamente ser llenado por el consumismo y la especialización intelectual.
    El transhumanismo es un Hombre castrado o ablacionado que sustituye sus falencias mentales, emocionales y físicas, mediante prótesis tecnológicas, abstractas o físicas. Estas falencias se desarrollan desde el egoísmo, pasando por el nihilismo, y concretándose finalmente en la psicopatía total o posesión. Los golpes de la vida suelen ser suficientes para despertar a cualquier egoísta, por otro lado, que el nihilista solo adquiere discernimiento cuando se encuentra en la frontera con la muerte, mientras que el psicópata lo encuentra después de la muerte, es decir, es su única fomra de despertar.

    En esta vida somos infectados para adaptarnos a este proceso de involución humana, es decir, no sabremos nuestro verdadero potencial con este formato mental actual que rige el sistema. Por lo tanto, el concepto evolución no se basa en una tranformación física sino en un simple discernimiento de la verdad.

    Que la minoría dominante posea más conocimiento y poder constituido con el, no significa que sean más inteligentes que nosotros, significa que que mientras nosotros procuramos pensar evitando realizar el menor daño posible en el proceso de relacionarnos con más puntos, ellos saltan esa realción y destruyen, porque es más fácil y sencillo que construir. Ellos no son artífices de los frutos de la cratividad humana, simplemente los tomaron en su favor con su poder y lo utilizaron en nuestra contra.
    Estos personajes son Hombres grises, sombras en la oscuridad cuyo destino solo es el olvido, ya que una vez descubierto y desnudado a su lógica, su modus operandi se convierte en un proceso infantil.

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