El que se quiebre, perderá

Por Mario Rosales Betancourt

Imagen ilustrativa: Los Angeles Press

Ya se acerca la fecha en que tanto Morena como el Frente Amplio por México definirán su candidatura presidencial para las elecciones de junio del 2024. Si no hay sorpresas (y la lógica y los sondeos prevalecen), Claudia Sheinbaum será la candidata de la 4T y Xóchitl Gálvez, la de la oposición.

Lo que más intriga es cómo serán las reacciones y actitudes de Marcelo Ebrard, en el oficialismo, y de Beatriz Paredes, en la oposición.

Pese a que se dice que ahora no habrá dedazo, se ha dado un claro y prolongado dedazo (con manazos y puñetazos) de parte del presidente López Obrador, quien es el responsable de que se hayan adelantado los tiempos y de que crecieran ambas figuras: Sheinbaum y Gálvez. La de Claudia, con sus apoyos, alabanza y gestos; y la de la Xóchitl, con sus denostaciones, críticas, difamaciones y hasta chismes.

De las seis corcholatas, una sabe desde el principio que tiene el boleto premiado; cuatro saben que hacen un papel de comparsa para tratar de darle legitimidad a la decisión, y solo una, concretamente Marcelo Ebrard, creyó que era una contienda de verdad, donde iba a existir un piso parejo.

¿Qué hará Marcelo? ¿Renunciará otra vez a la candidatura para beneficiar a AMLO? ¿Se doblegará de nuevo, pese a saber que perdió con trampas? ¿Se conformará con el reintegro y un premio de consolación? ¿O se atreverá a romper con el movimiento lopezobradorista?

En el otro lado, Beatriz y el PRI saben que si echan a andar su maquinaria (ya inútil en elecciones grandes, pero que pudiera ser eficaz en procesos limitados de pocos electores), pudieran ganar; pero sería un triunfo pírrico. Tanto la tlaxcalteca como el otrora partidazo tienen con qué ganar el proceso interno del Frente, pero carecen la estructura para ganar no solo la elección presidencial, sino las elecciones del Congreso de la Unión y el Senado, además de las locales. ¿Por qué? Por la simple y sencilla razón de que si la candidata es Xóchitl, el porcentaje de los votos por el Frente, en todos los procesos, sería mucho mayor que el de la priista Beatriz.

Los resultados del estado de México, y los fracasos de la misma Beatriz, cuando fue candidata por la Ciudad de México, evidencian que la marca PRI está ya muy desprestigiada.

Aquí también será importante, primero, el comportamiento del PRI. ¿Frenará el priismo a sus mapaches y tramposos o dejará que Xóchitl gane el proceso interno del Frente? Y segundo, la forma en que el PRI y la propia Beatriz acepten su derrota, o sea, que Xóchitl Gálvez sea la mejor opción del PRI y del Frente.

Todavía falta mucho, para la elección de junio del año próximo; pero lo que sí es claro, es que la coalición que se quiebre será la que pierda.

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