Legítimo, el interés de Trump sobre Groenlandia

En posesión de Estados Unidos, Rusia y China estrellarán sus ambiciones sobre Groenlandia, algo que Dinamarca —ni en sueños— podrá lograr. La perdería en manos de los comunistas rusos y chinos

Por el Gral. de División DEM retirado Roberto Badillo Martínez

Imagen ilustrativa: Truth Social (@realDonald Trump)

Groenlandia es territorio de América. Pertenece a América. No tiene por qué tenerlo Dinamarca, que es un país insignificante en Europa. Jamás podrá poblar Groenlandia, o tardará cientos de años en hacerlo, y en desarrollar ese inmenso territorio. Esa inmensa isla debe descolonizarse y terminar con cualquier situación política en que la tenga Dinamarca, la cual se empeña en conservarla como su propiedad.

Si Groenlandia forma parte de Norteamérica, debe pertenecer políticamente a Norteamérica. Con ella, Norteamérica se reforzaría aún más. Emergería como la región más desarrollada y unificada; con mayor coincidencia de intereses, con las industrias más avanzadas del mundo en los ámbitos científico y tecnológico, y con la principal industria militar del planeta.

Con un territorio de 23 millones de kilómetros cuadrados, Norteamérica es superior a cualquier potencia que le quiera competir. Tendría —y por mucho— los mayores recursos naturales del mundo, que se pueden integrar para su explotación con la más avanzada tecnología.

Con Groenlandia como parte de Norteamérica, la región tendría el mayor poder militar del mundo para su defensa frente a las ambiciones territoriales de los países comunistas, es decir, de China y de Rusia.

En posesión de Estados Unidos, Rusia y China estrellarán sus ambiciones sobre Groenlandia, algo que Dinamarca —ni en sueños— podrá lograr. La perdería en manos de los comunistas rusos y chinos.

Con Groenlandia como cuarta área geográfica de Norteamérica, sin duda este continente se pondría en pocos años a la cabeza indiscutible de todo el mundo; algo que los pueblos del orbe necesitan verdaderamente para terminar con la aburrida, improductiva y desastrosa inestabilidad que ha permitido que —en el último siglo— la delincuencia organizada y el comunismo internacional se apoderen de pueblos ingenuos con promesas de regalos y obsequios a cambio de sus votos. Lo que pretenden los gobiernos gansteriles es perpetuarse en el poder para esclavizar y embrutecer a esos pueblos.

Europa, flácida, dividida y engañada con la dolce vita de sus ciudadanos, ya no pueda llevar a cabo la defensa de Groenlandia ni ponerse al frente del mundo para dirigirlo, conducirlo y guiarlo hacia condiciones y propósitos benéficos para los pueblos del mundo.

Norteamérica es el único continente lo que lo llevará a ser rector del mundo mediante la integración humana, social, familiar, universitaria, económica y militar. Integración que tiene lugar todos los días sin que la mayoría de sus habitantes lo sepan, o a sabiendas de los menos. Integrarse para ser mejores en todos los aspectos. Integrarse para ser productivos. Integrarse para ser más fuertes que cualquiera de los otros continentes del mundo. Integrarse para vivir mejor. Integrarse para dirigir el mundo y hacerlo mejor.

Norteamérica unida podrá decir solemnemente a todo el mundo que declara que toda América impedirá que la doctrina más criminal, asesina, mentirosa, esclavista y explotadora que el mundo jamás haya visto —la comunista— impere en suelo americano.

El comunismo se apoderó sangrientamente de Rusia, desde la cual esparció no solo sus errores, sino su maldad diabólica al resto del mundo. Experimentó con millones de personas y las consecuencias fueron trágicas. Eso es el comunismo, al que cínicamente le dieron el calificativo de “científico” para mayor escarnio de sus víctimas en Europa, Asia, África y América. Australia se salvó por su aislamiento.

Una Norteamérica fuerte puede declarar enfáticamente que esa teoría esclavizante llamada comunismo, y todas sus variantes, no serán permitidas no solo en América del Norte, sino en ninguna parte de las Américas: ni en Sudamérica, ni en Centroamérica y el Caribe.

Está suficientemente demostrado que el comunismo fue un rotundo fracaso en los cuatro continentes donde se impuso por medio del terror; que solo sirve para esclavizar a los pueblos.

América debe declarar que es libre de la peste comunista desde el Ártico hasta el Antártico; debe, por lo tanto, terminar con la propagación del comunismo en las universidades públicas y privadas, en las organizaciones de la clase obrera, en la “intelectualidad” parasitaria que engaña a los pueblos y que vive acosta del sufrimiento que les provoca.

La obtención de Groenlandia por Estados Unidos dará a Norteamérica una ventaja de tal magnitud en recursos naturales que le permitirá —siempre y cuando camine en una sola dirección— dirigir con el ejemplo las acciones en beneficio de los pueblos de América y del mundo.

En pocos años se consolidaría un continente, el de Norteamérica, como un líder único e indiscutible a nivel mundial. Sin competidores globales molestos que solo ilusionan a otros países con sistemas políticos fracasados, Norteamérica entraría en una etapa rectora del mundo por sus resultados en todos los aspectos de la vida humana.

Puede ser que, en quince o veinte años, el mundo cambie radicalmente. China, país depredador, aprovechó que le fue permitido entrar a las organizaciones mundiales de comercio para desobedecer las reglas comerciales e inundar el planeta con productos chatarra. No compra, o importa lo mínimo; se dedica sobre todo a vender. Dos ejemplos:

  • México tuvo un déficit comercial con China en 2024 superior a los 100 mil millones de dólares. Le compramos todo, legalmente o de contrabando. Las ciudades mexicanas están repletas de tiendas chinas que venden productos que cualquier obrero, campesino o indígena mexicano puede realizar.
    Les compramos autobuses que se pueden fabricar bien en México; lo mismo pasa con los trenes. Les compramos todo solo por ser productos baratos y, probablemente, porque algo se queda en los compradores.

    Ahora bien, en el año 2024 nuestro superávit con Estados Unidos se aproximó a los 180 mil millones de dólares. ¡Algo absurdo! Con lo que ganamos al comerciar con los gringos financiamos al depredador comunista chino, pues le pagamos 100 mil millones de dólares.

    Por ello, Trump dice que México abusa de Estados Unidos. México explota a su socio y vecino para favorecer al comunismo chino.
    • Otro ejemplo. Honduras le compró a China productos por 250 millones de dólares; en cambio, sus ventas a los chinos fueron de 7 millones de dólares. ¡Una ridiculez!

    Ah, pero eso sí, cuando México le impone aranceles al comunismo chino, sus voceros salen en televisión e internet a decirle al mundo que “China defiende  el comercio justo”. Justo, para los chinos; injusto, para mexicanos y hondureños. En 2024, fue terriblemente injusto. Y seguramente, también lo fue para todos los latinoamericanos.

    Los aranceles mexicanos harán poco por nuestro país. Los chinos meten su comercio por las aduanas, los puertos, los aeropuertos. Su comercio es mayoritariamente ilegal.

    El comercio debe ser benéfico para todos los pueblos del mundo. Los gobiernos, principalmente asiáticos, se dedican esencialmente a vender barato explotando a sus pueblos. Buscan ansiosamente los dólares del imperialismo yankee, sí, al mismo que presentan a sus pueblos como su peor enemigo. Esa es la realidad del comercio mundial.

    Los tres países de Norteamérica deben procurar que sus balanzas comerciales estén equilibradas, y ser más cuidadosos en su comercio con el resto del mundo. Deben procurar la equidad aun sin tratados comerciales.

    Perfilemos la conclusión: los pueblos de Canadá, Estados Unidos y México se beneficiarían grandemente con la adquisición de Groenlandia por parte de EE.UU., sea por compra, sea por la expulsión de Dinamarca de una isla americana que jamás podrá controlar frente a los tiburones rusos y chinos que representan una doctrina dictatorial, criminal y tiránica.

    Norteamérica tendrá un nuevo impulso con la incorporación de Groenlandia a su espacio natural, en el que radica, donde ha vivido, ha estado y estará por los siglos de los siglos. Dinamarca es marginal para la historia de Europa. Cuna, sí, de vikingos y bravos guerreros que tienen bastante con su territorio danés europeo.

    En cambio, con Groenlandia, se abren nuevos horizontes para los tres países de Norteamérica. México, por ejemplo, tiene a 40 millones de su población en muchísimos estados de la Unión Americana, incluyendo a Alaska (cuyas condiciones climáticas son parecidas a las de Dinamarca). Las tecnologías venideras garantizan mejores condiciones de vida en climas extremadamente fríos como el de Groenlandia.

    En Canadá viven y progresan más de cien mil mexicanos que también aprovecharán esas oportunidades   Para canadienses y estadounidenses, por supuesto, habrá también nuevas y atractivas formas de progreso.

    Trump actúa para beneficiar a los pueblos de Norteamérica. Las ventajas geopolíticas solo las puede aplicar el gobernante que tiene los medios militares para lograr los objetivos. Y Estados Unidos los tiene con gran amplitud sobre el resto del mundo. Que lo haga beneficiará a 330 millones de estadounidenses, a 175 millones de mexicanos (de acá y de allá) y a 40 millones de canadienses.

    Si Trump logra anexar Groenlandia a Estados Unidos, podrá ser comparado históricamente con los padres fundadores de su país. Así de importante es lo que se propone. Asegurará, además, la primacía de Estados Unidos para los próximos cien años. Y hará que Norteamérica, con Estados Unidos como líder, sea el continente que encabece todas las actividades de la humanidad.

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