Mi interioridad vacía

Estamos en el trabajo de pensar con sentido crítico al pretender mejorar las relaciones sociales, facilitar la comprensión de los demás y la búsqueda de soluciones menos conflictivas

Por María del Pilar Rodríguez y Díaz (*)

Imagen ilustrativa: Wikipedia

Empiezo por pensar lo que esta escultura dice: el hombre busca en su interior y contempla un vacío que se pierde hacia el infinito.

Vivimos en un mundo continuamente cambiante, lo que sucede hoy pasa a ser historia mañana.

Es una época en la que no sólo es necesario saber qué son las cosas, las situaciones, los conflictos, las crisis, los cambios políticos, económicos y sociales, las crisis espirituales, sino que, y, sobre todo, saber qué hago con ellas… y qué hacen conmigo.

El hombre del siglo XXI siente un gran vacío al observarse a sí mismo y al tratar de comprender el mundo.

Escultura en bronce «El vació de mi alma».
Autor: Albert György (Rumania).
Año: 1949

Para entender e interpretar mi realidad, nuestra realidad mutable, es imprescindible considerar la posibilidad de que podemos equivocarnos si no hay un proceso de analizar la totalidad de la realidad, lo que exige pensar, pensar con un pensamiento complejo que incluya un pensamiento rico en recursos metacognitivos (pensar cómo pienso), autorreflexivos, con criterios válidos. Es decir, sé cómo pienso además de qué pienso y siento. Esto abre la posibilidad de llegar a comprender y actuar en el mundo.

Ser capaces de organizar la información que recibimos es trabajar con pensamiento profundo que es un pensamiento complejo, con conjuntos de procesos que configuran un tejido significante.

El futuro se ve con incertidumbre desde el conocimiento de lo actual. Los cambios, los problemas y contradicciones en que se debate la situación actual dificulta hacer juicios y tomar decisiones, solucionar conflictos, y, además, es necesario.

En ocasiones se nos presentan dilemas, dudas, encrucijadas a las que no sabemos cómo enfrentar.

Es decir, que la flexibilidad en mis razonamientos es la condición para que, en lugar de ser rígidas o estrictas, sean relativamente adaptables para entender el cambio.

La flexibilidad no ha de confundirse con conceptos similares como el de elasticidad, maleabilidad, adaptabilidad, como algo que puede ser modificado a voluntad, por intuición, presentimiento, premonición, presagio, sospecha, instinto, impulso, arranque, ímpetu, por arrebato.

La flexibilidad cognitiva implica considerar un problema desde distintos enfoques, modificar la estrategia cuando la inicial no funciona y ajustarse con rapidez a nuevos desafíos.

Es una de las funciones ejecutivas. Son procesos mentales que permiten planificar, tomar decisiones y regular la conducta. Además, depende de otras habilidades, como el control inhibitorio (la capacidad para detener respuestas impulsivas) y la memoria de trabajo (la habilidad para mantener y manejar información en la mente de forma temporal).

La flexibilidad cognitiva permite ajustar el pensamiento y la conducta con criterios válidos ante diferentes circunstancias.

Requiere de un pensamiento mutidimensional al plantear al otro (y a uno mismo) tesis provocativas, que hagan pensar, aunque molesten. Cuido a mi grupo o comunidad si tengo el coraje de decir algo, si escucho atentamente y no me siento herido(a) porque se digan tesis contrarias a las que yo pienso, y pienso qué podría apoyar lo que el otro(a) dice. Exige esfuerzos para considerar rigurosamente todas las ideas, en tolerancia ante la incertidumbre.

Si asumimos que necesitamos del pensamiento multidimensional, deberíamos asumir que el pensamiento multidimensional aporta incertidumbre, ambigüedad, desorden, que son algunas de las bases del pensamiento que investiga, que busca, que indaga, no puede reducirse a lo simple, es un pensamiento que aporta oscuridad por momentos, pero también orden, claridad y distinción.

La rigidez mental dificulta cambiar el enfoque, lo que puede causar impulsividad, falta de concentración y dificultades para afrontar situaciones nuevas o complejas y suele generar rigidez mental, impulsividad y distracción.

Estamos ya en el campo de la flexibilidad cognitiva que permite utilizar la información de distintas maneras, como cambio de perspectiva, adaptación rápida que facilita alternar entre diferentes ideas o reglas, y ajustar el pensamiento según la exigencia del entorno y pensamiento creativo que posibilita generar alternativas nuevas cuando las soluciones habituales no funcionan.

Estamos en el trabajo de pensar con sentido crítico al pretender mejorar las relaciones sociales, facilitar la comprensión de los demás y la búsqueda de soluciones menos conflictivas.

Gran parte de nuestro conocimiento es acrítico, mediante asociaciones solamente y rara vez nos interesamos por su verdad o validez. Vivimos en una sociedad en que se acepta todo tipo de prejuicios y de información sin cuestionarla siquiera, cuesta trabajo pensar o dar razones para apoyar lo que se cree o piensa.

Es ineludible pensar en la complejidad: se opina desde lo global sin clarificar sobre lo local, sin distinguir al individuo de la sociedad, no sólo la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte, es pensamiento complejo. En relación con esto dice Edgar Morin, 1996: «…el pensamiento complejo es ante todo un pensamiento que relaciona, (complexus: lo que está tejido en conjunto).

Se necesita información para trabajar con pensamiento complejo, poder formular preguntas que ayuden a identificar, desarrollar y evaluar argumentos con el fin de tomar una decisión adecuada. Con base en la información de la que disponemos, podemos desarrollar una forma personal de posicionarnos, identificando y evaluando los argumentos por los que estamos a favor o en contra y despegarnos del error social compartido donde a menudo se confunden hechos con puntos de vista. Entonces encuentro en mi interior los conocimientos para vivir en mi totalidad y no en la fragmentación de mí mismo quedando vacío.

Pensamiento crítico y complejo ¿cómo?… sí… al afrontar la incertidumbre y el desconcierto, el vacío tan generalizado de nuestro tiempo para pensar y actuar críticamente, identificar falsedades en juicios formulados por otros, escepticismo reflexivo, dudar antes de dar mi opinión, tener un pensamiento sistémico, es decir, considerar todas las partes de una situación que quiero entender, establecimiento de relaciones complejas y no simples, ver todas las perspectivas de la situación.  

(*) Psicóloga, pedagoga y terapeuta de pareja. Correo electrónico: mprodriguezd@yahoo.com.mx

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