En el ámbito de lo público, en el que las exigencias de veracidad se atenúan, se desvanecen o incluso, en ocasiones desaparecen, existen tantas dimensiones del concepto de verdad como actividades pueda llevar a cabo el ser humano

Por María del Pilar Rodríguez y Díaz (*)

Imagen ilustrativa: «Los amantes». Autor: René Magritte

A veces, no nos oímos, no nos vemos, no nos acariciamos, no nos besamos, no hablamos, no tenemos un lenguaje común, no sabemos las emociones y necesidades del otro, no tengo conexión… sólo me veo a mí… sólo tengo mis opiniones.

Ante la velocidad a la que están sucediendo los acontecimientos actualmente, no distinguimos entre hecho, datos, interpretación, hipótesis, rumor, evento… y es imperante tener criterios para usar los datos y tener información verdadera para actuar y tomar decisiones.

Discursos ambiguos, de uso faccioso, cuya información puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión, han creado desinformación, brindando datos parciales, sin argumentos válidos. Circula diariamente en las redes sociales discursos, conferencias, información no conocimiento, con instrumentación ideológica, como maniobra… blindando la información sin posibilidad de abrir planteamientos críticos, construir propuestas, admitir proposiciones, o propuestas.

La información son datos procesados de hechos que responden a preguntas como quién, cuándo, qué, dónde; mientras que el conocimiento implica la comprensión y asimilación de la información, respondiendo a cuestionamiento como por qué, cómo. La información es el medio a través del cual se transmite el conocimiento y el conocimiento es el resultado de procesar y entender esa información.

La información son los datos organizados, estructurados, presentados en contexto. Los datos son hechos y cifras en bruto o simples sobre personas, lugares, sucesos. Para adquirir información necesitamos saber leer, para adquirir conocimientos necesitamos saber pensar.

Para manejar conocimientos es necesario entrar en el campo del conflicto (intelectual) con un trabajo dialéctico: pensar desde el conflicto, enfrentando ideas opuestas, diferentes, y extraer desde ese enfrentamiento, ideas más profundas.

El trabajo de pensar para analizar y descubrir la realidad consiste en atravesar etapas de tesis (proposición que se quiere afirmar), antítesis (crítica o contradicción de la proposición) y síntesis (integra aspectos para formar una visión más completa y avanzada con evidencias y razonamiento), no como receta, con ritmos desiguales. Estos tres elementos forman parte del proceso en espiral en que se concibe, se entiende la realidad, agrupa los momentos lógicos presentes en el razonamiento crítico.

Ha sido herramienta para romper certezas y alcanzar verdades, temida porque pensar críticamente es peligroso, porque destruye dogmas y sofismas, porque cuestiona sistemas, porque supera la tiranía de basarse en opiniones sin fundamento y despreciar la verdad, y sí transforma a quien lee, investiga, piensa, y puede penetrar en la filtración de noticias falsas, los bulos o la desinformación.

Conocer no es acumular datos, sino atravesar contradicciones, que provocan incomodidad y exige basarse en criterios, que son normas, principios, pautas para conocer la verdad. Es discernir. Es pensar con la capacidad de distinguir y señalar las diferencias entre cosas, ideas, sucesos o conceptos. El pensador crítico posee un juicio agudo y es capaz de analizar situaciones de manera clara y precisa. Es alguien que diferencia, entiende y reflexiona sobre un asunto.

El antídoto ante la tendencia de tener muchos datos inconexos, sin pruebas, sin marco en el tiempo y en el espacio, sin trabajo de discernir información y evaluar argumentos, el pensador crítico se convierte en una voz fundamentada, mostrando lo oculto tras las apariencias.

Y surge el eterno problema de distinguir entre la verdad, que se basa en la realidad objetiva y verificable, y la opinión que es una apreciación subjetiva que refleja la perspectiva de quien la emite.

Entonces el lector, la audiencia, el espectador, el oyente, el público, pide conocer la verdad, la veracidad de los hechos, los argumentos de lo propuesto, para no caer en la manipulación, las noticias falsas, las “medias verdades”, la información incompleta y tendenciosa, demandando la exactitud que garantice la veracidad.

En el ámbito de lo público, en el que las exigencias de veracidad se atenúan, se desvanecen o incluso, en ocasiones desaparecen, existen tantas dimensiones del concepto de verdad como actividades pueda llevar a cabo el ser humano.

Y para superar la actitud de aceptar lo que oímos, vemos, escuchamos hay que contrastar las noticias, el contenido de los libros y best seller, los reportajes, la propaganda en las calles y establecimientos, las películas, las series televisivas, los reportajes, las entrevistas, etc. en distintos soportes para garantizar su veracidad, descartar las fuentes informativas dudosas, y comprender los fines de la información para valorar el alcance de la información, entre otros aspectos.

El mensaje en sí no tiene la fuerza de hacernos percibir la verdad, sino en el trabajo del razonamiento, las emociones, los valores es donde percibimos la verdad. Es la persona quien decide y dictamina sobre la veracidad de la información, su juicio se corresponde con la verdad, pero necesita lenguaje y conocimientos. Esto es especialmente relevante en el contexto comunicativo, educativo, político y económico actual.

La inteligencia tiene que afrontar la realidad para conocerla.

Distinguir en el hecho noticioso la verdad entre bulos, noticias falsas, información incompleta y sesgada, las falacias, etc., al contrastar la información circulante, se tiene que hacer un trabajo de crítica para detectar su credibilidad, discriminar con varias perspectivas las fuentes dudosas de las que no lo son, y discernir entre todas las noticias que se presentan, cuáles son auténticas y cuáles son falsas para considerarlas o desecharlas.

Hay una exigencia en el ambiente de reorientar la apertura de los consumidores de la información hacia una visión más crítica y reflexiva en un mundo plural para superar la actitud de construir certezas que repetimos sin dudar, ignorando su fragilidad.

La realidad que percibimos no es un reflejo puro del mundo externo, sino una interpretación moldeada por nuestra mente. Cada uno construye su concepción del mundo a partir de lo que ha vivido, lo que cree y lo que espera. Estas referencias personales forman lo que algunos denominan mapa existencial, una representación subjetiva que determina cómo entendemos, sentimos y actuamos frente a lo que llamamos “realidad”. Así, no vemos el mundo como es, sino como somos nosotros.

La formación crítica permite que cada individuo revise su propio mapa existencial, descubra sus sesgos y dialogue con otras perspectivas.

Los escenarios de producción de la información contienen, en ocasiones, opiniones sin fundamento, donde se viralizan frases vacías, teorías sin evidencia y percepciones presentadas como certezas, que dificulta el acceso a una verdad razonada.  

La verdad es siempre una aproximación, es una construcción en la que participan la razón, la experiencia, la emoción y el diálogo. No hay una sola manera de ver el mundo, pero sí hay formas más lúcidas y críticas de hacerlo. La verdad ES, no se contradice, como ha dicho Tomás de Aquino. No se impone, no la invento, la descubro.

Así fortalecemos el pensar con sentido crítico y tomar decisiones más fundamentadas, abordar problemas con mayor perspicacia y comunicar nuestras ideas de forma efectiva.

Para ser un pensador crítico, es esencial contar con conocimiento sólido, ya que no se puede discutir sobre temas desconocidos. El pensamiento crítico se basa en escuchar más, pensar más y hablar menos, lo que permite proponer, revisar y confrontar ideas, propuestas, soluciones, de manera efectiva.

Richard Paul y Linda Elder (Fundación para el Pensamiento Crítico), abrieron propuestas muy amplias que se siguen considerando hasta nuestros días. Proponen habilidades a incrementar para que trabajemos con pensamiento crítico y no pensar y actuar con opiniones:

  • En primer lugar, es fundamental la habilidad de la interpretación, que es comprender y analizar lo que leemos, escuchamos y observamos, que permite encontrar significados y conexiones entre los elementos de la información.
  • La capacidad de análisis, cuando identificamos las relaciones y patrones entre los datos, permitiéndonos obtener una visión más clara y profunda del asunto que analizamos.
  • La habilidad de evaluar abordando un trabajo deductivo, partiendo de premisas para llegar a una conclusión, o inductivo, observando evidencias para llegar a una conclusión general. Esta gestión permite discernir y valorar la lógica y validez de las proposiciones que se están analizando y/o interpretando.
  • La inferencia, que implica extraer conclusiones basadas en la información disponible. Se pueden formular hipótesis y suposiciones con base en el razonamiento.
  • La habilidad de explicar, que permite comunicar de manera reflexiva y coherente los resultados del análisis y razonamiento de manera clara y precisa para que se pueda comprender y evaluar los propios puntos de vista.

(*) Psicóloga, pedagoga y terapeuta de pareja.
Correo electrónico: mprodriguezd@yahoo.com.mx

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«Es tiránico, en sentido tomista, el gobierno que se orienta al bien propio en lugar del bien común público, que gobierna para sí o para su facción en lugar de gobernar para la comunidad entera».

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