Crear una nueva cultura no significa sólo hacer descubrimientos, significa también difundir críticamente verdades ya descubiertas, socializarlas y convertirlas en base de acciones vitales

Por María del Pilar Rodríguez y Díaz (*)

Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial

«En sociedades y estados autoritarios se orienta todo el proceso de la educación
a obtener ciudadanos dóciles y fáciles de manipular,
y se evita o reprime todo lo que puede suscitar un espíritu crítico».
B. Häring. 1912 – 1998. Teólogo alemán.

En diversos ámbitos de la vida actual económica, política, social, educativa, aparecen individuos que desean vencer sin convencer, suelen exponer sus propuestas y opiniones como insinuaciones incompletas, en forma tal, que no permiten espacio para el discernimiento, la sensibilidad para los grandes valores, el entusiasmo creativo, el afán de realizar tareas relevantes y trascendentes. Se encuentran alejados de los otros, pero quieren dominarlos.

Con el pretexto de diluir los problemas (para algunos), presentan la vida humana con una perspectiva estéril, superficial, vacía, intrascendente.

Se domina con el falso discurso del interés por la cultura, la propia historia, el fomento de las ciencias y la propia historia, descuidando las humanidades, hacia modos infraculturales de actividad, no creativos, con manipulación ideológica.

Antonio Gramsci
Imagen: Wikipedia

El escritor italiano Antonio Gramsci (1891-1937) propuso que se logra el poder político a través del dominio cultural, de un proceso en el que las ideas y los sentimientos de los propuestos como “intelectuales” son asumidos por el pueblo y se convierten en una fuente de energía revolucionaria, y cuando se logra esto, se propone una “nueva moral” conforme a una nueva concepción del mundo.

Para lograr esto, los manipuladores procuran por medios muy diversos que sus oyentes, lectores, seguidores, etc. permanezcan en un nivel cultural bajo, con un léxico burdo y limitado, para que su poder de discernimiento sea mínimo y resulten fácilmente manipulables.

Queda patente que la difusión de ciertos criterios y el fomento de una actitud de indiferencia se reduce a algo práctico que afecta el modo de orientar la existencia, se pierde el sentido de vivir, el para qué vivo. Y, a la inversa, las ideas -prosigue Gramsci- han de ser convertidas en impulsos para un tipo determinado de acción, que está planeado desde un principio, de acuerdo con los intereses de esos “dirigentes”. De ahí otorgan a las personas de esa sociedad una “amplia formación intelectual” que les permita asumir de modo activo las metas sociopolíticas que se les propongan.

Crear una nueva cultura no significa sólo hacer descubrimientos, significa también difundir críticamente verdades ya descubiertas, socializarlas y convertirlas en base de acciones vitales.

Enseñar a las personas a pensar con rigor y complejidad es tarea de primer rango, exige vivir las cuestiones básicas con profundidad y exponerlas de tal modo que otros se adentren en ellas, no con el fin de adquirir poder y dominio sobre los otros, sino para que alcancen su libertad interior.

En la actualidad las redes sociales tienen un papel importante en esta dinámica, son comunidades virtuales globales, que se extienden a lo largo del planeta.

A este respecto, en este momento, cobra especial vigencia esta observación de Gabriel Marcel, (1889-1973, filósofo francés) que dice: «Probablemente, de lo que el mundo actual tiene mayor necesidad es de educadores”, y las redes sociales tienen un lugar prominente, porque son educadores en el terreno de la educación informal en la creación de cultura.

¿Vivimos para confrontarnos, para enfrentarnos… o para qué?

Es urgente evitar que el proceso de educación de la población sea puesto al servicio de los demagogos. Según B. Haering: «La educación es la plaza de mercado al que concurren las diferentes ideologías y aquellos que ponen su esperanza principalmente en manipular a otros». No a encontrarse, que es donde nos hacemos humanos, sino a confrontarse, a enemistarse, a destruirse.  En otro terreno de esta situación, comenta Alfonso López Quintás 1928, España), que la educación de la población, en cualquier parte de nuestro planeta, debe estar con vistas a enseñar a pensar con rigor y vivir de forma creativa.

Alfonso López Quintás
Foto: Asociación Española de Personalismo

El manipulador finge que dialoga para ganarse simpatías, adeptos, votos, pero dirige el diálogo de tal forma que lo desvirtúa a su conveniencia.

Hacer una encuesta significa una forma de diálogo, pero cuando es aprovechada para dar la impresión de que el pueblo es consultado porque se le preguntó algo, a veces de forma amañada, se tiene información falsa. Puede caer en manosear, falsificar, viciar los resultados. Si el encuestador trata de sondear, investigar, averiguar, indagar, otras serían sus preguntas y el análisis de los resultados.

El que da órdenes, promulga leyes y orienta la vida social en virtud del conocimiento de la opinión pública que le facilita los sondeos, parece ejercer la autoridad de modo dialógico. Pero, si tal gobernante o dirigente se cuidó de inocular en el pueblo ciertas ideas y actitudes antes de hacer la encuesta, ha recogido del pueblo las opiniones que él mismo había suscitado de antemano. En tal caso no hubo diálogo, ni voluntad.

No hubo encuentro, diría López Quintás, sólo cuando hay una verdadera relación, no hay choque, hay un entreveramiento de ámbitos de realidad, un mezclar opiniones, puntos de vista, conocimientos, con el que las personas crean formas de unidad con sentido, gracias a la vivencia de valores que transfiguran la vida.

¿En qué momento dejamos de vernos?

Cuando deterioramos nuestra esencia humana, y degradamos nuestros atributos para satisfacer al que impone realidades irreales pero atractivas, nos degradamos a un bajo nivel de conciencia de ver sólo el yo sin asumirnos en el nosotros.

La vida pública se está convirtiendo en el arte de engañar y seducir con argucias, promesas y halagos. El tramposo vive a costa del que respeta las normas.

La ausencia o deterioro de tener una actitud crítica en las acciones diarias y personales es el resultado del deterioro o empobrecimiento de un pensamiento crítico.

Para aprender a usar un sentido crítico en la vida diaria, podríamos considerar mantener un diálogo constante de cuestionamiento sobre lo que pensamos y lo que sentimos… analizar lo que ocurre, los conflictos, las nuevas formas de conocer, los cambios personales y del entorno:

–  aceptando la crítica razonable que se nos hace,

–  escuchando otros puntos de vista,

–  haciendo preguntas relevantes, interesantes y significativas,

–  construir nuevas ideas a partir de las ideas de otros,

–  respetar a los otros y sus derechos,

–  fundamentar las propias opiniones con razones convincentes y válidas y no creer que    porque yo lo digo es verdadero,

–  encontrar ejemplos y contraejemplos, identificando lo que no es o sus debilidades,

–  tratar de descubrir ideas que están adentro de lo que otros dicen y de lo que yo digo,

–  lo que afirmo esté fundamentado con criterios válidos,

–  hacer juicios equilibrados…

Para usar el sentido crítico en nuestros juicios necesitamos conocimientos: cuantos más conceptos aprendo, cuantas más palabras uso, cuantas más bases teóricas integro, más y mejor pienso, en cuanto más ejercito el pensamiento más lo desarrollo, y puedo enfrentar el contraste, el debate, la confrontación y el choque con la realidad y descubrir sus deficiencias, así encuentro a los otros, los que necesito para ser un ser pensante crítico, sin perderme en mi propia ignorancia.  

(*) Psicóloga, pedagoga y terapeuta de pareja.
Correo electrónico: mprodriguezd@yahoo.com.mx

Deja un comentario

REFLEXIÓN DE LA SEMANA

«Aquí se encuentra una de las operaciones más graves de la modernidad: convertir el deseo en identidad. Mientras el deseo permanece como deseo, puede ser examinado, educado, ordenado, purificado, vencido o elevado. Pero cuando el deseo se convierte en identidad, toda corrección parece agresión. Si el hombre dice “esto me ocurre”, todavía puede preguntarse qué hacer con ello. Pero si dice “esto soy”, entonces toda llamada al orden parece una negación de su persona».

Oscar Méndez Oceguera

Jueves 2 de julio de 2026:

Entrevista al investigador del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Isaac Cruz.

Designed with WordPress

Descubre más desde Periodismo Sin Compromisos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Periodismo Sin Compromisos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo