Sus postulados han sido impuestos con todo rigor en Occidente y, por supuesto, en México

Por Jorge Santa Cruz
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial
La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial no solo significó para el país la mutilación territorial, la imposición de indemnizaciones exageradas (que se terminaron de pagar el 3 de octubre de 2010), la revolución comunista auspiciada desde Moscú por Lenin, la indefensión militar y el cerco geopolítico, sino la privación de su orden moral cristiano.
La caída del II Reich derivó —con la complacencia de las potencias vencedoras— en la instauración de la República de Weimar, que estuvo vigente entre 1918 y 1933, año en que Adolfo Hitler subió al poder.
Es un hecho incontrovertibles que la capital alemana, Berlín, fue convertida en la «capital mundial de la liberación». En Berlín surgieron los primeros movimientos por los derechos de los homosexuales, el nudismo y el feminismo.
Yehudit Lev, señala en Enlace Judío que el Berlín de 1918 emerge como la Nueva York de Europa:
EL VIEJO orden esfumado, reina el caos. Berlín, Shangri-La de sexo, Babilonia de los años 20, remplaza a París como centro del hedonismo y Metrópolis del Vicio. Inmoral y amoral se vuelven irrelevantes, anything goes. Es un experimento en permisividad con total abandono. La Alemania de Weimar es preludio a la revolución sexual de los años sesenta.
Lev es prolijo en su relato:
EN LA Alemania de Weimar puedes, por un dólar, contratar a Generales del ejército con sus esposas para espectáculos de sexo público en su sala de estar. Hay clubes como el llamado Alles eine familia, todo en la familia, negocio de una mujer, su esposo y dos hijas con servicio para todo tipo de gustos sexuales. Amas de casa se vuelven prostitutas, adolescentes pasean por las calles nocturnas vendiéndose al mejor postor, los padres se vuelven procuradores. Cientos de miles de niños y niñas participan en el tráfico sexual.
MULTITUDES de niñas prostitutas esperan tras las puertas de los grandes hotele, las estaciones de tren y los restaurantes de Berlín. Quienes las manejan son judíos. Klaus Mann, hijo del celebrado novelista Thomas Mann, en épocas de hiperinflación (1923) visita Berlín y camina cerca de las dominatrices: “Algunas parecían feroces Amazonas, pavoneándose con sus largas botas de cuero verde. Una me susurra al oído, ‘¿Quieres ser mi esclavo? Solo cuesta seis billones y un cigarro.
Weimar fue —como diría Klausewitz— la continuación de la guerra contra Alemania por otros medios. Devolvemos la palabra a Lev:
EL AUTOR judeo-germano Stefan Zweig indica que aún en la Roma antigua – donde catorce de los primeros quince emperadores son homosexuales – no existe tal grado de depravación alcohólica y desvergüenza pública. “Cientos de hombres vestidos como mujeres y cientos de mujeres vestidas como hombres bailan debajo de los benevolentes ojos de la policía. En el colapso de todos los valores se afirmó un tipo de locura.”
SE LIBERAN las restricciones acerca de quién puede hacer que con quien. Es moda ser lesbiana, y también bisexual. Jóvenes amas de casa se ‘convierten.’ Hay para escoger por toda la ciudad 160 diferentes clubes eróticos y salones gay, cada uno con su personalidad desde lo más exquisito, especial y privado hasta lo más vulgar. Cada uno abre puertas que llevan milenios bajo llave. Es momento de experimentación. Se dibujan nuevos trazos en los límites sexuales

Lo transcrito es suficiente para tener una idea aproximada del colapso moral que produjo la República de Weimar en la Alemania cristiana de la primera posguerra.
Los alcances de esta revolución sexual rebasaron con mucho el periodo de vigencia de la República de Weimar (1918-1933) y las fronteras de Alemania. Tenemos el ejemplo de la revolución sexual que estalló en los Estados Unidos en la década de 1960 para expandirse luego a Occidente.
La revolución de Weimar influyó decisivamente en los postulados de la Escuela de Frankfurt, la cual es presentada como «uno de los pilares del pensamiento crítico contemporáneo». Se da por cierto que nació en 1923 con la apertura del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt. Para entonces, la revolución de Weimar apuntaba a su primer lustro.
Los principales exponentes de esta corriente tuvieron ascendencía judía, como Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Leo Löwental, Fiedrich Pollock, Wilhelm Reich y Félix Weil (el mecenas de la Escuela de Frankfurt).
Los teóricos de la Escuela de Frankfurt intentaron explicar la «liberación sexual» con base en los postulados de Carlos Marx y Siegmund Freud (judíos, también). Les interesaba dilucidar si la «libertad sexual» buscaba una emanci8pación real o si era una válvula de escape del capitalismo.
Reich sostenía, por ejemplo, que la represión sexual era la base del fascismo; Fromm y Horkheimes exponían a su vez que la » libertad sexual» de Weimar enfrentaba la obediencia doméstica que tenían los individuos al padre de familia, a la que calificaron de represiva.
La Escuela de Frankfurt se alió al Instituto para la Ciencia Sexual de Berlín, que dirigía otro personaje de ascendencia judía, Magnus Hirschfeld, con el fin de formar un frente intelectual que defendía tres postulados básicos:
- La despenalización de la homosexualidad.
- El acceso a métodos anticonceptivos.
- La educación sexual como una herramienta para crear ciudadanos críticos y no «sujetos reprimidos» que buscaran desahogar su frustración en la violencia política.
La llegada de Adolfo Hitler al poder en 1933 paralizó los trabajos de la Escuela de Frankfurt y propició la salida de Alemania de sus líderes.
Si usted reflexiona un momento, estimado lector, sobre la revolución sexual promovida por la República de Weimar y sistematizada por la Escuela de Frankfurt, caerá en la cuenta de que es la que vertebra a la Nueva Escuela Mexicana, impuesta por Andrés Manuel López Obrador y por Claudia Sheinbaum en México. De esto hablaremos más adelante.
