La historia es la historia; nadie la puede borrar con mentiras

Por el Gral. de División Diplomado de Estado Mayor retirado, Roberto Badillo Martínez
Imagen ilustrativa
Referirse a la Cuarta Transformación desde cualquier punto de vista, es aceptar que hubo en nuestra historia tres anteriores transformaciones:
- La primera transformación: la Independencia de México.
- La segunda transformación: la Guerra de Reforma, encabezada por los
liberales de aquella época, con Benito Juárez al frente, incluyendo la
Intervención Francesa. (Y la intervención estadounidense que fue muy
importante y de la que nadie habla). - La tercera transformación: la Revolución Mexicana, en donde los héroes
oficiales son Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Plutarco
Elías Calles, Álvaro Obregón y Lázaro Cárdenas, entre otros.
I. La trágica primera transformación
A más de cien años de la tercera transformación y a más de doscientos años de la primera transformación, puedo asegurar —en contra de lo que dicen la historia oficial y sus historiadores— que ninguna de las tres transformaron para bien al país. Al contrario: lo hundieron en la anarquía, la despoblación, la muerte y la expulsión del país de millones de mexicanos; en la guerra civil entre hermanos, la pérdida de millones de kilómetros cuadrados de territorio nacional y la pérdida de territorio del mar patrimonial en millones de kilómetros de extensión; y en la paralización económica, financiera, social y cultural de México. Eso lo hicieron las tres transformaciones anteriores a la cuarta. Y eso es irrefutable. Nadie lo puede desmentir.
Es innegable que la instauración, a partir de la primera transformación, de una historia oficial —contada desde entonces por el gobierno y todos los historiadores que han estado a su servicio hasta la fecha— ha deformado totalmente la historia de México. Esta historia oficial ha ocultado, manipulado, escondido, callado, cambiado, transformado, cortado, tergiversado, acomodado y mentido sobre los verdaderos hechos de nuestra historia, desde la Independencia hasta nuestros días. ¿Quiénes han sido y quiénes son hasta ahora los responsables de estos hechos?
No hay duda: la secta secreta de la Masonería que penetró a nuestro país en las maletas de los virreyes, así como había penetrado antes en el reino de España, tanto en su gobierno como en sus fuerzas armadas. La infiltración masónica en España comenzó en 1717, cuando llegó a Gibraltar de manera clandestina, en silencio, en secrecía, ocultándose a las miradas y a los conocimientos de las personas adonde llegaba; y poniéndose de acuerdo en sus tenebrosas tenidas (o reuniones) para influir y apoderarse de las instituciones gubernamentales y culturales de los países. Ya habían conquistado estas sectas masónicas prácticamente a todos los países de la Europa occidental, esencialmente a los que tuvieron una gran relevancia con México en los casi trescientos años de gobierno novohispano. Estaban firmemente establecidos en Inglaterra, de donde son originarias estas sectas satánicas. De ahí habían saltado a Italia, Francia, España, Portugal, Alemania y a otros países de menor importancia. Estas logias masónicas y la masonería en general han respondido —desde hace siglos hasta nuestros días— a otras fuerzas oscuras y secretas.
Las sectas masónicas fueron traídas a nuestro país para influir en los ámbitos de la política, la economía, el gobierno, la cultura, la religión, las relaciones sociales y comunales, cambiando a su modo la historia de México.
A la masonería como secta secreta para apoderarse de los gobiernos (y penetrar completamente a la iglesia católica, desde hace siglos) se le aunó el comunismo internacional de Carlos Marx —quien había expedido el manifiesto comunista en 1848— con la misma ideología y con los mismos objetivos. Estas corrientes anticatólicas y antifamiliares, provocaron durante todo ese siglo, principalmente en Europa, revoluciones, desestabilizaciones, organización de partidos políticos con esas ideologías, crímenes políticos al más alto nivel —como el del zar de Rusia—, atentados a gobernantes prusianos, creación de gobiernos como la Comuna de París, guerras entre los imperios tradicionales de Europa y todo tipo de actividades para evitar la paz y el progreso de los pueblos europeos. Este proceso culminó culminado a principios del siglo XX con la Primera Revolución Rusa en 1904 y la Segunda Revolución Rusa de 1917.
En el siglo XX, un gobierno, el de Estados Unidos, que nació con esencia masónica y anticatólica, participó activamente en la destrucción de la Europa de ese entonces actuando en las dos guerras mundiales y apoyando activamente a los revolucionarios rusos leninistas y estalinistas que establecieron la Unión Soviética, los cuales procedían también de logias masónicas de ideologías comunistas.
Hoy se sabe que la historia universal, principalmente de América y de Europa ha sufrido —por lo menos en los últimos trescientos años— el mismo proceso de ocultamiento, secrecía y tergiversación que la historia de México. Y se sabe también que son los mismos actores masónicos y comunistas los que han llevado a cabo ese proceso junto con los gobiernos
imperialistas de occidente, es decir, Estados Unidos, Inglaterra y Francia esencialmente. (Los tres estados gobernados por la masonería desde hace
siglos).
Es muy comprensible que los miles de historiadores y servidores, a lo largo de más de trecientos años de los gobiernos de todos esos países —más otros que están bajo su órbita, como los de Latinoamérica y los de menor importancia en Europa—, aun conociendo la realidad del pasado, se dediquen a hacer investigaciones y trabajos que no perturben ese orden satánico del pasado. Viven del presupuesto de los gobiernos, viven bien y
no tienen molestias.
Dejo estas generalidades importantes para asumir el reto de estudiar brevemente las tres anteriores transformaciones. Comenzaré con la Independencia.
El virreinato de la Nueva España nació el 8 de marzo de 1535 en Madrid, España, a fin de consolidar, organizar, administrar y expandir los territorios adquiridos en el llamado Imperio Azteca. Fue fundado por los reinos de Castilla y Aragón, ya que en aquel tiempo España no estaba constituida como tal, como un país. Luego, entonces, desde aquella época —la de la Independencia— se ha atacado a los españoles por venir a establecerse en México, sea por ignorancia o sea por la mala fe de los atacantes. No había en aquella época un reino español. Con la llamada Guerra de Independencia se estableció algo pernicioso para la historia de nuestro país, que es el odio ancestral, principalmente contra los españoles y lo mejor que representan.
Atacarlos es atacar su catolicidad, su unión familiar, sus costumbres —que llevan a la unión de las familias y de los pueblos—; su lazo histórico indisoluble con el mundo romano y lo que representa en idioma cultura y principios humanos y familiares. Ese odio ancestral, sin duda, fue promovido por la masonería que inició y llevó a cabo la Independencia de México, apoyada, desde luego, por otras masonerías reinantes en el mundo como son la estadounidense y la inglesa. (Este proceso independentista fue el mismo en toda Latinoamérica).
Las matazones de españoles llevadas a cabo de la manera más infame ocurrieron en el centro de México, donde se encontraban las ciudades más desarrolladas del virreinato; pero también en Sudamérica, como en la ciudad de Caracas, hoy Venezuela. Sin duda, en todas, la masonería tuvo un papel esencial.
La expulsión de más de cinco mil jesuitas del territorio de la Nueva España —que habían traído orden, organización, diversidad de animales y frutas, costumbres, formas de vida, enseñanzas y progreso para los pueblos indígenas, en 1767— también tuvo antecedente masónico desde la Península Ibérica, ya que el reino de España estaba completamente penetrado por la masonería desde 50 años antes, cuando las logias masónicas inglesas llegaron por el Peñón de Gibraltar, territorio español capturado por los ingleses, igual que las islas Malvinas e igual que el territorio de Belice. Entre los jesuitas expusados estaba el eminente veracruzano Francisco Javier Clavijero, cumbre del intelecto del virreinato de la Nueva España, que llegó como catedrático a la Universidad de Bolonia, hoy Italia, donde sus exposiciones magistrales fueron seguidas por la intelectualidad europea de la época.

Imagen: Especial
Francisco Javier Clavijero, fue el primero en referirse a los habitantes del virreinato de la Nueva España, con el nombre de MEXICANOS. Antes de ello, había criollos, indígenas, españoles, peninsulares y toda la gama de nombres que se conocen a partir de las mezclas de indígenas y personas de raza negra de las diferentes regiones con los europeos.
Los restos de este insigne mexicano, UNO DE LOS ESENCIALES CREADORES DE LA IDENTIDAD NACIONAL Y DE LA MEXICANIDAD, fueron repatriados desde Bolonia, Italia, a México por el presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, en el año de 1970. Llegaron en el mes de agosto de ese año. Era Capitán de Estado Mayor del Ejército Mexicano y prestaba mis servicios en la 26/a. Zona Militar, con sede en La Boticaria, Veracruz.
El Comandante de la 26/a. Zona Militar era el General de División MODESTO ADOLFO GUINART LÓPEZ, quien había sido anteriormente Subsecretario de la Defensa Nacional. La Zona Militar participó en la ceremonia de recepción de los restos del historiador veracruzano. Participé acompañando al General GUINART LÓPEZ, en los diversos actos del Puerto de Veracruz. Posteriormente, las mismas tropas acompañaron su traslado a Xalapa, Veracruz, donde fueron homenajeados por la Universidad Veracruzana y el Congreso del Estado, si mal no recuerdo. También tengo en la memoria que fueron homenajeados en la ciudad de Puebla. Y, desde luego, en la ciudad de México, en el Museo Nacional de Antropología, que apenas tenía unos seis años de haber sido inaugurado por el Licenciado Adolfo López Mateos en su carácter de Presidente de la República. Finalmente llegaron a la rotonda de las personas ilustres de la Ciudad de México, en donde —desde luego— se encuentran muchos que no deben estar y no están otros que si lo merecen. Es la historia, como lo vengo, diciendo, escrita por masones y comunistas desde la independencia de México hasta nuestros días. Este insigne personaje, que debe ser considerado como uno de los GRANDES CREADORES DE LA NACIÓN MEXICANA, demuestra en su vida, con su expulsión hacia Europa, obligado por la secta masónica —desde su país, al que tanto amó y sirvió con obras que han sido reconocidas universalmente—, que el odio ancestral (desarrollado en nuestro país por las sectas masónicas desde la Independencia y por el comunismo internacional, desde la edición del manifiesto comunista de Carlos Marx) ha sido el gran divisor y promotor de las rencillas entre mexicanos, como así conviene a los gobiernos imperiales de Europa y América. Francisco Javier Clavijero, expulsado por la masonería del virreinato de la Nueva España, tuvo que esperar 203 años para regresar a su país. Su grandeza intelectual y su amor por México, lo devolvieron a nuestra patria.
Estos temas, algunos de los historiadores oficialistas, seguramente los han conocido; pero por estar pegados a algún presupuesto oficial, los han escondido.
Ese odio ancestral contra españoles o contra cualquier otro pueblo no existía en el virreinato de la Nueva España. Se había extinguido en casi trescientos años. Fue renacido por Hidalgo y sus huestes independentistas. Con seguridad, a instancias de los masones que se encontraban al frente de los ejércitos de la Independencia y en todo el sistema político mexicano de la época. Fue renacido con las matanzas y degollamientos de españoles en
las ciudades del centro de la república, así como en Guadalajara, entre otros puntos.
El virreinato de la Nueva España, estudiado sin las mentiras y extravagancias masónicas y comunistas, era un remanso de paz y progreso en toda América. Era una potencia mundial, más que el mismo reino católico de España. Era un formidable estado que incluía partes de Sudamérica, Centro América (incluídos Belice, el Caribe —Cuba, República Dominicana y Puerto Rico—) y de América del Norte (el actual territorio de México, los territorios que nos arrebataron los masones estadounidenses en la guerra de 1847 y Texas; un puerto en Vancouver, hoy Canadá, y la península de Valdés en Alaska, con dos puertos y ciudades novohispanos en esa península: Córdobay Valdés).
Pero no solo eso. Además, el espléndido virreinato de la Nueva España administraba territorios en el Pacífico occidental, como la ahora República de Filipinas, que cuenta en la actualidad con más de ciento diez millones de habitantes y cinco mil setecientas islas; también las llamadas Islas Marianas, denominadas así por los españoles, por la Virgen María. Llegó a su máxima extensión entre 1626 y 1642, cuando incluyó a la isla de Taiwán, territorio denominado ahora República de China, disputado por la República Popular de China.

Mapa: Eddo, vía Wikipedia
Para conocer la grandeza e integridad de ese territorio en Asia, los mexicanos que vacacionen en el Puerto de Acapulco deben dedicar una mañana, junto con sus familias, a
visitar el museo que se encuentra en el Fuerte San Diego. En ese museo el mexicano, debe conocer la grandeza del virreinato de la Nueva España y la integración mediante el comercio con esas reciones asiáticas y la administración que hacía de ellas. Fue la segunda gran globalización en la historia de Europa y América. Esto no aparece en la historia de México. Se ha ocultado desde la Independencia hasta nuestros días.
LA CREACIÓN DE ESE MUSEO ES UN VERDADERO MILAGRO DE LA MEXICANIDAD Y DE LA IDENTIDAD NACIONAL. (Es muy fácil recrear en nuestros días el mapa total y absoluto de la grandeza del virreinato de la Nueva España. Más de cinco millones de kilómetros cuadrados lo conformaban). Pero el museo no tiene propaganda para ser visitado.
Desde luego que todo ese inmenso territorio de más de cinco millones de kilómetros cuadrados que estoy describiendo fue ocupado y administrado por el virreinato de la Nueva España y no por el llamado imperio azteca, que se reducía a no más de doscientos mil kilómetros cuadrados, principalmente en el Valle de México y en sus territorios cercanos e incluía pueblos principalmente tributarios de las costas de lo que ahora es el Golfo de México.
Incluso después de perder más de tres millones de kilómetros cuadrados, la nación mexicana de hoy, cuenta territorialmente con casi dos millones de kilómetros cuadrados, desde la península de Baja California hasta la de Yucatán, herencia sin duda, del virreinato de la Nueva España.
El odio ancestral renacido en la Independencia, desde luego que continuó ya en el gobierno de México, pues el único político de aquella época que se oponía a la desunión y pendencia entre los mexicanos de todo el virreinato de la Nueva España, era Agustín de Iturbide, emperador por un tiempo muy pequeño del llamado primer imperio mexicano o imperio de Iturbide; pero este político fue asesinado vilmente y sin juicio por los masones que gobernaban ya en el país de México.
Siguió con la ley de expulsión de españoles del 20 de diciembre de 1827, que en veintiún artículos, demuestra el odio ancestral que los masones promovidos por Estados Unidos e Inglaterra ya se había arraigado rotundamente en México.
Es muy conveniente que los mexicanos de ahora lean esta ley de expulsión de 1827 para darse cuenta de la forma en que la masonería y el comunismo internacional dividen a los pueblos para que el capitalismo y el comunismo se apropien de sus recursos e instituciones.
El sistema es el mismo hasta nuestros días. Es el mismo porque ahora son los descendientes de los promotores de hace doscientos años los que los mantienen; solo van cambiando y adaptando acciones y posiciones de acuerdo a la época. Con las políticas anteriores, el imperio inglés pudo hacer las leyes a su modo, para llevarse, no un quinto real como el reino de España, respecto de los minerales en México, sino todo lo que extraían de las minas mexicanas. Esto es histórico no son invenciones ni mentiras.
En más de doscientos años de independencia, ese odio ancestral ha sido inculcado principalmente en los pueblos originarios de nuestro país desde los gobiernos masónicos y comunistas obedeciendo consignas de logias, de gobiernos principalmente estadounidenses. Eso ha mantenido latente la lucha de clases en nuestro país, que es uno de los principios del comunismo de Carlos Marx.
Los masones y comunistas que han llevado a cabo esa tarea hasta nuestros días son solamente “idiotas útiles”, como dijo el masón comunista Lenin, pues sirven al comunismo internacional luchando supuestamente contra el capitalismo o contra cualquier régimen que no sea comunista. No se dan cuenta porque son comunistas de universidad, primitivos, que tanto el capitalismo como el comunismo fueron impulsados y establecidos por sectas masónicas comunistas, que son controladas por los imperios mundiales de Estados Unidos, Inglaterra y Francia.
El odio ancestral en México promovido por masones y comunistas se ha centrado en la iglesia católica y en todas sus enseñanzas, las cuales buscan unir a las familias y al pueblo de México. Y los dos representantes más importantesde la iglesia católica son Jesucristo y la Virgen María. Contra ellos se han dirigido muchos de los actos en contra de la Iglesia de nuestro país.
México es el único país en el mundo en donde hubo una presencia de la imagen de la Virgen María en una tilma de un indio llamado Juan Diego. Presencialmente, en ningún país ha sucedido lo anterior. Ha habido muchas apariciones en varias partes del mundo. Y esto es algo inexplicable.
No voy a entrar a la discusión de por qué sucedió en nuestro país. Al respecto los
discursos a favor y en contra son muy amplios. En otras partes del mundo ha habido las llamadas “apariciones” de la Virgen; pero en México, su presencia en un manto, que ya va a cumplir los quinientos años en 2031, no tiene precedentes, máxime cuando la vida física, de ese manto, es a lo sumo de 50 años, según los especialistas.
Hay muchas cuestiones científicamente inexplicables en la aparición en ese manto, de la Virgen María. Incluso la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA) ha intervenido y no ha encontrado explicaciones para muchos aspectos que se encuentran en la tilma de Juan Diego.
Recordemos también los dos atentados que ha sufrido la imagen de la Virgen María estampada en el manto de Juan Diego, en la historia de nuestro país, llevados a cabo por comunistas y masones.
Un resultado de ellos se encuentra en la entrada principal de la Nueva Basílica de Guadalupe. Sin duda, en ambos participaron comunistas, masones e incluso el mismo gobierno pudo hacerlo. Como siempre, nunca se supo la información completa de las investigaciones.
Por lo que se refiere a la figura de Jesucristo, como se sabe en la llamada guerra cristera desatada por el presidente masón y comunista Plutarco Elías Calles (en la que Generales revolucionarios asesinaron a más de ochenta mil personas católicas), el pueblo en armas se alzó bajo el lema: “¡Viva Cristo Rey!”. Y durante tres años, se plantaron frente a la agresión gubernamental del presidente Calles cuyo ejército, con seguridad, no estaba ganando la
contienda al pueblo cristero; por ello, Calles y su goobierno buscaron la negociación. Se cometieron actos de odio ancestral masónicos y comunistas, incluso contra niños que fueron fusilados por no abjurar por su religión. La historia es la historia, nadie la puede borrar con mentiras.
Para demostrar que ese odio ancestral había desaparecido en el virreinato de la Nueva España, transcribo palabras del súbdito británico Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, relacionadas con el trato que España había dado desde su llegada a México a los pueblos indígenas de nuestro país. Estas palabras son contundentes, definitivas, aplastantes, para terminar con la discusión de ese trato de españoles hacia los pueblos indígenas, pero han sido ocultadas por los historiadores y por los gobiernos masones que hemos tenido; eso pasa en todo el continente americano.
Erasmus Darwin, súbdito inglés dijo:
En mis viajes por el inabarcable imperio español he quedado admirado de
cómo los españoles tratan a los indios, como a semejantes, incluso
formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades,
he conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares, lo que redunda
en la paz social, bienestar y felicidad general que ya quisiéramos para
nosotros en los territorios que, con tanto esfuerzo, les vamos arrebatando.Sus señorías deberían considerar la política de despoblación y exterminio
ya que a todas luces la fe y la inteligencia española están construyendo, no
como nosotros un imperio de muerte, sino una sociedad civilizada. España
es la sabia Grecia, la imperial Roma, Inglaterra el corsario turco.

Imagen: Poetry Foundation
Subrayo de los dos párrafos anteriores lo siguiente:
1. «… he quedado admirado de cómo los españoles tratan a los indios, como a semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades».
(Aquí recuerdo que Francisco Javier Clavijero, nuestro gran sabio indigenista, impartió cátedra en diversos colegios para indígenas, en los cuales incluso el náhuatl era una lengua que se enseñaba a los alumnos de esos colegios).
Comentario:
Por eso el mestizaje de nuestro país, llega casi al 70% de la población, porque los mismos españoles lo propiciaron. (Incluso la reina Isabel II lo promovió desde España).
2. «… he conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares».
Comentario:
Desde el establecimiento del reino de la Nueva España, los indígenas formaron parte del gobierno español, de acuerdo a sus conocimientos.
3. «Sus señorías deberían considerar la política de despoblación y exterminio».
Comentario:
Esto debería ser atendido por todos aquellos idiotas útiles de la historia mexicana, que nos han enseñado que el imperio masón estadounidense se hizo rico no por sus conquistas y depredaciones y sus guerras por todo el mundo, sino porque era una sociedad puritana,
educada y trabajadora. Aludiendo además, a que el catolicismo hacía sumisos a sus pueblos.
4. «… la fe y la inteligencia española están construyendo, no como nosotros un imperio de muerte, sino una sociedad civilizada».
Comentario:
Quiero rendir un pequeño tributo al señor Erasmus Darwin, inglés, por estas palabras que solo dicen la verdad respecto a nuestro pasado. Esto me lleva a reconocer que el pueblo inglés en su conjunto, después de todo, ha sido también víctima de sus gobernantes masones, aunque desde luego ha aprovechado los beneficios que el imperio de muerte inglés les ha otorgado.
5. Finaliza el Dr. Erasmus: «España es la sabia Grecia, la imperial Roma.
Inglaterra el corsario turco».
Comentario:
Esto desde luego no se enseña en las escuelas y universidades de México y América Latina. Y tampoco en las de Inglaterra y Estados Unidos. (El monumento a Winston Churchill Jacobson, que se encuentra en la demarcación de Polanco en la ciudad de México, debería ser dedicado a este ilustre súbdito británico Erasmus Darwin.
Muchos otros hechos de nuestra historia se han ocultado en nuestra lamentable historia oficial mexicana. Entre ellos el testamento de la Reina Isabel la Católica, del cual hablaremos en la siguiente entrega. ●




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