AMLO apoya sin condiciones a AMLO

Y añora los tiempos en que Donald Trump descartaba atacar al narcoterror

Por Jorge Santa Cruz

Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial

Punto fino

El análisis de la carta que publicó el expresidente Andrés Manuel López Obrador el pasado 3 de junio lo exhibe como lo que es: un político que se siente dios y pueblo; el referente de todo y de todos… menos del actual gobierno de los Estados Unidos.

Tituló el documento “Mi apoyo sin condiciones a la presidenta Claudia Sheinbaum y una respetuosa reflexión sobre el presidente Donald Trump”. Lo paradójico es que en ninguno de sus párrafos plasmó su “apoyo sin condiciones” a Sheinbaum, a quien elogia solo en un par de ocasiones (en los párrafos 1 y 7).

El grueso de la argumentación versa sobre la valoración que hace López Obrador del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El macuspano sabe que está en la mira del Departamento de Justicia y de la DEA por sus presuntos vínculos con el narcoterror.

AMLO asegura que los embates del gobierno de los Estados Unidos contra el de México son políticos y electorales; que no obedecen, en realidad, a un interés genuino de resolver el “grave problema” del consumo de drogas.

Enseguida, expone que “algunos funcionarios de Estados Unidos [a los que no identifica] están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México”. ¿Por qué?, ¿con qué propósito? Leamos:

… fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas.

López Obrador destinó 41 renglones a exaltar la figura de Donald Trump, siempre desde su medida, y porque sabe que su futuro depende del actual inquilino de la Casa Blanca.

Al final del párrafo 4, López Obrador consigna lo siguiente:

Más aun (sic), en una ocasión me consultó si era conveniente calificar a los narcotraficantes de terroristas; le dije que no debía cometerse ese garrafal error y al día siguiente dio a conocer que había tomado en cuenta mi opinión y que no firmaría ningún ordenamiento legal en ese sentido. Tengo presente que le advertí lo que ocurriría y que, ahora, luego de que lo hicieron cambiar de parecer, lamentablemente está sucediendo, no sólo en México, sino también en otras partes del mundo: que con el simple señalamiento de narcoterrorista o de representar una supuesta amenaza para la seguridad de Estados Unidos, se cuenta con licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial a cualquier persona sin pruebas, juicio o sentencia alguna. Es como la “ley fuga” o el “mátalos en caliente”, la más abominable violación a los derechos humanos.

Resulta más que evidente que el expresidente López Obrador sabe que peligra. Si lo hicieron con Maduro, lo pueden hacer con cualquiera. Está más que claro que la actual doctrina de seguridad nacional de Donald Trump es absolutamente contraria a los “abrazos, no balazos” de López Obrador.

En el penúltimo párrafo de su carta, AMLO atribuye la responsabilidad del “sorprendente cambio” de Trump a “sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras”. El tabasqueño tira otra vez la piedra, pero ─como es su costumbre─ evita dar nombres:

Por lo mismo, no descarto –y deseo– que el presidente Trump rectifique; ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados.

Es entendible, por lo demás, que califique las actuales aventuras de Trump de “viles” y “siniestras” porque infiere que él y su círculo cercano están en la mira de la justicia de los Estados Unidos.

A él le preocupa que el gobierno de Trump  pueda “secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial a cualquier persona sin pruebas, juicio o sentencia alguna”; en cambio, le tiene sin cuidado que los grupos criminales que operan en suelo mexicano secuestren, maten, torturen, tengan campos de exterminio, oculten los restos de sus víctimas en fosas clandes, financien campañas políticas y pacten con funcionarios púbicos de todas las jerarquías. De eso, ni una palabra.

La convocatoria de Claudia Sheinbaum a que las huestes morenistas salgan a las plazas públicas a denunciar el “intervencionismo” de Estados Unidos y a preparar la defensa de la patria (o sea, de Andrés Manuel López Obrador) obedece a todo lo expuesto hasta aquí.

Los cálculos del peje son similares a los que hizo Maduro y ya vimos lo quem le paso. AMLO podrá llenar las plazas de acarreados y tener el apoyo de los grupos criminales. El tema es que Trump tiene a su disposición infinidad de recursos comerciales, económicos, financieros y militares. Con prohibir la venta de maíz, de gas o de gasolina provocaría el colapso de México en menos de una semana. Esto, sin contar que Trump es el comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo.

Desde esa perspectiva, su conclusión no podía ser otra: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”. AMLO está convencido de que representa a la totalidad.

Se anticipan sucesos muy interesantes.

Punto final

Según la Presidencia de la República, el tema de las visas de los Estados Unidos es secundario; sin embargo, el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, enseñó hoy en la suya. Él, y el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, estarían bajo investigación en el vecino país del norte, según el diario Los Angeles Times. Los dos han desmentido al periódico angelino y Durazo, incluso, se aventó la puntada de afirmar que «suda agua bendita». ¿Será?

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