Necesito información válida para ejercer mi libertad y tomar decisiones
según mis convicciones, con autonomía y autodeterminación

Por María del Pilar Rodríguez y Díaz (*)
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial
Sociedades enmarcadas en el autoritarismo y el desgobierno, tienden a, de lo que empieza a existir, formar una aparente unión para que estas partes hagan un “cuerpo” y, estas partes, un todo. Hacen un todo de ciudadanos dóciles y fáciles de manipular, reprimiendo lo que puede provocar conciencia de lo que sucede, evitando o minimizando se dé cuenta de lo que sabe y tiene para actuar, formando masa sin espíritu crítico.
Estos regímenes pretenden “instruir” no educar, implantando sin convencer, orientando las acciones de los alumnos, en forma tal, que no se fomente el discernimiento, el entusiasmo por la creatividad, el realizar tareas relevantes, y, conteniendo, frenando, o moderando el análisis crítico de la información y de los acontecimientos.
Se establecen sistemas políticos y económicos que dominan las propuestas educativas, legales, y, en general culturales, en versiones de autocracia, dictadura, totalitarismos, oligarquías con la represión de planteamientos opuestos y la ausencia de libertades humanas.

Rostro con mirada inteligente. Manifiesta conciencia, estudia lo que viene, prepara su acción con lo que sabe y tiene… PIENSA.
Imagen generada con inteligencia artificial.
Y aquí inicia una decisión: puedo, porque soy libre, actuar según mi propia voluntad teniendo la posibilidad de tomar decisiones sin estar determinado por circunstancias externas.
Necesito información válida para ejercer mi libertad y tomar decisiones según mis convicciones, con autonomía y autodeterminación, con ausencia de imposiciones externas, responsabilidad personal y respeto a los otros, con oposición a la coacción, asumiendo que la libertad es un derecho fundamental que forma la base de la dignidad humana.
Mucho de nuestro pensar, es arbitrario, distorsionado, parcializado, desinformado o prejuiciado, esto es pensar mal. El pensamiento mediocre, mal informado cuesta tanto en dinero, como en felicidad, logros personales y en calidad de vida.
El pensamiento involucra operaciones racionales como la deducción, inducción, análisis, pensamiento que trabaja con la síntesis, comparación, generalización, pensamiento creativo, analógico y silogístico, que aparecen en el pensamiento crítico, estos últimos del más alto nivel.
Pensar bien es pensar de manera inteligente, lógica, crítica, creativa y sistemática. Para pensar bien necesitamos conocimientos; el mejor combustible para el desarrollo del pensamiento son los propios conocimientos: cuantos más conceptos se aprenden, cuantas más palabras se usan, cuantas más bases teóricas se integran, más y mejor se piensa.
El pensamiento como proceso, cuanto más se ejercita más se desarrolla, y puede enfrentar el contraste, el debate, la confrontación y en el choque con la realidad descubrir sus deficiencias. Cuando no se usa se desmotiva, pierde concentración, agilidad de asociaciones, de conexiones, de capacidad de problematizar, de imaginar hipótesis, de crear provocaciones intelectuales, de admitir errores…
No está todo el conocimiento en los libros, los noticieros televisivos, los periódicos, los discursos y revistas, ni lo que contienen es absolutamente cierto, el conocimiento está constantemente inacabado, con el dinamismo propio de ser revisado, analizado, confrontado, con la posibilidad de acceder a nuevos paradigmas.

Para mantener un diálogo constante de cuestionamiento sobre lo que pensamos y sentimos podemos analizar las realidades, los conflictos, nuevas formas de conocer, los cambios personales y del entorno, aceptando la crítica razonable, escuchar puntos de vista, hacer preguntas relevantes, construir a partir de las ideas de otros, fundamentar mis opiniones con razones convincentes, dar ejemplos y contraejemplos, tratar de descubrir presuposiciones subyacentes, hacer juicios evaluativos equilibrados… así de claro.
Se necesita en este proceso pensar con sentido crítico, que es poner la mente en tensión para ver más allá de lo inmediato, de lo que está a la vista, considerar varios aspectos de la realidad al mismo tiempo y poner de relieve su sentido. Alertándose del conocimiento superficial poco riguroso, unidimensional, que trabaja a nivel de las apariencias, de lo inmediato, sin penetrar en cada objeto, suceso, fenómeno y captar su sentido profundo.
La falta de rigor al pensar tiene que ver con el pensamiento egocéntrico: al no considerar los puntos de vista y necesidades de los demás, ni apreciar las limitaciones del propio punto de vista, no reconocer la forma en la que interpretamos los datos, las fuentes de los conceptos e ideas, ni las implicaciones del propio pensamiento. No solemos reconocer nuestra perspectiva egoísta. ●
(*) Psicóloga, pedagoga y terapeuta de pareja. Correo electrónico: mprodriguezd@yahoo.com.mx




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