La influencia social es un proceso de todo grupo humano, es parte de su esencia para funcionar. En los grupos humanos la manipulación desborda la influencia cuando estimula efectos en la conciencia individual y colectiva de acuerdo con intereses personales y de grupos controlando la información, normalizando la injusticia y el miedo, y creando enemigos comunes con desinformación para inducir una respuesta específica

Por María del Pilar Rodríguez y Díaz (*)
Imagen ilustrativa: Especial
La manipulación es un proceso lingüístico, psicológico y social y se construye en la interrelación humana. Es manejar o influenciar hábilmente a otros de manera injusta, ilícita, parcial, a veces con connotaciones de astucia o engaño para obtener resultados deseados.
Se identifica que la manipulación es una forma de interacción ilegítima. Lo que no sucede con la persuasión, donde los interlocutores son libres de creer o actuar como les guste, según si aceptan o no los argumentos de quien persuade. En la manipulación a los receptores se les asigna un papel más pasivo: son víctimas de la manipulación.
Manipular reside en “intervenir con medios hábiles y, a veces arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares”. (Real Academia Española, RAE, 2014).
El análisis de la manipulación requiere un conocimiento de la mente humana:

- atiende a una meta, un objetivo, un interés del manipulador,
- es un fenómeno social que involucra la interacción y el abuso de poder entre grupos y actores sociales,
- es un fenómeno cognitivo que implica la manipulación de las mentes de los participantes,
- se ejerce mediante la palabra oral o escrita y los mensajes visuales.
Resalta en esta descripción el carácter oculto de la manipulación y la intención de manipular.
Y es importante el proceso cognitivo de interpretación del oyente, del público, o del votante… en que interpreta en un contexto reducido los mensajes parcializados o falsos.
En este proceso hay que resaltar el peligro de los argumentos, o las explicaciones que expone el manipulador, pues una aseveración puede ser correcta, pero sus razones o fundamentos pueden ser falsas.
Tenemos actualmente el peligro de las “palabras talismán” y su poder fascinante. “En cada época existen vocablos que, por méritos propios y determinadas circunstancias, se cargan de un prestigio tal que se evaden a toda revisión crítica pues parecen condensar en sí todos los bienes”. (Alfonso López Quintás, filósofo, profesor universitario, teólogo).

En la actualidad está de moda, hay una tendencia en el uso de palabras talismán como: soberanía, libertad, el pasado, corrupción, el pueblo, humanismo, etc.
Los mensajes con palabras talismán encierran, frecuentemente, una falacia, es decir, un engaño para persuadir o manipular emocional o psicológicamente al oyente, el lector, el votante en las elecciones, el comprador, etc. Las más comunes son las falacias informales donde el error se encuentra en el contenido del argumento, es decir, en la razón que aparentemente la sostiene.
Son propuestas, declaraciones, opiniones, promesas, recomendaciones, presentadas en medios de información, campañas políticas, plan de ventas, tácticas de mercado, métodos de comercialización, plan de acción de marketing, campañas de adoctrinamiento político, en los reportajes deportivos, las reseñas cinematográficas, los discursos políticos, los noticiarios, las propuestas económicas, los contratos de venta y arrendamiento, etc.
Reconocer las falacias es fundamental para argumentar correctamente, evitar manipulaciones y fortalecer el pensamiento crítico. Su uso afecta la comunicación, la toma de decisiones, la confianza en instituciones, gobiernos, autoridades, etc.
Las falacias están en los medios de comunicación: en los reportajes deportivos, las reseñas cinematográficas, los discursos políticos, los noticiarios, las propuestas económicas, etc.
Analizaremos algunas falacias: como la del francotirador: que parte de la descripción de un francotirador que disparó varias veces contra una pared y posteriormente dibujó una diana de tiro en cada impacto para aparentar que había dado siempre en el blanco.
Se usa cuando se modifica, adecúa o manipula la apariencia o información de algo para disimular su verdadera naturaleza, para producir un sentido a posteriori, y que parezca que todo es producto de una conclusión lógica, hallando efectos o resultados donde no los hay.
Otra falacia muy usada es la denominada “contra el hombre”: en lugar de combatir las ideas del argumento, se combate y desacredita a la persona, consiste en desvirtuar al rival para así desvirtuar sus ideas o acciones.
La falacia de la generalización apresurada consiste en una extrapolación o generalización no sostenida, sin datos, basada en supuestos, conjeturas, planteamientos, de modo arbitrario, sin tener pruebas suficientes. Generalmente, estas generalizaciones conducen a conclusiones erróneas.
Recordemos que el argumento es el que le da validez al razonamiento. Consiste en presentar o alegar pruebas, razones a favor o en contra de alguien o algo.
La argumentación puede encontrarse en: citas textuales de un libro o publicación, en las referencias a una autoridad en el área, en ejemplos e ilustraciones, en las abstracciones, generalizaciones y enumeraciones, en paráfrasis y reformulaciones, en las descripciones y relatos.
El que es manipulado duda de su percepción y memoria, pierde autonomía, tiene sensación de impotencia, baja autoestima, problemas de ansiedad, carece de razones para una decisión o solución de problemas, oculta datos para mantener el control, tiene sensación de vulnerabilidad que no le permite defender o refutar otras propuestas, confusión y duda sobre la realidad…
Como fuerza estructural para validar un argumento está el Pensamiento crítico, que permite evaluar la información de manera crítica, cuestionando las afirmaciones de los argumentos y buscando evidencia sólida para respaldarlas y en su caso detectar los planteamientos manipuladores confusos y falsos.
Al basar nuestras decisiones en hechos y argumentos sólidos, podemos tomar decisiones más racionales y responsables, resolviendo estas interrogantes:

Imagen: Especial
- ¿Hay evidencia objetiva que respalde la afirmación? ¿Se pueden verificar los datos o las fuentes? Busca evidencias.
- Identifica las palabras clave: las palabras como creo, pienso que, me parece, debería, es mejor… suelen indicar una opinión no un argumento.
- Analiza la lógica: ¿Los argumentos son coherentes y lógicos? ¿Se basan en proposiciones válidas y evidencia sólida?
- Considera la fuente: ¿Es la fuente confiable y objetiva? ¿Tiene algún sesgo o interés especial que pueda influir en la información? ●
(*) Psicóloga, pedagoga y terapeuta de pareja.
Correo electrónico: mprodriguezd@yahoo.com.mx




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